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Los dominicanos estamos despiertos y conscientes, ¡Hoy más que nunca!
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(Foto: Fuente externa)

Los dominicanos estamos despiertos y conscientes, ¡Hoy más que nunca!

viernes 28 de febrero de 2020, 00:14h
¿Qué decir que no se haya dicho sobre la actual crisis política producida por la suspensión de las elecciones? Me atrevo a asegurar que el asombro, desde varios puntos de vista, fue –quizás- una de las primeras reacciones que tuvo en común el pueblo dominicano.

La noticia causó un caos. Los líderes políticos se acusaban unos a otros, los miembros de la junta asumieron la responsabilidad de asistir a juicio político si fuera necesario, pero a pesar de las exigencias de algunos grupos para que renuncien a sus cargos, declararon que continuarían exigiendo sus funciones por el momento; algunas de las más prestigiosas periodistas del país definieron el proceso como “vergonzoso” y como una evidencia contundente de lo que fue un “fuerte golpe institucional” al país. Ambos términos muy acertados.

De mi parte, he ido analizando la situación desde una perspectiva más esperanzadora, asumiendo lo sucedido a partir del refrán que citó la politóloga Rosario Espinal: “No hay mal que por bien no venga”. Veo como el hecho generó un despertar en una población que parecía indiferente y que movidos por la indignación se han vuelto críticos que cuestionan ¿Qué sucedió? ¿Por qué? ¿De manos de quiénes? Preguntas que se hacen en las calles, en el trabajo, en las escuelas, en las universidades, en los colmados, en los salones, en los barrios y en los residenciales de sectores privilegiados… ¡El pueblo dominicano por fin está despertando!

Desde primeras horas del 17 de febrero, apenas un día después de la suspensión, decenas de jóvenes de diferentes clases sociales que se unieron para decir “estamos despiertos”, “exigimos respuestas”, “nos cansamos de este sistema político”, “no permitiremos otra violación a la democracia”, entre otros mensajes. Así, tímidamente, empezó una manifestación que al día de hoy continúa con la misma fuerza y que poco a poco sigue sumando personas, artistas, personalidades reconocidas de la televisión y las redes sociales, personas de la tercera edad y niños, algunos incluso son menores de 10 años.

La protesta ha crecido como avalancha. Cientos de dominicanos se están expresando de forma cívica, pacífica e inteligente desde sus casas, a ritmo del “Cacerolazo”, así como desde diferentes países del mundo con el canto de nuestro himno nacional en ciudades de Estados Unidos, en Canadá, en España e incluso en lugares tan emblemáticos como los alrededores de la Torre Eiffel, en Paris.

No estoy de acuerdo con lo que sucedió, lo reprocho. Este es un hecho lamentable que nunca había sucedido en la historia de nuestra nación, ni siquiera en épocas tan terribles como la dictadura de Trujillo o los años de represión de los gobiernos de Balaguer. A pesar de eso, y aunque peque por decirlo, la suspensión de las elecciones – ya sea por negligencia, estrategia, venganza o error- fue hasta cierto punto necesaria para que los dominicanos dejemos de ser conformistas, para que nos preparemos, para que aprendamos a exigir nuestros derechos. También sirvió para que el gobierno y las fuerzas políticas en general dejen de vernos como fichas de ajedrez; como simples peones que dan su vida para darles a ellos el poder.

Somos un pueblo fuerte, ¡Consciente!, incluso más de lo que nosotros mismos creemos. El 16 de febrero marcó un antes y un después en nuestro país para siempre; yo quiero creer que es así. Continuemos levantando nuestra voz, reclamando lo que nos corresponde desde los medios a los que tenemos alcance como lo hemos hecho hasta hoy. Porque son esas las acciones que me hacen decir: ¡ME SIENTO ORGULLOSA DE SER DOMINICANA!

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