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El retorno a la democracia de los griegos

lunes 02 de febrero de 2026, 05:06h
El segundo mandato de Donald Trump amenaza con desmantelar la democracia occidental, regresando a un modelo excluyente similar al de la Grecia clásica. La tecnología y el capitalismo financiero contribuyen a esta crisis, mientras las nuevas generaciones, desconectadas de valores humanistas, se convierten en consumidores pasivos en un mundo cada vez más autoritario.

El ascenso de Donald Trump por segunda vez, a la presidencia de Estados Unidos de América (EUA) como presidente número 47, ha tenido por consecuencia liquidar la democracia occidental que, se dice, se inició en la Grecia clásica o Edad Antigua, allí la democracia nació como un poder excluyente de la mayoría de la población en provecho de una minoría considerada Eupátridas, es decir ciudadanos griegos con plenos derechos pero que, bajo un proceso dialéctico e histórico, se fue perfeccionando hasta convertirse en un modelo político incluyente.

El trayecto no ha sido fácil, pero, a decir del politólogo Robert Dahl, presenta progresos notables que permiten identificar sus etapas y medir su progreso en función de la capacidad de las sociedades para progresivamente incluir a nuevos sujetos sociales con derechos iguales.

Sin embargo, el segundo mandato de Donald Trump constituye un tránsito inverso, desaparece la dialéctica, desaparece el historicismo y nos adentramos a la tesis de Karl Popper para quien, la dialéctica como el historicismo son meras construcciones teoréticas sin ningún rigor científico, que, pueden perfectamente desconstruirse. Es la denominada fenomenóloga del saber mediante la cual, el hombre, dueño de su destino, decide asumir o renunciar a la dialéctica como al historicismo y, ciertamente, la desconstrucción fenoménica, permite encontrar salidas diferentes al destino manifiesto del historicismo y, helo aquí, aquel que tanto atacó a Platón de supuestamente ser sostenedor del autoritarismo, ahora aparece como su real sostenedor. Popper y su teoría sobre las miserias del historicismo están conduciendo a la humanidad a la consolidación del totalitarismo más execrable y, probablemente, a su éxito definitivo.

Donald Trump no se considera solo por encima del monismo del derecho del Estado hegemon que gobierna, sino que, se cree por encima también del derecho internacional. Es como si se hubiese operado una división práctica del trabajo de destrucción de la democracia occidental entre él y su homólogo sionista Benjamín Natanyahu.

Esto es, mientras Netanyahu ha destruido el derecho internacional y el derecho internacional humanitario con el aval de Trump, éste último, se está ocupando de destruir el orden jurídico de la nación de Abraham Lincoln que tanto fascinó a Alexis de Tocqueville.

Ahora bien, la realidad es que la empresa de estos dos ha sido facilitada por la destrucción de la ideología de izquierda que, calladamente realizó George Soros desde la USAID, quien, mediante una labor sistemática, cooptó a los lideres wokes o de izquierda moderada para el mundo anglosajón y socialdemocracia en el mundo latino, hasta llevar sus planteamientos humanistas hacia un laberinto kafkiano del cual ahora no encuentran salida.

Ya lo había advertido Lenin en su obra ¿Quiénes son los amigos del pueblo y cómo luchan contra los socialdemócratas? Además, advirtió Ilich que, su planteamiento tenía origen en el carácter antagónico de la lucha de clases, por eso entendía como fabula, como engaño cualquier planteamiento de conciliación de clases aun viniesen de voces tan autorizadas como la de Rosa Luxemburgo. De ahí la crisis de hoy en día por la que atraviesa la socialdemocracia occidental europea.

Ahora que tecnología y poder van a la par, se comprende mejor la crónica de la muerte de la democracia. Resulta que el capitalismo financiero que domina el mundo, lo hace hoy amparado en la tecnología digital, la cual, fulmina la democracia deliberativa, todo se ha automatizado en provecho del capital y esta tendencia continuará acentuándose hasta consolidarse con la toma del tesoro de EEUU que ya Donald Trump tiene sobre la mira. De ahí la expresión de Baugman de que hoy en día, los pobres ya no son necesarios.

Obviamente, los supremacistas blancos extienden el concepto de pobre de Baugman hasta concepciones étnicas y raciales que se entendían superadas pero que ahora están de vueltas. Es decir, la democracia de los griegos solo se plantearon la exclusión de estos, dándoles el estatus jurídico de cosas vivientes, de objetos útiles, ahora se plantea su aniquilación total por innecesario porque la Inteligencia artificial ocupará su lugar en los términos griegos, pero con mayor eficiencia.

¿Cómo se operó todo esto? A nuestro juicio, la izquierda no valoró, adecuadamente, el marxismo de siglo XX que estudio Michel Foucault, pero si lo hizo George Soros y la CIA. Lo comprendieron y lo deconstruyeron en su provecho, sin que los wokes de toda laya se diesen cuenta. Es que cuando las ciencias exactas pasaron a sustituir a las humanidades debieron ser humanizadas.

