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Claves para no perder el tino

Por Néstor Estévez
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lunes 26 de julio de 2021, 12:59h
Hay una anécdota muy simpática relacionada con el origen de la palabra “tino”.
La Real Academia Española nos ofrece cuatro acepciones para esta palabra:

1. m. Hábito o facilidad de acertar a tientas con lo que se busca.

2. m. Acierto y destreza para dar en el blanco u objeto a que se tira.

3. m. Juicio y cordura.

4. m. Moderación, prudencia en una acción.

Pero si rebuscamos en su origen encontraremos que se cuenta sobre una confusión en el surgimiento de la palabra “tino”. Dicen que realmente proviene del latín destinare (de-stinare, no des-tinare), pero los hablantes malinterpretaron y creyeron que se trataba de “des” (prefijo que indica inversión de una acción), en lugar de “de” (indicando dirección de arriba abajo).

El asunto es que, ante la confusión, decidieron cambiar la supuesta “des” por “a” (aproximar), para dar origen al verbo “atinar” (acertar o dar en el blanco).

Pues, sin que reparemos en ello, da la impresión de que hemos vuelto a confundirnos. Así parece ocurrir, principalmente en lo relacionado con la gestión de los mensajes. Y eso, de manera coincidente, amenaza con hacernos perder el tino.

Cuentan que, hasta hace poco tiempo, era muy común encontrarse a jóvenes reunidos en largas discusiones sobre algún tema estudiado, la más reciente obra leída y hasta en relación con la corriente de pensamiento por la que cada uno estaba siendo influido. Relatan que era perfectamente posible encontrarse con que, si una discusión se tornaba más interesante que la cátedra a la que se debía asistir, lo segundo quedaba relegado.

Sin embargo, nos ha correspondido una realidad muy diferente a quienes vivimos estas primeras décadas del siglo XXI. Como resulta tan difícil encontrarse con discusiones como aquellas, y como además hemos venido en ese tránsito hacia la virtualidad, nos quedan a la mano espacios como las modernas redes sociales y sus omnipresentes “tendencias”.

¿Cuántas veces habrá sido tendencia el contenido de un libro? ¿Cuánto de edificante tendrá el contenido que de manera insistente se vuelve tendencia? ¿A dónde nos lleva la interiorización de esos contenidos? ¿Cuáles sentimientos y acciones suelen asociarse con esos mensajes?


Otros estudiosos hablan de las denominadas neuronas espejo o neuronas especulares. Así denominan a las células nerviosas de nuestro cerebro que están especializadas en imitar las acciones que inconscientemente llaman nuestra atención. Explican que esas neuronas nos permiten sentir empatía, imitar a los demás, así como sentir y saber si alguien nos está mintiendo o engañando.

Lo real es que, de la misma manera en que nos hace mal o bien lo que comemos, lo que recibimos como mensaje va a determinar desde nuestros sentimientos hasta nuestras acciones y, lógicamente, las consecuencias. Incluso, los mensajes que emitimos, nuestros o de otros, terminan construyendo nuestra reputación. Y si a eso agregamos el hecho cierto de que lo que hacemos “dice” mucho más de nosotros que lo que decimos, entonces la gestión de los mensajes deberá ser una tarea de altísima prioridad.

En consecuencia, cuidar el contenido de lo que escuchamos o vemos, calcular el tiempo que dedicamos a cada tipo de contenidos, así como fijar objetivos y determinar los contenidos y las formas que nos ayudarán a lograrlos, son líneas claves para atinar con nuestras acciones.

A eso se agrega el hecho de tener muy presente que lo que decimos, y todavía más, lo que hacemos, construye (y también puede destruir) la imagen que los demás tienen de nosotros. Es sumamente útil recordar que entre los demás están incluidas personas que nos importan mucho y hasta pueden ser determinantes para que logremos éxito en lo que emprendamos.

Si no cuidamos los contenidos ni la estrategia para el uso de los mismos (los que emitimos y los que recibimos), nos encaminamos de manera veloz a perder el tino, a perder el hábito o facilidad para acertar con lo que buscamos.

Si cuidamos contenido y estrategia, entonces lograremos moderación, prudencia, juicio y cordura. Así lograremos acierto y destreza para dar en el blanco, para lograr los objetivos.

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