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El nacimiento de un abuelo sin tiempo

domingo 01 de septiembre de 2019, 23:04h
Trabajadores del campo dominicano.
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Trabajadores del campo dominicano. (Foto: Fuente externa )
“La única forma de soportar la existencia es aturdirse en la literatura como en una orgía perpetua”. Gustave Flaubert.
  • Abuelo, la vida de pobreza siguió su curso en la parte española. Sé que nuestra familia más cercana, la de su padre, ya mezcla de razas y culturas, nació a mediados del siglo XiX en el valle de la Vega Real, cuando la pobreza comenzaba a ser sobria y respetable, como usted gusta definirla, y que la mayoría absoluta de nuestra población era ya campesina y mulata.

¿Cómo vivíamos entonces cuando ya Mencía no era más Mencía, Mogave no era más Mogave y Anastasio Frómeta no era ya un capataz de una hacienda colonial y donde todos nos habíamos transformados en mulatos tridimensionales desde el siglo XVII?
  • El cerebro siempre lúcido de Don Emilio Rodríguez Demorizi nos lo recuerda: "El campesino del valle siempre fue muy trabajador, se cuidaba de andar con ropa limpia y aunque muchas veces caminaba descalzo, difícilmente pedía dinero prestado. Cifraba su mayor empeño en tener seguros los plátanos para su sustento, la montura para su comodidad, y el café y tabaco para sus momentos de ocio; y dos o tres pesos para apostar a los gallos o para la fiesta del fin de semana. Le dominaban tres pasiones: el juego, las fiestas y el caballo. En asuntos de amistad era comedido y servicial, no con largueza, pues era parco en ceder lo suyo a título de desprendimiento, a menos que lo guiara la pasión amorosa. Cuando se enamoraba, sacrificaba todo a la amistad, lo mismo el recuerdo de lo pasado que la realidad de lo presente. Cortés, franco y sencillo, para todos tenía en los labios un saludo y una frase de buen humor. Ser hombre de palabra era el concepto máximo que él concebía como la síntesis de la hombría de bien".
  • ¿Todavía no se interesaba por ser rico y educado, como ahora?
  • " Por lo común el hombre de campo vivía entregado a la monotonía de su simplicidad, sin que le preocupara demasiado el incentivo de la riqueza, cuyo contacto ignoraba, ni el amor de los libros, cuyo trato desconocía. En su tosco bohío, se guarecía la familia: rústicas tablas de palmera o astillas de baitoa asidas verticalmente con bejucos, formaban las paredes del bohío. La vivienda, dividida en dos compartimentos, uno de ellos hace las veces de sala y allí se recibe las visitas, y el otro de aposento. La sala se reduce a un pequeño mobiliario que lo componen algunos taburetes de madera blanca o sillas de guano; una meseta de madera sin pulir y un tinajero formado con un palo de tres ganchos a modo de trípode invertido, que sostiene la tinaja a cuyo lado se destacan más de veinte coquitos de jigüero, calabacitas blancas por el pulimento. El aposento era una habitación destinada a descansar durante la noche. A medida que crecía la familia se añadía otra habitación, para los hijos".
  • ¿Y naturalmente, la familia era el centro vital de su vida campesina?
  • " La familia, casi siempre numerosa, estaba compuesta en su mayor parte de chiquillos desnudos, de crecido abdomen, con el ombligo saliente por imprevisión en su corte de la comadrona, quienes se escabullían llenos de vergüenza y timidez a la vista de un desconocido. Decimero y fumador desde niño, este hombre musculoso y de mediana estatura trabajaba todo el día en sus conucos de seis a seis, como él decía; y es feliz fumando o silbando cuando tiene la boca cerrada y cantando cuando la tiene abierta. Madruga para ordeñar la vaca o la cabra, y amolar el machete, mientras la mujer, rodeada por los chicos hacen guardia alrededor del caldero incitante. El desayuno, batata y leche casi siempre, lo sostiene hasta el medio día en la tumba del monte, cuya madera dispondrá en trozos horizontales de mayor a menor por orden de grueso, apuntalados con estacas fijadas en la tierra hasta formar las cuerdas de leña que venderá como combustible de las máquinas de vapor del central azucarero más cercano. Puntual en las horas de trabajo y en las de descanso, su reloj durante el día es el sol. Calcula las horas observando la sombra del bohío y la situación de las estrellas, de tal modo que cuando despierta y dice: "las cuatro" es un reloj el que habla. El rebuzno o el canto del gallo le sirve de pauta para fijar las horas. Con sólo oler el aire y mirar hacia las nubes ya sabe a que hora lloverá y si la lluvia será jarina o lluvia torrencial".
  • Abuelo, hablemos de sus pertenencias y mobiliarios caseros.
  • En vez de neveras, como es hoy habitual, el campesino usaba tinajas; la radio, sueño de la voz, donde la había entonaba a Pedro Infante y a Jorge Negrete y eran muy populares los mariachis mexicanos, lo que habla de su buen gusto musical; la guitarra rústica, es la natural ventana hacia la canción de amargue; se cocinaba en anafes, en una cocina que es un espacio separado de la casa, por algunos metros de distancia y no en estufas; la televisión, en blanco y negro no había tocado tierra adentro; no existía electricidad en los campos, las casas se alumbraban con jumeadoras, el burro era el medio de locomoción por excelencia para transportar víveres, productos o cítricos que se vendían en el poblado más cercano, el motor no había entrado por las bayahondas, el maestro rural era junto al alcaide y el cura un hombre de poder. Entonces, los campesinos, tan distintos a los de ahora, analfabetos en su mayoría y doblados sobre sus espaldas, tenían hijos por docenas; no existían todavía visas para un sueño, la diversión era el río más cercano, el canal de riego apenas formaba parte del progreso y el carro solitario, casi pidiendo permiso, transitaba despacio por carreteras polvorientas pobremente asfaltadas.
  • Cuando la pobreza era sobria y respetable, la vida en los campos se fundamentaba en lo que cada parcela sembraba y cosechaba, pero siempre se vendía algo en los poblados. El campesino casi no migraba pero mientras más vendía en los poblados cercanos, más empezó a mirar para allá. Los pueblos entonces eran pequeñas aldeas. La tarea de tierra se compraba entonces por centavos y el deporte nacional ya era el béisbol.
  • Abuelo, ¿realmente el campesino de entonces se alimentaba bien?

