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Exigimos respuestas y que se practique la buena política.
Exigimos respuestas y que se practique la buena política. (Foto: Cortesía)

La buena política en República Dominicana

Desde un punto de vista filosófico, existen varias teorías que se contraponen entre la posibilidad de definir la política como buena o mala. Maquiavelo, por ejemplo, aseguró que la política no es más que el arte de gobernar, de establecer orden en el Estado; y que sólo el gobernante –partiendo de sus principios éticos y morales- es el que se corrompe.

Desde la experiencia como individuos, inclinarse hacia un punto de vista o el otro, dependerá mucho de lo que como sociedad recibimos desde el Gobierno y su gabinete.

En la República Dominicana, hemos vivido una historia política algo turbulenta. Solo con el resumen de los cambios bruscos que experimentamos desde principios del siglo XVIII, es fácil asumir la idea de que la buena política no existe.

Tras ser declarada la República, hemos sido representados por 54 presidentes; vivimos 22 años de ocupación haitiana, un primer gobierno que nos llevó a la anexión a España, la cual posteriormente nos llevó a la lucha de la Restauración. Luego tuvimos una primera dictadura, dos intervenciones norteamericanas, más de 30 años de la dictadura trujillista y otros gobiernos en los que la opresión y la “mala política”, se podría decir, era la protagonista.

En los últimos años, esta visión ha estado cambiando y mucho tiene que ver con el despertar de nuestra sociedad, que cada vez exige más transparencia, respeto en la administración de los bienes públicos y respuestas ante las necesidades básicas de educación, seguridad y creación de oportunidades.

Tal y como manifestemos en una de nuestras publicaciones en febrero de este año, el pueblo tiene lo que se merece y como dominicanos nos hemos hecho conscientes de que merecemos mucho. Quizás por eso, en las elecciones pasadas, emprendimos la acción de votar con consciencia, por propuestas a favor del bienestar común y no a cambio de unos pocos pesos.

Ahora exigimos respuestas y que se practique la buena política; esa que antepone la justicia sobre la injusticia, las carencias del pueblo sobre el enriquecimiento individual de un grupo, la que se fundamenta sobre el respeto de leyes de nuestra Constitución y que aporta los beneficios que nos colocan en la vía del progreso.

Entendemos que poco a poco estamos dejando el conformismo atrás. De momento apostamos por la propuesta de cambio que nos ofreció el actual gobierno con las expectativas al máximo y la lupa puesta en las acciones y decisiones que hasta ahora han sido tomadas; aplaudiendo lo bueno y criticando lo malo.

Hasta la fecha, saludamos como positivas medidas el cierre de organismos públicos que sumaban gastos innecesarios, la renuncia –por parte de algunos funcionarios- a privilegios como el barrilito y exoneraciones y, recientemente, la propuesta de cambiar el logo que forma parte de la estrategia que posiciona al país en el extranjero luego de que aparentemente, se dijera que resultó un plagio.

Estas decisiones son sinónimo de que el pueblo está siendo escuchado, lo cual representa un impulso para despertar la esperanza y continuar alzando nuestra voz como nación.

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