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Lucetta Fernández en compañía de sus dos hijos.
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Lucetta Fernández en compañía de sus dos hijos. (Foto: Cortesía)

Mi camino a la maternidad

jueves 27 de mayo de 2021, 19:00h
Mi deseo de ser madre comenzó siendo muy joven. Al ser la más pequeña de dos hermanos, y llevándome el mayor doce años, crecí casi como hija única, tal vez por eso siempre aspiré a formar una familia grande, por lo menos cuatro hijos.
Cuando mi esposo y yo nos casamos, no perdimos tiempo, empezamos a buscar de inmediato esos ansiados bebés. Pero el tiempo pasaba y yo no quedaba embarazada. Consulté diferentes médicos, me sometí a varios tratamientos pero nada. Los estudios que me hacían salían totalmente normales, también los de mi esposo.

Como vivíamos en Estados Unidos en aquella época, consultamos con uno de los mejores doctores en In Vitro. Lo único que nos dijo es que encontraba pequeños mis ovarios, pero que si podíamos hacer la fertilización. Dicho y hecho, nos preparamos, seguimos las instrucciones, y el día llegó. Me sometí al tratamiento y al mes la prueba de embarazo salió positiva.

Estábamos felices, le dijimos a la familia, a los amigos. Por fin estaba embarazada. Más aquella alegría no duró. Casi a los tres meses en una sonografía de rutina me enteré que el corazón de mi hijo se había detenido. Fue un momento de mucho dolor, de mucha tristeza, de mucha rebelión. Preguntaba por qué a mi? Por qué si siempre había hecho lo correcto? Por qué si tenía fé en Dios me pasaba esto? En ese momento no entendía ni quería escuchar nada. Pensaba en lo duro que es enfrentar a una sociedad que siempre te pregunta que cuando vas a ser madre, que porque no tienes hijos, que cual de los dos es que tiene problemas y otros cuestionamientos más que no tienen razón de ser, pero que siempre están presentes hiriendo el corazón de quienes no podemos concebir.

Fue una época muy dura, la cual hoy recuerdo, y puedo ver claramente que el Señor me sostuvo, y que ese camino tenía un motivo.

Años después regresamos de retirada a Santo Domingo. Mis sueños de ser madre habían quedado dormidos, hasta que un día recibimos una llamada. Había una pequeña niña que vivía con su abuela, y al esta morir, aquella niña necesitaba un hogar pues nadie más podía tenerla. Y es así como llega a nuestras vidas nuestra amada Natalia, la niña que me hizo madre por primera vez y que tantas alegrías nos ha dado. Unos años después llegó nuestro segundo hijo. Hacía mucho tiempo ya habíamos comenzado un proceso de adopción . Tanto tiempo tardó que pensábamos había quedado en el olvido. Cuando la llamada llegó hasta nos sorprendimos, y es así como llega Abraham José a convertirme en madre por segunda vez.

Hoy puedo entender todo. Dicen que el Señor escribe derecho en renglones torcidos. Me siento feliz de mi maternidad desde el corazón, pues ese ha sido mi mayor aprendizaje: También se pare desde el corazón. Mi hijo me pregunta que cuanto tiempo lo llevé en mi pancita, le respondo que no fue ahí que fue en mi corazón, y que ahí lo llevé y lo llevaré siempre. Hoy soy madre de dos niños preciosos. Hoy los escucho decirme mami y me siento feliz y bendecida. Hoy los miro dormir en sus camas y doy gracias a mi Dios por su regalo de amor. El Señor nos necesitaba para ser los padres de dos niños que no pudieron tenerlos.

De todo esto les dejo las siguientes reflexiones

Hay un amor que trasciende más allá de lo físico, y que conecta los corazones. Lo sé por mis hijos.

En el corazón también se gesta un hijo, y es igual y quien sabe que gestarlo en el utero, porque a los hijos que llegan a través nuestro hay que amarlos y ya. A los que la vida nos regala elegimos amarlos, cuidarlos , y tal vez esto es más profundo.

La adopción es definitivamente una opción de amor de doble vía. La primera para aquellos padres que por algún motivo no puedan tener sus hijos con ellos, sin embargo le dan el regalo de poder vivir, y de hacerlo con una familia que los va a querer.

La segunda, se da oportunidad a parejas que no han podido concebir de realizar su sueño de tener una familia. Y créanme, todos los días oro por dos madres que decidieron tener sus hijos pero no convivir con ellos por distintas razones. Las bendigo porque les dieron oportunidad de llegar a este mundo y de ser felices. Pido a Dios que de alguna forma ellas descansen en la paz de que sus hijos están protegidos y de que son muy amados.

Salmo 18:30-32
El camino de Dios es perfecto;
la palabra del Señor es intachable.

Escudo es Dios a los que en él se refugian .

Quién es Dios, si no el Señor?
Quién en la roca, si no nuestro Dios?
Es él quien me arma de valor y endereza mi camino.
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