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Las familias perfectas no existen, solo existen familias con un gran deseo de salir adelante juntos.
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Las familias perfectas no existen, solo existen familias con un gran deseo de salir adelante juntos. (Foto: Cortesía)

Cuarentena: Momento ideal para construir una mejor relación familiar

“La verdad es similar al sol. No se deja ver pero lo hace ver todo”, Víctor Hugo.

Hay que aprender a estar juntos, y si no, preguntarnos porque no sabemos estarlo.
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Hay que aprender a estar juntos, y si no, preguntarnos porque no sabemos estarlo. (Foto: Cortesía)

Santo Domingo.- He insistido durante todo este período de cuarentena, la necesidad de un cambio de mirada que lleve a reflexiones profundas acerca de cómo hemos ido caminando por la vida hasta ahora; cómo hemos ido desempeñando nuestros diferentes roles y si estamos contentos o no con los resultados obtenidos en el desempeño de los mismos.

El momento ideal es ahora que estamos en confinamiento, para inspeccionar las fisuras de la casa. Esto es, dar una ojeada al funcionamiento de esa célula embrionaria que es la familia. Ahora que pasamos más tiempo juntos (prácticamente por obligación), sería interesante mirar la dinámica familiar. Examinar si el resultado, posiblemente de años de siembra, ha dado la cosecha esperada en cuanto a la sanidad de los vínculos se refiere.

No es fácil para muchos la convivencia casi permanente del día a día. Se ha reducido el espacio en cuanto a tiempo en que estábamos fuera del hogar. Y de repente, oh sorpresa, muchos se han dado cuenta de que la estructura no era tan sólida como se pensaba, que existían fisuras que se habían pasado por alto; que el reino de Disney no era tal y que el “País de las Maravillas” de Alicia solo existe en los cuentos.

Para otros sin embargo, la historia es diferente. Disfrutan tanto esta etapa que quisieran que aunque la pandemia pase, quedarse trabajando desde casa y pasar más tiempo junto a los suyos. Posiblemente aunque hayan descubierto algunas fisuras, estas no son tan amplias como para alarmarse.

¿Dónde radica en realidad la diferencia entre unos y otros? ¿En el tamaño de las fisuras? Definitivamente no. Radica más bien, en el cuido, atención y amor de los vínculos. En la importancia que le hemos dado a cada uno de los miembros de nuestro clan familiar y a esa estructura llamada familia. Todo lo anterior es lo que hace la diferencia en la magnitud de las mismas.

Las familias perfectas no existen, solo existen familias con un gran deseo de salir adelante juntos, respetando sus diferencias, respetando los diferentes roles “cuando todos tocamos la misma melodía, sin tocar el mismo instrumento”, armonizando como una orquesta amorosa donde cada uno de sus integrantes es importante. Y cuando esto sucede aun hayan grietas, rendijas, hendiduras o lo que fuese, la música que se cuela a través de ellas será agradable.

¿Qué se necesita para que lo anterior suceda? Lo primero es aprender a estar juntos, comenzar a mirarnos, y a interactuar como hace décadas. Escuché hace unos días a alguien decir: “Estamos juntos pero cada uno hace su vida, estamos juntos pero cada uno con su celular, estamos juntos pero cada uno viendo algo distinto…”. Entonces, ¿Existen o no en el ejemplo anterior grandes fisuras?

Hay que aprender a estar juntos, y si no, preguntarnos porque no sabemos estarlo, luego hacer las correcciones de lugar. La buena comunicación entre los miembros es esencial.

Segundo, recordar que las familias son dinámicas. Pasan por diferentes etapas, momentos o crisis. Es por esto que siempre deben existir normas claras de convivencia familiar, contar con herramientas para enfrentar conflictos, que los roles y tareas estén bien definidos, cultivar entre sus miembros, la aceptación, solidaridad , amor, confianza y respeto.

Tercero, la familia necesita ser iluminadora del camino de cada uno de sus miembros. Constituyéndose en escuela de valores y enseñando a sus integrantes a ser buscadores de sentido, capacitándolos emocional y humanamente desde temprano y ofreciendo el soporte necesario para hacer frente a las situaciones de la vida.

Solo de esta forma podremos minimizar los daños en la estructura, aprendiendo a convivir con quienes amamos. Que este tiempo no nos pase por encima. Inspeccionemos las fisuras de la casa.

“El vínculo que te une a tu familia no es el de la sangre, sino el del respeto y la alegría que sientes por las vidas de ellos y ellos por la tuya”, Richard Bach.

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