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Natalicio de Juan Pablo Duarte: legado de libertad, honestidad y compromiso patriótico

Por María Mercedes
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martes 27 de enero de 2026, 04:25h
Duarte nunca utilizó la causa independentista para obtener poder o riquezas, sino que actuó siempre guiado por principios éticos y un profundo amor a la patria. Sin duda, un ejemplo a seguir para todas las generaciones de dominicanos.

Cada 26 de enero, el pueblo dominicano se une para honrar y conmemorar el natalicio de Juan Pablo Duarte y Díez, padre fundador de nuestra patria, quien nació en 1813 en el sector de Santa Bárbara, en la ciudad de Santo Domingo. Desde temprana edad demostró una profunda vocación por el estudio, la justicia y la libertad.

En este 2026, se conmemora el 213 aniversario de su nacimiento, una ocasión propicia para reflexionar sobre su pensamiento, su ejemplo y la vigencia de sus ideales en la sociedad contemporánea.

Influenciado por las ideas liberales que circulaban en Europa y América durante el siglo XIX, las cuales constató durante su estadía en Inglaterra, Estados Unidos y muy especialmente en Barcelona. Duarte desarrolló una visión clara de una nación dominicana libre, soberana e independiente de toda dominación extranjera.

Con ese firme propósito, fundó en 1838 la sociedad secreta La Trinitaria, junto a jóvenes comprometidos con la causa independentista. A través de esta organización, nuestro padre de la patria sembró las bases del movimiento que culminaría con la proclamación de la independencia nacional el 27 de febrero de 1844. Su pensamiento político estaba sustentado en principios democráticos, republicanos y morales, defendiendo siempre la dignidad del ser humano y el respeto a la ley.

El valor de su honestidad

La honestidad fue uno de los valores más firmes que caracterizó a Juan Pablo Duarte. Su conducta moral intachable y su rechazo a cualquier forma de corrupción o ambición personal lo distinguieron como un líder íntegro, dispuesto a sacrificar su bienestar por el bien común.

Cuando Duarte fue nombrado general y miembro de la Junta Central Gubernativa, se le asignaron fondos públicos para gastos militares y personales. Duarte rechazó quedarse con ese dinero y lo devolvió, al considerar que no lo había ganado legítimamente y que no debía beneficiarse de los recursos de la patria por la cual luchaba.

Este gesto reafirma su convicción de que la patria no podía construirse sobre la corrupción ni el abuso del poder, y demuestra también que su amor por República Dominicana fue siempre desinteresado. Por acciones como esta, Duarte es recordado no solo como Padre de la Patria, sino como un modelo de honestidad cívica y ejemplo permanente para las generaciones dominicanas.

Ese ejemplo de rectitud inspira, aún hoy, el orgullo de ser dominicano, pues nos recuerda que la identidad nacional se construye sobre valores como la honestidad, la dignidad y el compromiso con la libertad. Sentirse dominicano es, siguiendo el pensamiento de Duarte, asumir con honor la responsabilidad de defender y engrandecer la nación.

Renovar el juramento de libertad

A 213 años de su nacimiento, la figura de Duarte continúa siendo una guía ética para la nación. Su famosa frase: “Trabajemos por y para la Patria, que es trabajar para nuestros hijos y para nosotros mismos”, resume el espíritu de entrega y responsabilidad ciudadana que aún hoy debe alcanzar República Dominicana.

A pesar de su rol fundamental en la gestación de la república, Juan Pablo Duarte no disfrutó de los frutos de la independencia. Fue víctima del exilio, la incomprensión y el abandono por parte de sectores que traicionaron los ideales por los cuales tanto luchó.

Murió en Caracas, Venezuela, en 1876, en condiciones de pobreza material, pero con una grandeza moral que lo elevó para siempre en la historia dominicana.

Recordar a Duarte no debe limitarse a ofrendas florales y actos protocolares, sino que debe traducirse en acciones concretas que fortalezcan la democracia, la justicia social, la libertad y el amor por la patria.

La conmemoración del 213 natalicio de Juan Pablo Duarte es, en esencia, un llamado a reafirmar nuestra identidad nacional y a asumir el compromiso de construir un país más justo, libre y solidario, tal como él lo soñó. Honrar su legado implica educar a nuestros niños, niñas y adolescentes para que emulen su ejemplo; vivir de acuerdo con sus principios y trabajar día a día por el bienestar colectivo y la soberanía nacional debe ser nuestro siempre, norte a seguir.
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