Por otra parte, se observa que, las nuevas generaciones han sido las más perjudicadas, pues nunca fueron marxistas, nunca estudiaron a Marx, por lo que la desconstrucción operada los hace presas fáciles del pensamiento ácrata y reaccionario, es decir las nuevas tecnologías carecen de valores y de sentimientos, por tanto, todo humanismo les es extraño, porque nunca lo conocieron y las máquinas jamás podrán enseñárselo, al revés, los enseñan a aborrecerlo cada vez más, porque las máquinas carecen del elemento sentimiento, del elemento moral, del elemento ético.

Es decir, las élites supremacistas tienen el problema de la critica critica resuelto por la tecnología como por una generación milenials que carece de dosis moral y que se aviene bien con el hombre unidimensional y con el hombre light, con el hombre plástico de Ruben Blades. La juventud de hoy se ha criado encerrada por la tecnóloga digital, por la virtualidad.

Así, no muestran agresividad, solo acuden a ella cuando son privados de objetos tecnológicos como la conectividad, cosa que ocurre de manera general frente a sus progenitores en sus hogares o, hacia afuera como ocurrió en Indonesia, en el momento en que el gobierno de ese país osó desposeerlos de la comunicación digital. Es decir, las nuevas generaciones no tienen una posición crítica, ni procuran el cambio social, no están adaptadas a valores, simplemente, desean acceder a las nuevas tecnologías, al bienestar del mundo de los objetos tecnológicos como al placer y al solaz esparcimiento, al turismo. No desean ser patriotas, desean ser ciudadanos con acceso al bienestar y a las nuevas tecnologías, al internet de las cosas, por ejemplo. Viven en el mejor de los mundos y son egoístas porque desconocen que ese mundo es el producto socialmente creado por las generaciones anteriores.

De ahí que, por ejemplo, en Europa y en Estados Unidos de América, las élites son ya conscientes de que las nuevas generaciones no tendrán acceso a los bienes de que disfrutaron sus padres precisamente porque no son productivos como sus padres, no han creado riqueza, sino que viven como parásitos de las riquezas creadas por sus progenitores, por tanto, no legarán nada a sus hijos porque solo la riqueza social es capaz de redimir al ser humano.

Por tanto, la crisis actual de las élites busca resolver la decadencia que viene y, por lo que, se han refugiado en la exclusión en el regreso a la democracia de los griegos. Claro, la exclusión viene acompañada de algo que ya ha iniciado en Canada, la renta universal, es decir, las élites pretenden otorgar un mínimo existencial a los excluidos, a los deshechos de la era digital. El problema es que como el Estado neoliberal está desguazando al Estado social, dicha renta será solo de subsistencia muy a lo George Orwell y su granja, a su hermano mayor.

No he tenido acceso a la opinión de Manuel Castell sobre este asunto, pero, estoy seguro de que opina igual. Obsérvese que, incluso, las ventas digitales, si bien tienen la ventaja de que la entrega es a domicilio, el tema de la garantía queda en un suspenso pasmoso y los compradores tampoco las exigen, hay toda una tendencia a renunciar a la tradicional garantía de toda operación de compraventa comercial y el derecho laboral está siendo paulatinamente desmontado. Eso mismo está ocurriendo en los espacios públicos, nadie, de las nuevas generaciones, está observando que está perdiendo su libertad.

Es más, no se hace ya la distinción entre espacio de lo público y espacio de lo privado. Esto se acentuará, salvo, allí donde las sociedades centradas en lo público, han abierto espacios de a lo privado. Quizás, se mantenga lo publico en el tiempo; en cambio, allí donde ha prevalecido lo privado, probablemente, la noción de lo publico no tenga dolientes.

Es decir, no tendrá demócratas. En suma, la clase media conservadora actual satisfechas con las migajas que recibe, legará un mundo de exclusiones a sus hijos y nietos. Su anti comunismo condenará al ostracismo, a la exclusión social, a sus herederos. Estamos a las puertas de un nuevo feudalismo querido por quienes aman las migajas que reciben hoy de sus abuelos.

Las luchas en las calles de Estados Unidos contra las deportaciones ofrecen similares actitudes, si bien hay protestas bien fundadas, se observación muchos delatores, es decir colaboración de ciudadanos con la fuerza que ejerce el Estado contra otros ciudadanos solo por su etnia, su color, su procedencia. Esto es: se observa carencia de humanismo que, hasta hace poco tiempo, eran impensables pero que, deberemos acostumbrarnos a ella porque en todo el Occidente, las derechas están de moda y subiendo las escalinatas del poder público y, ya tienen el poder privado.

Por tanto, avanzan hacia la liquidación del poder de lo público aun sea bajo el manto de alianzas público privadas. La ceguera de la pequeña burguesía no solo conservadora sino trepadora, como ayer al fascismo, sirve hoy al retorno de la democracia de los griegos. DLH-1-2-2026

Jóvenes manifestantes sostienen pancartas sobre democracia en una ciudad moderna al atardecer, ante rascacielos.
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Jóvenes manifestantes sostienen pancartas sobre democracia en una ciudad moderna al atardecer, ante rascacielos. (Foto: Imagen generada por inteligencia artificial - Cibeles AI)
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