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Economía circular: ¿utopía o instrumento de gestión sostenible

miércoles 10 de junio de 2026, 22:42h
La economía circular propone un modelo sostenible que transforma la gestión de recursos y residuos, promoviendo la reutilización y el reciclaje. Su implementación en espacios públicos puede fomentar la educación ambiental y la participación ciudadana, contribuyendo a una cultura ecológica y a la justicia social, más allá de ser una simple estrategia técnica.

En un mundo saturado por modelos de consumo lineal —producir, usar y desechar—, la economía circular se presenta como una alternativa prometedora. Este enfoque, cada vez más presente en las agendas ambientales y urbanas, busca transformar el modo en que se gestionan los recursos naturales y los residuos. Pero ¿se trata de una solución viable y transformadora, o solo de un ideal inalcanzable?

La economía circular está definida por Kirchherr, Reike y Hekkert (2017) como “un sistema económico basado en la reutilización, reparación, reciclaje y valorización de recursos, con el objetivo de minimizar los residuos y maximizar la eficiencia en la producción y el consumo”. Su formulación moderna surgió en Europa en la primera década del siglo XXI, aunque recoge influencias del pensamiento ecológico industrial y de enfoques de sostenibilidad desarrollados desde los años noventa. En 2015, la Comisión Europea lanzó el plan de acción Closing the Loop para hacer de este modelo el eje rector de la transición ecológica del continente.

Desde la planificación urbana sostenible, se identifican al menos tres pasos clave para aplicar la economía circular en espacios públicos como los parques:

  1. “Reducción de residuos en origen mediante consumo responsable;
  2. Reutilización y reciclaje a través de sistemas comunitarios;
  3. Valorización energética o productiva de residuos no reciclables. [3].

Estas fases deben combinarse con procesos de sensibilización, educación ambiental y participación ciudadana, integrando a comunidades, instituciones educativas y gobiernos locales en una visión compartida de sostenibilidad. De este modo, el parque deja de ser solo un área verde pasiva y se transforma en un espacio educativo, productivo y ecológicamente eficiente; pero además, estos principios pueden extenderse al conjunto de la planificación urbana, promoviendo ciudades donde la reducción, reutilización y valorización de residuos formen parte de la gestión cotidiana de plazas, mercados, barrios e infraestructuras públicas, fortaleciendo así la resiliencia ambiental, la cultura ecológica y la calidad de vida urbana.

Aquí es donde las utopías cobran relevancia. Ernst Bloch, en El principio esperanza, sostiene que toda transformación profunda comienza como “una imagen anticipatoria de lo posible”, una utopía que impulsa la imaginación política y moviliza voluntades colectivas.

Aplicado al contexto urbano, esto significa que la economía circular no solo es una estrategia técnica, sino un motor transformador de la cultura del descarte: un horizonte donde la basura deja de concebirse como desecho y pasa a entenderse como recurso.

El Parque Mirador Sur, el Jardín Botánico Nacional Dr. Rafael María Moscoso, el Parque Iberoamérica, el Parque Mirador del Norte o el Parque Central de Santiago, entre otros, poseen un enorme potencial para materializar esta utopía sostenible. Su extensión, biodiversidad y uso comunitario los convierten en laboratorios ideales para implementar prácticas de economía circular. Estudios previos, como el de Ceballos, P. E. (s. f.), Regeneración, rehabilitación e integración: recuperando el espacio público de Santo Domingo a través del Parque Mirador Sur (Universidad Politécnica de Madrid), han identificado estos espacios como áreas estratégicas dentro de los cinturones verdes y sistemas ecológicos urbanos, con condiciones favorables para:

  • “Instalación de estaciones de reciclaje clasificadas.
  • Compostaje in situ con participación vecinal.
  • Integración de recicladores informales en sistemas cooperativos de gestión”

Estos elementos permitirían no solo una mejor gestión de residuos, sino una revalorización del espacio público desde una lógica de sostenibilidad con justicia social.

No obstante, como advierte Kohei Saito (2023), la economía circular no puede ser usada como “maquillaje verde” para seguir reproduciendo modelos de crecimiento insostenibles.

En su crítica señala: “Los discursos acerca de la posibilidad de realización de una sociedad sostenible a través de la economía circular son engañosos […] Tratar de hacer circular la economía es insuficiente. Hay que reducir el consumo de recursos naturales”. Este señalamiento obliga a pensar la economía circular no como una herramienta tecnocrática, sino como un cambio cultural y ético profundo.

En conclusión, la economía circular es más que un conjunto de buenas prácticas: es una propuesta de civilización. Su implementación en espacios como los señalados podrían contribuir no solo a mejorar la gestión de residuos, sino a construir ciudadanía ecológica, promover la justicia ambiental y fortalecer la democracia urbana desde abajo.

Economía Circular.
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Economía Circular. (Foto: Fuente externa)
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