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Joselito Soto en la escuela primaria y su hermano Hugo

domingo 26 de enero de 2020, 19:44h

“La experiencia es una tenue lámpara que sólo ilumina al que la sostiene” L.F. Celine.
  • En la infancia, ahí en ese lugar donde comienza la vida, al decir de León Tolstoi, nace la sociedad y por la misma razón es el tramo que lo puede cambiar todo, si se introduce en ese nivel un sistema educativo con mucha calidad, con el auxilio de todas las escuelas existentes, que puedan administrar lo que nace, el futuro, que tiene un plazo dilatado de tres décadas. Para León Tolstoi, el creador de la escuela rusa, el continuador de la escuela de los zares, el futuro está en el presente, en la infancia.
  • Don José Jiménez(Don Pepe), su esposa Doña Luisa de Jiménez, y su sobrino Don Víctor, todavía con aire de jovencito, fueron tres españoles que juraron por la bandera de Santiago de los Caballeros, desde que pisaron el Cibao Central, y que formaron una de las mejores escuelas primarias del país, una escuela donde se enseñaba disciplina para la vida, por tramos y por tripletas, por muchas vías, a veces por vías de hecho, con mucha dedicación, pero donde se enseñaba mucho, tanto a los ricos como a los pobres, donde se educaba para la vida con lo mejor que puede aprender un niño adolescente a esa edad en que se cursa la escuela primaria y que es la mejor edad para entender una verdad de toda la vida: que el mundo es del tamaño de un frijol. Chiquito, casi chiquitico.

Y para demostrarlo Don José Jiménez, el célebre Don Pepe, fundador del Instituto Iberia, enseñaba porque enseñaba, por las buenas o por las malas, asignatura por asignatura, que el mundo es ancho y ajeno, y que el camino es el mundo, que eran tiempos revueltos, y que la cólera de nacer pobre se vence con dedicación y sobre todo con mucha disciplina. Eran amores en tiempos revueltos, como si fueran amores de transición:
  • ¡Dos vectores en pugna conducen siempre a un tercer vector nuevo, como una síntesis natural”, nos decía a cada momento Don Pepe, jocosamente, pensando quizás en el fin de la guerra civil española, y en su resultado fáctico, la derrota republicana, sentado en su gran escritorio de tutor republicano y español, cuyo bando había perdido la guerra en España, pensando quizás en el futuro de su hermoso país que no vería nunca más! “Para mí ya no hay retorno, así que juro por la bandera de Santiago de los Caballeros, en pleno Caribe”.
  • Dos vectores en pugna conducen a un nuevo vector de síntesis, y Don Pepe se hizo Santiaguero y Joselito Soto, infantil y extasiado que se lo creía y se lo sigue creyendo-

Joselito Soto por su parte aplicaba la lucha de dos vectores en pugna y lo comprobaba diariamente con la vida adolescente de su hermano Hugo. Hugo era un peleador, un gladiador del barrio de Los Pepines a quien todos temían. Estaba dispuesto a pelear a los puños con cualquiera de los tígueres del barrio. Era imbatible. Todos los muchachos de su edad lo respetaban porque sus puños eran certeros y poderosos y a los más guapos los retaba a pelear a cualquier hora del día. Y siempre ganaba. Era un joven famoso en todo el barrio de Los Pepines. Y ese héroe era nada más y nada menos que su hermano mayor. ¡Nadie se atrevía a darle una bofetada a Joselito Soto!!No había ese loco que osara contradecirle! ¡Estaba protegido por los puños certeros de su hermano Hugo! Nadie se metía con Joselito Soto. Y Joselito lo sabía…Conoció la protección desde chiquito. Y lo aprendió para siempre desde chiquito: ir protegido es lo mejor…
  • La leyenda de la bravura de su hermano llegó a oídos del guapetón más guerrero del barrio La Joya, donde habitaban las gangas competidoras. Era un negrito flaco y despiadado, que le sacaba sangre a mordidas a todos sus contrincantes. Los dientes eran su mejor aliado. Le gustaban las orejas. Además de ser diestro con los puños y ágil como un gato, era un experto mordedor de orejas…Después que les muerdo las orejas, hasta los mejores peleadores se turban, decía ufano Daniel El Culebrón, a quién apodaban Chanito-
  • Don Ismael, su padre, estaba enterado del lugar, del día y de la hora en que se enfrentarían su hijo Hugo y Daniel el Culebrón, alias Chanito, y como quien no quiere meterse en el lío, lo llamó aparte y le dijo: “si llegas a sangrar por las orejas vuélvete un león y rómpelo a puros derechazos. Mientras más te muerda las orejas más duro le das con la derecha, que es tu mejor atributo”. Y así fue. Daniel El Culebrón, con toda su agilidad felina cayó fulminado a derechazos limpios y Hugo, vencedor, regresó a la casa sangrando profusamente por las mordidas en las orejas…