"No lo creo. El campesino en su mayoría se alimentaba mal. No por falta de alimentos sino por ignorancia en la forma de combinarlos. Sólo hacía una comida abundante en todo el día, a veces poco nutritiva. Se aseaba en el río y hacía sus necesidades generalmente en el monte con papel de tusa; sólo en los días feriados se quitaba su ropa habitual, raída o desteñida por el uso y usaba el mejor vestido. No había un habitante del valle que no tuviera su conuco donde no fuera también numerosa la crianza de aves de corral.

Mi querido nieto, éramos todavía una aldea. Para entonces, yo era ya un hombre hecho y derecho y recuerdo que la ciudad capital de Santo Domingo, apenas llegaba por el norte hasta lo que hoy es el parque Olímpico, en cuyas proximidades se construyó el aeropuerto internacional General Andrews; por el este, apenas llegaba hasta la Abraham Lincoln y por el oeste hasta el puente Duarte. Más allá de esos dominios, la capital era monte y mar.

Entonces, eran contadas las casas de los pocos barrios suburbanos de la capital, que disponían de neveras, estufas, radios o televisión en blanco y negro. La clase media todavía no existía y te estoy hablando ya de la mitad del siglo XX, de la década 1940-1950. Todavía el dominicano no conocía el significado de las dos leyes de la caída libre de los cuerpos de Galileo. Y menos aún había aplicado estas dos leyes al sistema de caciquismos partidarios, para diferenciar democracia de hecho y democracia de palabra, porque vivíamos en el selecto mundo de los carpinteros, en una tiranía, en medio de nuestras tradicionales montoneras.

Entonces salir de la pobreza, costaba a una familia unida y trabajando muy duro, veinte o treinta años de tiempo y de recursos, por lo menos. Pero cada familia unida, tenía ya un plan de ayuda preestablecido, de largo plazo, donde los hermanos mayores ayudaban a los hermanos menores de manera desinteresada, y todos salían de la pobreza en forma escalonada. Ese y no otro fue nuestro modelo dominicano para vencer la pobreza, en sus inicios, y ha sido un modelo totalmente olvidado de forma inexplicable ahora, por los organismos internacionales, cuando la pobreza es ya un tema universal.

Cuando que la pobreza era sobria y verdadera, no una moda consumista como lo es ahora en el siglo XXI, no habíamos dejado atrás las tierras vírgenes, las regiones de aguas estancadas, las minas inacabables, las familias nucleares en una prole numerosa, los bosques infinitos, la abundancia de tierras y de aguas, las buenas costumbres y las tradiciones y enseñanzas patriarcales, y nuestros pobres no pensaban ni sentían como ricos. Y tenían razón. Para salir de esa pobreza sobria y verdadera, muchos de nosotros tuvimos primero que marcharnos a los poblados o a tierras extranjeras, a poblar el mundo. Muchos están todavía atrapados en las redes de aquella bucólica pobreza campesina.

En mi caso, si no hubiera sido por el tesón de mi mujer, que era una comerciante con agallas, quién sabe si pudiera contarte esta historia que me apresto a relatar.





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