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Inés Tolentino , junto a su madre Marianne de Tolentino.
Inés Tolentino , junto a su madre Marianne de Tolentino. (Foto: Fuente externa)

Marianne de Tolentino, un ejemplo de amor que inspira

Por Redacción Diario Hispaniola
miércoles 30 de mayo de 2018, 00:50h
El mayor reconocimiento de una madre es sin duda la valoración de sus hijos, y doña Marianne de Tolentino, una decana de la crítica de arte en nuestro país, goza enormemente de ese privilegio.

Santo Domingo.- De origen francés, aunque nacida en España, la vida de Marianne de Tolentino ha estado ligada al arte y la cultura desde su infancia. Ya que su padre era arquitecto, y su madre era artista, pintora, y una de las más reconocidas ilustradoras de libros para niños en Francia, y de quien incluso 20 años después de su muerte, existe una asociación en su memoria. El abuelo de esta crítico de arte fue igualmente pintor y decorador de teatro.


Y, al parecer, esa pasión por las artes, es un factor genético, ya que su hija Patricia se recibió de arquitectura, y su otra hija Inés, es una pintora conocida. Inclusive, tiene una nieta que estudia arquitectura.


Marianne de Tolentino vino al país muy joven, cuando se enamoró se Mario Tolentino Dipp, quien estaba en Francia –donde se conocieron – haciendo un potsgrado. Ella apenas iniciaba la universidad. Aunque duraron dos años separados, debido a que él tuvo que regresar a República Dominicana, ella le escribía todos los días, incluso dos veces al día, lo que considera “una prueba de amor de ambas partes”.


Patricia considera a su madre “su amiga de toda la vida, el modelo de madre que desearía cualquier hijo”. Cuenta que ella y su hermana, Inés, se han convertido en su foco principal.


“No había cosa más importante para ella que su familia. Ningún viaje hasta que éramos grandes, se hacía sin nosotras. Mi madre quería ver en Inés y yo florecer las más hermosas flores, ya sea en nuestra alma, mente, y cuerpo”, cuenta Patricia.


Marianne de Tolentino, quien actualmente dirige la Galería Nacional de Bellas Artes, nunca descansó ni renunció a la educación de sus hijas, a su amor, y al cuidado hacia los demás.


“Ella nos alentaba a ser mejor, lo que no siempre yo correspondía porque eso exigía esfuerzo. Me recuerdo como ayer, que a través de su cocina exquisita, ella nos nutría de su amor incondicional, un amor fuerte y absoluto”, recuerda Patricia, quien señala que después del fallecimiento de su padre, el aparente esfuerzo de su madre, la hizo convertirse en el “jefe” de la familia, en la que logró convertirse en el norte y lucero.


“Ella no deja de sorprendernos con su dedicación, apoyo, generosidad, y continua preocupación en vernos a mi hermana y a mí felices y realizadas, como si fuéramos unas adolescentes”, dice.


“Su tenacidad, su optimismo, su calma y su serenidad ante la adversidad y los cambios, me inspiran como el ejemplo a seguir –cuenta Patricia –. Su amor por sus hijas, y sus nietos, Clara, Luisa y Max, no tiene fronteras, ni exigencias”. En pocas palabras, dice Patricia, su madre es su ancla, apoyo, y cimiento.


Uno de los recuerdos más preciados que tiene Patricia junto a su madre, fue uno que vivió a los 13 años. En la mañana de su cumpleaños, que caía domingo, su madre estaba preparando un bizcocho, y ella le preguntó a qué hora se lo iban a comer, pero Marianne le respondió que ese bizcocho era para otra persona.


“Mi padre me pidió que lo acompañara, que quería comprar el New York Times. Yo me fui con él y al regresar, me dirigí a la nevera como de costumbre, y al llegar al comedor mis amiga me gritaron ¡sorpresa!, mi mamá me había preparado un cumpleaños sorpresa”, contó.


Marianne había invitado a doce amigas del colegio de Patricia, y en un momento decoró todo, y la preparó de manera sorprendente. “Fue un cumpleaños genial”, manifestó.


En una ocasión, Marianne de Tolentino comentó que “mi vida ha sido un éxito y una gran suerte. Tuve la dicha de tener a mi lado a un hombre y esposo ejemplar. Tuve la suerte de haber llegado a un país extremadamente abierto y generoso y de haber encontrado una vocación profesional maravilloso. He tenido etapas bien articulas de educación, cultura y arte y cada una de ellas ha sido muy interesante”.

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