Cuando su madre Mamá Nea le curaba sus orejas mordidas, no cesaba de maldecir a su marido Ismael por no parar ese pleito, y su marido que le decía: “Hoy se graduó de hombre. Mañana podrá ser un buen ingeniero, si lo desea”. ¡Quién sabe! Como ven, eran amores en tiempos revueltos, pobres y dictatoriales.
  • Y sin embargo, esa misma persona que era el héroe y protector de todo el barrio de los Pepines de Santiago de los Caballeros, y el héroe de la infancia de Joselito Soto, nunca tuvo el valor de montarse en un avión. Nunca salió del país, tampoco en barco, porque creía, según decía para justificarse “que no podía existir un país tan variado y hermoso como el nuestro…Y que viajar para él sería una redundancia pues solo recordaría más a su país”. Lo cantaba siempre:”No hay tierra más hermosa como la mía, mojada por los mares de blanca espuma, parece una gaviota, de blancas plumas, dormida en las orillas del ancho mar”. Conocía todas las provincias de este país, de su Quisqueya querida, una vez se hizo hombre como ingeniero. Tenía base para opinar. Lo real es que conocía el país palmo a palmo. Pero además, lo real era que simplemente nunca pudo vencer el miedo a los aviones.

Y jocosamente decía: ¿ocho horas en el aire para visitar París? ¿Suspendido en el aire? Estáis locos…A mí en tierra me convencen de cualquier argumento, sobre todo una joven. En la tierra todo funciona a la perfección. Te montas en tu carro y haces un levante en la primera reunión. Pero en el aire, creo que paso vergüenza. En el aire, no me sentiría cómodo en ningún momento, en ningún lugar, ni siquiera en primera clase. No quiero romper la fuerza de la gravedad. No me da la gana… Y a mí nadie me puede acusar de cobarde, porque repartí derechazos en todo el barrio de Los Pepines, y eso lo sabe todo el mundo, durante toda mi infancia y adolescencia. Yo era el Big Papi de los Pepines. El león del barrio, razón por la cual soy de los Leones del Escogido, desde chiquito… Y no me da la gana romper la fuerza de la gravedad, dentro de un avión. Eso no lo disfrutaría, a pesar que el avión es lo que más se parece a una habitación, el más seguro de todos los transportes y es hasta confortable. ¿Comprendes? Y para que comprendas a fondo la profundidad de mi cordura, debes saber que soy todo un ingeniero partidario de la física cuántica. Y conociendo física cuántica, no me da la gana de romper la gravedad dentro de un avión. Los aviones no se caen, son muy seguros, transportan cuatro millones de pasajeros todos los días, pero yo le temo a las alturas. ¡Y el miedo es libre! Fue la primera tripleta en la adolescencia de Joselito Soto y la octava de su vida, en la persona de su hermano Hugo, de su héroe: León de barrio-Miedo a los aviones- Escogidista desde chiquito.
  • En cambio, Joselito, aguilucho desde chiquito, el sí que amaría las alturas, como las águilas prefieren. Dueñas de 20 coronas. Con vistas de largo plazo. Como las Águilas Cibaeñas. Ya no saben perder, cuando pierden. ¡Paciencia y resignación! Aguiluchos, aprendan de los curas.
  • Joselito era un santiaguero típico. Un ser normalito. Educado por dos grandes profesores: su padre hasta que murió en 1953 y Don Pepe, que lo guió por el mundo, montado en un burrito, en las clases de geografía, y montado en ese burrito conoció primero a España, luego a Francia, a Italia, a Alemania, a Rusia, a Inglaterra, a toda Europa, y ese conocimiento lo dejó impactado para siempre. Conoció lo que sembraban los europeos, lo que cosechaban en sus campos, conoció sus cordilleras, ríos, puertos; Joselito tenía una idea precisa de toda Europa antes de viajar, sin tener en sus manos un mapa; el mapa de toda Europa estaba sembrado en su cerebro, lo había dibujado decenas de veces y no necesitaba mapas para orientarse entre un país y otro. Don Pepe, ese ser republicano y español hasta la médula, le había inyectado sabiduría y belleza a sus dos dedos de frente, montado en un burrito, viajando por el mundo entero y el ya estaba listo para romper la gravedad en cualquier avión, antes de montarse en el. Conocía tan bien la geografía de Europa que quería vivir en ese continente a como diera lugar. ¡He ahí el caribeño, el potencial emigrante! Esa idea era su frecuencia mental. Vivir en Europa, estudiar ahí en esas universidades, muchos años, doce en total. Viajar por ese continente. Conocerlo con sus propios ojos. Integrarlo a su propia identidad caribeña. Y regresar satisfecho por la dicha de haber vivido mucho tiempo en el continente europeo. Era su ley de atracción, el Secreto de su vida. Su frecuencia mental.
  • Así fue. Joselito estaba destinado a ser un trota mundo activo. Fue preparado para ello por sus dos grandes mentores: su padre y El Instituto Iberia, cuando era niño y cuando era un adolescente. Doce años pasó dando vueltas por todo el mundo europeo. Hasta que regresó a Santiago de los Caballeros, con la idea de quedarse en esa ciudad, pero se encontró con la calle El Sol de sur a norte, una ciudad en pleno crecimiento, con zonas francas, una gran universidad propia, su propio aeropuerto internacional, grandes centros de cultura, con viejos amigos que habían hecho su propio periplo personal, como lo había hecho Joselito, de manera que sus amigos se habían instalado o marchado de la ciudad o estaban en plan de marcharse a otras ciudades del mundo, y como un bastión de la cultura santiaguera ahí seguía el Instituto Iberia, preparando nuevas camadas de eternos navegantes en burritos, en plena Calle Del Sol, que ahora iba en dirección inversa, de sur a norte. Santiago se había convertido como todo poblado que se transforma, en una pujante ciudad, en un lugar nuevo, desconocida para Joselito, pero fantasma, que transeúnte por tramos y por tripletas, decidió vivir por conveniencia en Santo Domingo. Pero antes de despedir su infancia y adolescencia santiaguera, visitó a Don Pepe y a Doña Luisa, ya viejitos, a un año de la muerte de Francisco Franco en España, y cuando España preparaba su orgullosa transición de 30 años, con apenas cuatro Presidentes, que la colocaría como la octava potencia económica del mundo. ¡Qué exitazo!
  • Don Pepe, le dijo Joselito, todo un hombre, hecho y derecho, con título universitario de Moscú y de París: yo vengo a agradecerle todo lo que ustedes me enseñaron en esta escuela, en este tramo de mi vida, donde me enseñaron que el mundo es del tamaño de un frijol. Yo nunca podré olvidar que el haber conocido el mundo europeo, montado sobre un burrito, en estas aulas de la escuela primaria en el Instituto Iberia, en la calle Del Sol, cuando era un niño, tendría tanta trascendencia intelectual de mi vida posterior y en mi larga estancia en Europa, primero en Rusia, luego en París durante casi doce años”.
  • ¡Joselito Soto también tuvo su período creativo de 12 años, pero no como reformista, sino como trota mundo europeo, más bien como cientista social. Eran todavía tiempos muy revueltos. Era la guerra fría que quemaba la piel. Y Joselito Soto era republicano como Don Pepe, y comunista por añadidura-

