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Cervantes, Freire y el año escolar “a distancia”

miércoles 02 de diciembre de 2020, 20:05h

Don Quijote de la Mancha decía, en uno de sus diálogos, estas inmortales palabras: “Cambiar el mundo, amigo Sancho, que no es locura ni utopía, sino justicia”.

Tan avanzado fue Cervantes que nos condujo a la reflexión sobre el poder transformador de la esperanza y de las ideas, en tiempos en que "esperanza" e "idea" no eran conceptos poderosos.

No son necesariamente utópico-inviables aquellos pensamientos o aquellas ideas que parecen imposibles solo porque nadie nunca las intentó hacer realidad.

Hace unos 30 años, en Pedagogía de la Esperanza, Freire hacía mención precisamente de esta idea. Cuando nos propuso el concepto "inédito-viable" nos decía con firmeza que la esperanza por “ella sola no gana la lucha, pero sin ella la lucha flaquea y titubea. Necesitamos la esperanza crítica”.

La esperanza de Freire cuando nos propuso abordar lo inédito-viable no era muy diferente de la esperanza del Quijote cuando propuso cambiar el mundo. En ambos, la utopía o lo inédito no es un capricho, sino una justa necesidad para los pueblos.

En un momento desafiante y nuevo para todos, el año escolar surge en nuestra nación teniendo el seno de la familia como lo que es: la primera y más importante institución educativa. Naturalmente, una apuesta tan utópica como inédita, encuentra en los desesperanzados una fuerte y férrea oposición; no puede ser de ninguna otra manera y, hasta me atrevo a afirmar, es completamente necesario.

Pero me pregunto ¿cuánto estamos dispuestos a perder solo por oponernos a intentarlo? ¿Es realmente esta modalidad educativa tan grande como para considerarla un utópico inviable? O, por otro lado, ¿es un acto de justicia poner nuestra esperanza a la disposición de transformar el modo en que educamos?

Es tal vez tiempo de abrir esta ventana de posibilidad hacia el repensar de nuestra pedagogía moderna y, como quiso Freire, aspirar a una educación crítica y liberadora, que esté a disposición de todos por igual.

Así que aspiremos, familia, escuela y comunidad, a transformar la educación que (citando a Cervantes) no es locura ni utopía, sino justicia.

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