El atleta ucraniano Vladislav Heraskevich fue descalificado de los Juegos Olímpicos de Invierno 2026 por el COI al intentar competir con un casco homenaje a deportistas ucranianos caídos en la guerra. Su caso generó un intenso debate sobre la neutralidad política y el duelo en el deporte.
Santo Domingo.-
El gesto de homenaje de Vladislav Heraskevich, atleta ucraniano de skeleton, terminó convirtiéndose en uno de los episodios más tensos de los Juegos Olímpicos de Invierno Milán-Cortina 2026. El Comité Olímpico Internacional (COI) no solo le prohibió competir con su “casco del recuerdo” —decorado con los rostros de deportistas ucranianos muertos en la guerra—, sino que finalmente lo descalificó del evento. La decisión desató un debate global sobre los límites entre la memoria, el duelo y la estricta neutralidad política que exige la Carta Olímpica.
Un atleta marcado por la guerra
Heraskevich, nacido en Kiev en 1999, no es ajeno al activismo. Fue el primer ucraniano en competir en skeleton en Pyeongchang 2018 y repitió en Pekín 2022, donde levantó un cartel con el mensaje “No a la guerra en Ucrania” apenas trece días antes de la invasión rusa. Desde entonces, ha utilizado cada competencia para visibilizar el sufrimiento de su país y exigir sanciones más duras contra el deporte ruso. En la ceremonia inaugural de Milán-Cortina, fue el abanderado de Ucrania.
El casco que encendió la controversia
Para estas Olimpiadas, Heraskevich quiso competir con un casco especial: un homenaje visual a atletas ucranianos caídos en la guerra. Lo usó en entrenamientos, pero el COI determinó que violaba la Norma 50, que prohíbe manifestaciones políticas, religiosas o raciales en espacios olímpicos.
El portavoz del COI, Mark Adams, justificó la decisión recordando que “hay 130 conflictos en el mundo” y que permitir mensajes vinculados a uno de ellos abriría una puerta imposible de cerrar. El jueves 12 de febrero, el COI anunció su descalificación.
Un intento fallido de acuerdo
El organismo ofreció una alternativa: competir con un brazalete negro en señal de duelo. Heraskevich se negó. Acusó al COI de “doble moral” y calificó el manejo del caso como “una farsa absurda”. El ucraniano citó ejemplos recientes y pasados: el patinador estadounidense Maxim Naumov mostró una foto de sus padres fallecidos sin recibir advertencias y el levantador alemán Matthias Steiner levantó la foto de su esposa tras ganar el oro en Pekín 2008.
Para el COI, esos casos no son comparables. Adams insistió en que se trató de gestos “espontáneos y humanos”, no de elementos preparados para competir.
La presidenta del COI, Kirsty Coventry, llegó a emocionarse al anunciar la descalificación: “Me hubiera gustado verlo competir. No se trata del mensaje, sino de la normativa”.
¿Era inevitable la sanción?
La recomendación del COI establece que cada infracción de la Norma 50 se evalúa caso por caso. Heraskevich recibió inicialmente la sanción máxima, pero horas después el organismo revirtió parcialmente la decisión: recuperó su acreditación y podrá permanecer en la Villa Olímpica, aunque no competir.
La medida provocó respuestas inmediatas: Volodímir Zelenski criticó duramente al COI: “El deporte no debe equipararse con la amnesia”. La Confederación Alemana de Deportes Olímpicos apoyó la descalificación, aunque reconoció la legitimidad del duelo ucraniano. La Asociación de Atletas de Alemania la calificó de “errónea y desproporcionada”, defendiendo el casco como “un acto de recuerdo pacífico”.
Un símbolo que trasciende la pista
El “casco del recuerdo” no llegó a competir, pero sí logró lo que Heraskevich buscaba: que el mundo hablara de los atletas ucranianos que ya no están. Su descalificación reavivó el debate sobre el papel del deporte en tiempos de guerra y sobre los límites —cada vez más cuestionados— de la neutralidad olímpica.lc