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Aprendiendo a envejecer

sábado 26 de septiembre de 2020, 21:07h
Hay una canción de Alberto Cortez, fallecido artista argentino, donde define la vejez como “la más dura de las dictaduras”, concepto con el que disiento por no representar en lo absoluto y a mi ver, en nada la realidad.
Lo que sí es real, es que para una inmensa mayoría no es grato pensar en ello. Sentimos cierta incomodidad cuando se entabla alguna conversación al respecto, o cuando nos miramos y notamos el paso de los años, cuando los hijos crecen, se van, y de repente tomamos conciencia del paso del tiempo.

Proceso evolutivo ineludible del ser humano: nacer, crecer, desarrollarnos, reproducirnos, envejecer y partir. Nos guste o no, lo aceptemos o no, la existencia terrenal esta sellada por lo antes expuesto.

Uno de nuestros grandes aprendizajes necesita ser, el aprender a vivir cada etapa de la vida con la mayor plenitud posible. Atravesar cada una de ellas sin querer acortarlas ni extenderlas. Explorarlas, disfrutarlas, aprovechar sus momentos mágicos y sus momentos de tristeza, sacarle partido a cada diferente situación que se presenta, y cuando llegue el momento de pasar a la siguiente saber cerrarla. El punto neurálgico con la vejez, es que sabemos en nuestro interior que es la antesala del viaje, luego de ahí no hay más en este plano terrenal.

El saberse o pensarse anciano tiende a provocar miedo, angustia e inseguridades. Nos asaltan por lo regular pensamientos que alimentan estas emociones causando mucha inquietud, y que provocan en muchos de nosotros la inclinación de estirar la etapa de la adultez, intentando engañosamente no cruzar un puente que al final de cuentas es inevitable. Entonces, hay que aprender a envejecer.

Siempre he sostenido que la zapata de una buena ancianidad se encuentra en las etapas anteriores, y esto con muy pocas excepciones. De ahí la importancia de haber vivido una vida en base al sentido y no en la vaciedad, de haber llenado nuestros días con actos valiosos y trascendentes. Es el sentido de vida y los actos valiosos dirigidos hacia algo, hacia alguien, orientados y respondiendo a valores lo que nos servirá de soporte en esa etapa de la vida, además lógicamente, de la forma en que hemos ido cuidando nuestro órgano psicofísico, y la importancia que hayamos dado o no a nuestro mundo interior.

Por lo tanto hay que comenzar a realizar y dar forma al trabajo desde antes, dándole continuidad sin descuidarlo cuando se está inmerso ya en dicha etapa. Hay un refrán que nos recuerda que nadie se muere la víspera, por lo tanto necesitamos seguir haciendo la tarea, viviendo en la medida de lo posible una ancianidad activa, productiva y digna hasta el último segundo de existencia.

Y para reafirmar más aun la idea anterior, les comento que los científicos de la Universidad de Harvard han llegado a la conclusión de que las personas conservan intactas sus facultades mentales hasta alrededor de los 70 años, y un 30 por ciento llega sin ningún problema hasta alrededor de los 80 o 90. Al mismo tiempo revelan que es de gran influencia para lograr esto el llevar una vida activa con diferentes pasatiempos, y el tener una preparación académica.

Por el contrario, quienes llevan una vida sedentaria, o no tienen por que luchar muestran un deterioro prematuro de su inteligencia. De ahí la importancia del sentido.

Citemos también a la doctora Rocío Fernández Ballesteros, prominente investigadora del proceso de envejecimiento de la Universidad Complutense de Madrid, quien asegura que al envejecer, la salud y la longevidad dependen en un 25% de aspectos físicos y en un 75% de aspectos conductuales. Y aquí vemos la importancia de desplegar los valores de actitud.

Analicemos algunos ejemplos. El dóctor Viktor Frankl fundador de la Tercera Escuela Vienesa de Psicología, la Logoterapia, vivió hasta los 92 años. Trabajó y se mantuvo activo escribiendo e impartiendo clases de forma regular en la Universidad de Viena hasta los 85. Nelson Mandela falleció a los 95 años, y fue elegido presidente de Sudáfrica a los 76, gobernó hasta los 81 . Mozelle Richardson recibió a los 90 años el título de periodismo de la Universidad de Oklahoma. Nola Ochs a los 96 años obtuvo el bachillerato universitario en letras. Pero también podemos observar personas que aún sin preparación académica y manteniéndose activas en sus diferentes oficios, llevan una vejez placentera y productiva. La clave de todo lo anterior se llama aceptación, sentido y actitud ante la vida.

Siendo así, que necesitamos incorporar y mantener? A continuación algunas ideas.

Adquirir y mantener hábitos saludables sobre todo en la alimentación. Nuestro cuerpo debe cuidarse.

Usar el tiempo libre de que se dispone para realizar actividades intelectuales, recreativas, de esparcimiento. Ejemplo, asistir a charlas, talleres, jugar ajedrez, resolver sopas de letras, crucigramas, inscribirse en algún curso, aprender una nueva habilidad, realizar ese sueño que quedó pendiente.

Piense en un nuevo proyecto de vida a desarrollar, algo que le acompañe a trascender.

Pasar tiempo con los amigos, hacer anécdotas, rememorar momentos felices, salir al cine, a comer o a cenar. Si en estos momentos no puede de forma personal hacer algunas cosas, aproveche la tecnología. Lo importante es mantenerse conectado.

Seguir congregándose en sus comunidades si pertenece a alguna religión. Las estadísticas muestran que las personas mayores en soledad tienden a presentar más problemas cardiovasculares, siendo los hombres quienes llevan la delantera puesto que las mujeres tienden a socializar más.

Mantenerse aportando desde algún rol, lo que le acompañará a mirar que es útil y puede aún dar a la sociedad. Ejemplo, hay señoras mayores que bordan o cosen para orfanatos. Otros se ofrecen de voluntarios en fundaciones, patronatos, bibliotecas, iglesias, etc.

Mantenerse comunicado con su familia permanentemente. Proponerle a los hijos, nietos que les enseñen acerca de las nuevas tecnologías.

Realizar caminatas al aire libre preferiblemente en compañía.

Mantener una buena actitud hacia la vida y saber que hay sentido más allá de los años, las canas y las arrugas.

“Los años pueden arrugar la piel, pero renunciar al entusiasmo arruga el alma.” Samuel Ullman
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