A Don Pepe se le salieron las lágrimas. Doña Luisa le dio un fuerte abrazo a Joselito Soto y le dijo: “Hicimos el esfuerzo y logramos sembrar buena educación a toda la ciudad de Santiago de los Caballeros, a los niños de tres generaciones diferentes de todas las clases sociales…

Y es la pura verdad. Santiago se rindió a los pies del hermoso trabajo educativo de esta escuela primaria que todavía existe. Ese hombre, esa mujer y su sobrino, fundadores y promotores incansables del Instituto Iberia, merecen más que una calle, un parque, lleno de árboles de todos los calibres, una obra de arte como parque, al estilo Gaudí con su parque Güell en Barcelona y no una simple calle. Un parque de diversiones y de cultura de nombre Instituto Iberia. Así debería ser. Don Pepe influyó tanto o más en la vida de Joselito Soto como el propio Juan Pablo Duarte. Y con razón. Fue su tutor, fue su guía adolescente. Como lo fue de decenas de miles de estudiantes de familias santiagueras, de todas las clases sociales. Eso merece un parque fabuloso. Porque al igual que Joselito, miles de santiaguenses bebieron y beben en la sabiduría de esta escuela, fundada en tiempos muy revueltos, tanto en España cómo en la República Dominicana. Eran sueños de niños y posteriormente de adultos. Joselito conoció en el Instituto Iberia la segunda tripleta de su edad adolescente: siento-pienso-actúo.

A propósito, su abuela Elvira siempre le recordaba, que antes de cada uno de sus viajes en su recua de mulos hacia Haití, viajaba primero hacia sus sentimientos más íntimos, para saber que le decían los instintos.
  • Joselito, llévate de tus instintos, no te separes nunca de tus más íntimos sentimientos. Y luego piensa, refleja esos sentimientos en pensamientos. Y luego actúa-

Siento-pienso-actúo, la misma tripleta, la novena tripleta, que Joselito Soto aprendió en el Instituto Iberia montado sobre un burrito conociendo toda Europa, mientras su abuela Elvira levantaría a once hijos y a casi todos los hizo profesionales, eran un real paralelismo, un espacio común en el que sin dudas, Joselito y su abuela Elvira harían muy buenas migas.



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