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Fotos de Ysabel.
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Fotos de Ysabel. (Foto: Cortesía)

Carta de Ysabel: Quiero agradecer

Por Milton Tejada C.
miércoles 22 de septiembre de 2021, 19:54h
Queridos hijos, hermanos y amigos:

Estoy en el proceso de recuperación. Ese proceso no ha concluido, pero no quiero esperar que concluya para manifestar el valor que doy a la multitud de personas que se han hecho presentes, de modos diversos, y a los que digo: gracias, gracias, gracias…

Sé que es difícil porque el espacio para escribir es poco y porque mi memoria me coloca en el riesgo de olvidar detalles importantes, amorosos, claves en el proceso.

QUIERO AGRADECER. A ustedes, mis hijos: Laura, Juan, Luis y Carlos. Ustedes me sostuvieron con su apoyo emocional, sus llamadas, sus preocupaciones por mí. Ustedes son solidarios, tiernos, amorosos, tanto conmigo como con su papá, mi esposito. A ustedes, mi gratitud, así como también para esas hijas que Dios me ha dado: Ale y Diana, hermosas chicas que amo.

QUIERO AGRADECER. Ya en un primer escrito agradecí a mis padres. Hoy quiero agradecerles a ustedes, mis hermanos biológicos, sangre de mi sangre. Ustedes son cinco joyas que Dios eligió como mis hermanos (Susana, Máximo, Rosa, Fernando y Christian). Su apoyo ha sido de valor inestimable. Inmerecido por mí. Estuvieron pendientes de mí. Viendo cómo me sentía, apreciando cómo iba mejorando. Incluyo en esto a sus esposos: Indira, Adamilka, Luis Milton y Vanessa.

QUIERO AGRDECER de modo especial a mi hermana Susana, o simplemente Susanita. Tú has sido una persona que ha estado presente en este proceso desde antes de la cirugía. Me acompañaste a citas médicas, en el hospital, en diligencias post-operatorias, a laboratorios. Te quedaste conmigo cuidándome, me bañabas todos los días hasta que pude hacerlo por mí misma… Nunca te agradeceré lo suficiente, Susanita.

QUIERO AGRADECER. En el entorno hogareño a ti, Luisa, una mujer que no eres hermana biológica mía, pero que muchas noches venías a dormir conmigo estando yo en casa de mis padres, porque yo corría el riesgo de caerme de la cama, porque no podía levantarme sola, porque necesitaba apoyo en las noches o en las madrugadas… ¡Gracias, Luisa, aprecio mucho tu amor!

QUIERO AGRADECER. A ustedes, mis hermanos de la fe. Los de cerca –los de mi Iglesia- y los de lejos –de otras iglesias pero que compartimos este caminar en presencia del Señor-. Y empiezo por ustedes, mis pastores, Rocío y Rafael, que estuvieron conmigo, que me llamaban, que me visitaron tan pronto pude recibir visitas. Su amor y su cuidado muestran lo que son: pastores, nunca me dejaron. Y a ustedes hermanos –que no nombro porque son tantos y tantos- quiero agradecerles sostenerme en oración, en estar pendientes, en llamarme o escribirme (aun cuando no podía tomar llamadas o escribir y lo hacía mi esposito): dando seguimiento a mi salud, a mi caminar espiritual, a mis luchas, mis victorias, mis avances…
Esa cobertura ha sido algo maravilloso y Dios ha hecho en mi milagro tras milagro oyendo el clamor de ustedes por mí. Así lo he sentido, así lo he vivido, así lo asumo como una maravilla de saber qué bueno es vivir los hermanos en armonía (Salmo 133:1).

Todavía hoy voy a la Iglesia y mucha gente que no conozco me dice: estamos orando por ti. El poder de la oración, mis hermanos, es increíble. Nunca lo duden. Para ustedes, mi agradecimiento y amor (amor que viene de mi padre del cielo y me envuelve).

QUIERO AGRADECER. A amigos y amigas sinceros, que se han hecho presentes en este tiempo, que estuvieron cercanos. Que contestaron solidaria y amorosamente mensajes que mi esposito colocaba en las redes, que llamaron, que escribieron, que me visitaron. Son amigos que me hacen recordar lo que dice Proverbio 17:17: “En todo tiempo ama el amigo y es como un hermano en tiempo de angustia”, porque así ha sido.

Esta multitud me ha levantado delante de Dios y me ha sostenido en medio de esta prueba, y estoy hoy más fortalecida que nunca. Mi Dios es bueno, siempre bueno, maravillosamente bueno, lo digo con emoción, con ternura, con convicción.

“Den gracias al SEÑOR por su fiel amor, y porque él hace hasta lo imposible a favor de nosotros” (Salmo 107:8).

Con gratitud y amor,

Ysabel.
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