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Juan Pablo Duarte: el valor que fundó una nación

Juan Pablo Duarte: el valor que fundó una nación

Por Henry Arvelo
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henryarvelo29gmailcom/13/13/19
Cada 26 de enero, la República Dominicana conmemora a Juan Pablo Duarte, fundador de la patria libre y soberana. Su legado como pensador político y líder independentista resalta la importancia de la ética, la educación y el compromiso con el bien común, inspirando a las generaciones actuales en su búsqueda de justicia y dignidad.

Cada 26 de enero, la República Dominicana se detiene a mirar sus raíces. No es un simple ejercicio de memoria histórica: es un acto de conciencia nacional. En esta fecha nació Juan Pablo Duarte, el hombre que concibió una patria libre, soberana y digna cuando esa idea parecía, para muchos, un sueño imposible.

Hablar del valor de Duarte para la República Dominicana es hablar del cimiento mismo del Estado dominicano. No solo fue un líder independentista; fue, ante todo, un pensador político con una visión clara de nación. Duarte entendió que la independencia no podía ser solo un cambio de bandera, sino la creación de una república basada en principios, leyes y respeto a la voluntad del pueblo.

Su mayor valor radicó en la coherencia entre pensamiento y acción. Mientras otros vacilaban entre anexiones y caudillismos, Duarte sostuvo una idea firme: una República Dominicana libre de toda dominación extranjera y gobernada por dominicanos. Esa convicción lo llevó a fundar La Trinitaria, una sociedad secreta que sembró el ideal independentista y preparó el terreno para la gesta del 27 de febrero de 1844.

Duarte pagó un precio alto por su integridad. Fue perseguido, exiliado y marginado políticamente, incluso después de lograda la independencia. Sin embargo, nunca negoció sus principios. Rechazó el poder cuando este implicaba traicionar el proyecto republicano y se negó a sacrificar la soberanía nacional por intereses personales o coyunturales. En una historia marcada por ambiciones y traiciones, Duarte representa la ética en la política.

Para la República Dominicana de hoy, el legado de Duarte sigue siendo una brújula moral. Su pensamiento constitucional, su defensa de la separación de poderes y su fe en la educación como base del progreso nacional conservan una vigencia incuestionable. Duarte no solo imaginó un país libre, sino uno justo, donde la ley estuviera por encima de los hombres.

Recordar a Juan Pablo Duarte en su natalicio no es un acto protocolar: es una invitación a reflexionar sobre el país que somos y el país que aspiramos a ser. Su vida nos recuerda que la nación se construye con sacrificio, ideales y compromiso con el bien común.

Duarte no murió en el exilio del olvido. Vive en cada dominicano que cree en la libertad, la dignidad y la soberanía como valores irrenunciables. Ese es, quizá, su legado más grande. H.A.A.

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