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Crecimiento y desarrollo turístico

sábado 04 de julio de 2020, 00:12h
“El desarrollo auténtico y sostenido es integral: a la vez económico, político, biológico y cultural”. Mario Bunge.
Hasta hace pocos lustros nuestra economía dependió exclusivamente de productos tradicionales de exportación agrícolas, ganaderos y mineros como base del desarrollo. En 1970-1980 la participación del turismo era muy limitada. A partir del 1980 en adelante, se convierte en el sector más dinámico de la economía de R.D. formando un polo de desarrollo de enormes perspectivas en todo el siglo XX1. El turismo sería el polo de desarrollo principal de R.D., no así el único.

Descubrimos que lo novedoso del proceso de desarrollo turístico local y mundial había pasado de una era en que el capital hecho por el hombre, era el factor de producción que definiría el desarrollo económico, en tanto que el factor limitador había pasado a ser lo que resta del capital natural (recursos naturales).

Descubrimos que la lógica económica nos dijo que deberíamos maximizar la productividad de los recursos naturales, el más escaso y tratar de aumentar su disponibilidad. Lo cual significa que la política económica que sigamos debería diseñarse de forma tal que se incremente la productividad del capital natural y su volumen, en vez de aumentar únicamente la productividad de factura humana y su acumulación.

En el año 2020 descubrimos que hemos pasado de un planeta vacío de población a otro lleno de población: 7.4 mil millones de habitantes. El mundo, por exceso de su población en el usufructo de los recursos naturales ha diezmado este factor de producción ya realmente escaso. De manera directa o indirecta, se utiliza el 40% de la producción primaria neta de la fotosíntesis terrestre, con tendencia a aumentar. En los próximos 70 años del siglo XX1, si no cambia la política económica en relación a los recursos naturales, se pasaría a un 80% en el uso de los recursos naturales a nivel mundial por parte de la población, lo cual representaría un grado de explotación excesivo y socialmente indeseable.

Descubrimos que a la economía que basa sus premisas en un mundo lleno de población no se le reconoce legitimidad académica, a pesar de la deforestación de los bosques, de los ríos que se secan, de las presas y canales de riego sedimentados, de la salinización de los suelos, de las especies vegetales que desaparecen, de la fauna que se pierde, de los ríos que reciben desperdicios industriales, de la contaminación del aire, de la lluvia ácida, del smog de verano, del calentamiento global, de los ruidos incesantes y de las industrias contaminantes, pasto natural de todas las pandemias modernas.

Descubrimos que en nuestro país como en el resto del mundo, los factores de producción no son sustituibles, sino apenas complementarios. Aquello de que vivimos en una economía del
conocimiento es solo una verdad parcial, sumamente limitada si
no estamos en capacidad de reproducir a nivel mundial y nacional el recurso más escaso, el recurso natural, en medio de una población que ha crecido y sigue creciendo de forma vertiginosa en el siglo XX y XX1. En nuestro país, República Dominicana, por ejemplo, del año 1900 al año 2000, pasamos de un millón de habitantes a 10 millones de habitantes, y los recursos naturales se han degradado, ahí donde el turismo es un puntal del desarrollo general.

Descubrimos que se propaga la idea de que Japón ha demostrado que los recursos naturales son innecesarios, que las economías del mundo se pueden desarrollar sin contar con los recursos naturales. Que basta con desarrollar el factor tecnológico, la nueva economía del conocimiento, creadora de capital humano y que ello es suficiente. Se olvida, a propósito, que Japón se desarrolló a mediados del siglo XX y que lo hizo sobre la base de que recursos naturales y capital se tenían como bienes de libre disposición. Se olvida que Japón fue una excepción de la regla general y que su desarrollo no era un paradigma para los pueblos del Tercer Mundo.

Descubrimos que para que el turismo se desarrolle, las masas forestales, el agua, el suelo y el aire deben conservarse intactas: la función de los bosques debe suministrar madera con suelos sin erosión; la función de los ríos debe producir el agua potable en enormes cantidades; la función del aire es producir las funciones fisiológicas, para generar aire limpio.

Descubrimos que el desarrollo turístico debe ser acompañado de ciertas normas: la reforestación, los aterrazamientos, el drenaje de los caminos, el mantenimiento de los elementos conservadores del paisaje, el uso selectivo de pesticidas y fertilizantes, la construcción de plantas de tratamiento, la introducción de energía extraída de los flujos naturales, el cambio de los procesos industriales, una mayor utilización del transporte público y de bicicletas, y el uso de espacios que dejen bastante sitio para la supervivencia de las especies y animales.

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