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Cuento

Dibujo de Fabienne Simon
Dibujo de Fabienne Simon

"Hojas al viento"

Siempre había luchado contra las supersticiones. No quería imponer a mis acciones el comportamiento que tal sentimiento me susurraba. Pero mientras barría las hojas secas del patio sentí en el corazón punzadas frías. No pude impedirme de pensar en lo que decía la abuela: barrer hojas secas anunciaba una partida sin retorno. Eusebio se iría. Busqué racionalizar mis sentimientos. En realidad experimentaba esa sensación desde hacía algún tiempo. Era la incongruencia en el comportamiento de quien compartía mi vida que había, sin duda, provocado en mi, tal presentimiento.

Me convencí de que era el momento de dar un giro a mi existencia. Sentía haber sido un cero a la izquierda por mucho tiempo y no hacer nada me haría sentir extremadamente necia. Seguí barriendo sin temor a que se cumplieran los designios del destino. De cualquier forma, me invadió una profunda tristeza y la brisa que soplaba con fuerza llevaba en su rastro hojas amarillas con una sonrisa metálica ajenas a cualquier reclamo. Todo se formó en mi fuero interno, silencioso y callado. Acepté conceder a Eusebio la libertad plena. Ante mí, se abrió entonces un vasto y nuevo sendero que podía ser largo y lleno de escollos. Sentí miedo. Pero me reconfortó pensar que las desnivelaciones de terreno serían quizás menos y mi paso sería más firme al detenerme por razones que solo fueran mías.


Antes de dejarlo ir, observé a Eusebio. Tenía los rasgos de una presencia ausente, sus gestos mostraban otro colorido y su comportamiento traslucía un compás extraño que no le conocía. No esperé a que le cogieran los nazarenos; sin resquemores ni apretones de mano, hubo solo un despedirse que recordaba la desolación del desierto. Por un momento se me ocurrió repasar en mi mente episodios pasados pero me aparecieron en el manto del tiempo, como sonrisas carcomidas en boca de un solo diente. Titubeé todavía viéndome de nuevo caminar a su lado. Sin embargo se trató solo de un celaje que desapareció sin ni siquiera esbozarse. Antes, sin duda, hubiera sido necesario desbarrer las hojas que volaron con el viento.

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