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Caudillismo o democracia (parte 2)

lunes 18 de noviembre de 2019, 02:44h
“Andábamos sin buscarnos pero sabiendo que andábamos para encontrarnos”. Julio Cortázar
La lucha política dominicana entre el caudillismo y la democracia, donde casi siempre vence el caudillismo, provoca esta inmensa dispersión política de manera permanente que nos ha tocado vivir, y ha sido la base de sustentación del clientelismo conservador actual y de la corrupción y de la impunidad de todo nuestro sistema político. Ahora, en pleno siglo XX1, un hecho tan complicado, como es la separación de los tres poderes del Estado republicano, y de una sofisticada ley de partidos que los regule, es casi lo mismo como cargar la pesada piedra del mito de Sísifo y evitar que esta pesada piedra caudillista caiga nueva vez montaña abajo.

Para pasar de la dispersión política de una democracia autoritaria blindada, caudillista, a una democracia real, hasta llegar a la democracia eterna del respeto de la ley, se precisa de un Proyecto nacional de desarrollo, se precisa de un gobierno de Unidad Nacional, que responda tres preguntas: 1) Que producir en la economía. 2) Como producir, con cual tecnología. 3) Para quién producir, y a quienes vender. Hablamos de un trabajo gigantesco donde las comunidades de las 32 provincias jueguen un rol fundamental y tengan el apoyo político total del gobierno central y sus instituciones.

Esa otra línea de pensamiento se inscribe en la posibilidad de plasmar una plataforma democrática, realizando una transición ordenada, desde arriba y desde abajo, donde confluyan los Tres Poderes independientes principales del Estado, con un enorme respaldo de la sociedad civil, con comunidades activas y creativas. En efecto, no necesitamos un Poder Ejecutivo sin planes cada cuatro años, sino un Plan nacional de desarrollo de largo plazo, que norme las funciones y el comportamiento de los tres Poderes del Estado, que sea la fusión real entre el Estado y sus tres poderes y la propia sociedad civil, en función de descentralizar y hacer eficientes a nuestras instituciones de gobierno, fortaleciendo los sectores productivos y de servicios en todas sus provincias con planes reales. Que producir. Como producir. Para quién. En cada provincia. Precisamos de 32 polos de desarrollo provinciales en total, como mínimo, pues en algunas provincia podrían haber dos y hasta tres polos de desarrollo, lo que es mucho más complicado y científico que las llamadas visitas sorpresas, que dicho sea de paso, visto desde el punto de vista del actual inmovilismo tradicional en el desarrollo físico y humano de nuestras provincias, es mejor que nada. Pero es una versión caudillista que le pasa por arriba a las instituciones agrarias.

El desarrollo provincial no significa progreso cuantitativo únicamente, ante todo es y podría ser como lo sugiere Octavio Paz, “solución al problema de la convivencia como una totalidad que incluya tanto el trabajo como el ocio, el estar juntos y el estar solos, la libertad individual y la soberanía popular, la comida y la música, la contemplación y el amor, las necesidades físicas, las intelectuales, las pasionales”.

Sin desarrollo planificado en las provincias, no existe ni puede existir la democracia real en RD La democracia, pues no tiene más que un nombre: un Proyecto político nacional, un Gobierno de Unidad Nacional, y un centro: la libertad de mercado, una economía nacional abierta al mundo en todas sus provincias, con todas sus consecuencias benéficas. No es ni monopólica ni oligopólica, como dicen y lo hacen los caudillos actuales, sino una verdadera sociedad de mercado, muy participativa, donde prime la competencia: en lo económico, en lo político, en lo cultural y en lo biológico, como lo pregonó y sostuvo el destacado educador argentino, el Dr. Mario Bunge.

La democracia es una elección, no una fatalidad caudillista. Su resplandor crea un ámbito de responsabilidad y no confiere a nadie, ni al sector público, ni al sector privado, ni a las frágiles instituciones de justicia, ni a la propia sociedad civil, impunidad. La democracia ha de fundarse en un Proyecto que abarque a todos, un proyecto político nacional que respete sus propias leyes, tiene por lo tanto que ser universal, no sólo nacional: la liberación de los hombres de lo cotidiano, del aquí y ahora.

Es la mediación entre una sociedad miserable, donde por primera vez en todo el siglo XX y XX1, la apetitosa bandera dominicana (el arroz, las habichuelas, la carne y el pescado, las ensaladas y las legumbres), están ya en peligro de extinción para tres millones de dominicanos de la clase pobre, que come mal, una vez al día, y para otros tres millones de dominicanos de la clase media baja empobrecida, a causa de la inflación mundial que afecta a las pequeñas y medianas empresas.

Volvimos a ser momentáneamente, en pleno siglo XX1, un país pobre altamente endeudado, como si fuéramos parte del continente africano. ¿Por qué? La democracia es también el reino ideal del productor, hoy demasiado incipiente desde el punto de vista de una activa sociedad civil. Desde el punto de vista estrictamente económico es un proceso, lo que implica un largo plazo - 20 años cuando menos - tiempo suficiente para liberar al hombre común de la economía y de la ignorancia. Que producir. Como producir. Para quien.

Viviremos todo el siglo XX1 en una economía abierta al mundo. Definir claramente soluciones a las necesidades de la gente es lo prioritario en el país, primero que todo, puede ser el punto de equilibrio entre dos modelos políticos aparentemente antípodas, realmente complementarios: el desarrollo físico y el desarrollo humano en las 32 provincias de la República Dominicana, sin corrupción ni impunidad y con respeto a las leyes, no en la inseguridad ciudadana que nos oprime como si viviéramos en los albores de una dictadura.

El desarrollo económico y el cambio de estructuras sociales y jurídicas serían inútiles sin una Confederación política, sin la unidad latinoamericana. Aislados del mundo seguiremos siendo lo que somos: una región de caza y pesca para los aventureros de hoy y de mañana. Si nos atrevemos a poner la casa mucho más en orden y nos integramos a los mercados mundiales sobre la base planificada de polos de desarrollo provinciales, seremos la puerta digna de nuestro presente, porque realmente la democracia no es más que el resultado del desarrollo, el resultado de la modernidad, no el camino hacia ella, como es hoy, donde somos una democracia caudillista, autoritaria y blindada, no importa el ángulo en que la mires.

Hay demasiados intereses que afean el rostro de nuestro sistema democrático que solo pueden ser superadas por un cambio en el orden de las cosas, donde el ciudadano sea el epicentro, con equidad y justicia social. De ahí que sea necesario un Plan de desarrollo de largo plazo en todas las provincias. En caso contrario viviremos y moriremos como el perro, el gran amigo del hombre: mordiéndonos el rabo.

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