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Luisa Becker

«Parece, amada esposa, que estábamos destinados a ir a ninguna parte en la vida; así lo pensé cuando te conocí, lo intuía, no sé por qué; y lo abandoné todo, dejé de escribir, perdí el interés en fotografiar la montaña, y en vez de pintar marinas al óleo, me conformé con mirar el horizonte marino, desde la playa».
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