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Bendita sexualidad...
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Bendita sexualidad... (Foto: Alfonso M. Becker)

Bendita sexualidad…

El irresistible atractivo sexual de Pepi "la guapa"

Un relato de Alfonso M. Becker que, hace años, dio la vuelta al mundo y se tradujo a muchos idiomas.

Josefina Pérez, española de nacimiento y Miss Madrid a sus tiernos diecinueve años, estaba un poco nerviosa ante la proximidad del examen final para convertirse en oficial de policía del estado de Florida pues todos sus compañeros hispanos de la Academia de Broward le dijeron que sus posibilidades eran prácticamente cero ya que no tenía ninguno de los títulos requeridos por la jefatura de estudios del Broward College para conseguirlo, a saber, un título universitario relacionado con el Derecho o la Criminología, perfecto conocimiento de la lengua inglesa, habilidades sociales para tratar con la diversidad social que compone la Florida y el temple necesario para el uso de la porra y de las armas de fuego al tratarse de una mujer excesivamente delicada y femenina para un empleo de tantísimo peligro…

Es decir, que era guapa, pero parecía tonta de remate… y lo más importante de todo es que no era ciudadana de los Estados Unidos... Sin embargo, ella se miró al espejo, se ajustó las tetas, se volvió un poquito y -de reojo- se miró el trasero, después acercó de nuevo su bello rostro al espejo, sacó un poquito la punta de la lengua y se dio brillo con saliva en sus carnosos labios, rojo púrpura… y comprendió enseguida que tenía todas las posibilidades del mundo para conseguir la nacionalidad estadounidense y su sueño de ser una temible agente de la ley.

Así que se puso guapa y fue a entrevistarse con el jefe del Miami Police Department porque le dijeron que una recomendación de las altas jerarquías policiales y otras agencias locales, eran prácticamente irrechazables ya que se trataba de una sugerencia con mucho peso profesional y político en Capitol Hill... tenía que decirle a ese jefe, que haría cualquier cosa en esta vida para conseguir su objetivo porque ella era huérfana, no tenía a nadie en esta vida que la protegiera en un mundo tan violento y solo necesitaba el calor de un hombre inteligente y culto que le enseñara todo lo que una mujer tiene que saber y el camino correcto para hacer realidad su fervorosa ansia de proteger a la comunidad y no defraudar nunca a su pigmalión en la tarea de servir a los ciudadanos.
  • Quiero que sepa que me llaman Pepi "la guapa" porque me tienen envidia -aclaró Josefina Pérez- y no reconocen ninguna otra de mis cualidades salvo mi indiscutible atractivo. Me odian porque soy la más sexy de la promoción, es algo demasiado evidente, mis compañeras no pueden verme porque tengo las medidas perfectas para una mujer y todos los hombres me miran con deseo libidinoso e incluso asqueroso, algo que no solo se nota en sus miradas sino que más de uno me ha dicho guarrerías sexuales cuando paso por su lado... He sido objeto de acoso sexual mediante tocamientos invisibles..
  • ¿Tocamientos invisibles? -preguntó sorprendido el capitán John Pigmalión.
  • Sí... tocamientos invisibles -contestó Pepi- porque constantemente me acarician las nalgas y cuando me vuelvo para ver quién ha sido todos disimulan y nunca identifico al agresor, entonces otro aprovecha y me coge las tetas mientras tengo la cara vuelta. No tengo a nadie que me proteja entre tanta gentuza ordinaria y machista... No sé si debo decirle lo último que me ha pasado porque me parece un poco fuerte, pero ayer se me cayó el bolígrafo en el campus y cuando me incliné para cogerlo... me tocaron la vulva... ¿Entiende lo que quiero decir? Me cogieron el monte de Venus… Solo pido su ayuda y comprensión. Quiero ser policía y se lo agradeceré eternamente.

Pepi medía un metro noventa de altura y con sus sandalias de tacón de aguja sobrepasaba los dos metros... Era rubia con melena vintage, de ojos verdes y con unos labios rojos carnosos que invitaban a la complacencia en los deleites sensuales, una preciosa boca que hacía bella cualquier palabra que dijera, y eran bellos todos los vocablos expresados en español por una hermosa mujer, en la flor de la vida, que estaba para comérsela y que poseía las tetas más hermosas que el capitán norteamericano había visto en toda su vida.

Desde luego tenía un cuerpo perfecto y un grado de feminidad tan exacerbado que se podía certificar con solo recorrer con la vista, en un solo segundo, su exquisita anatomía, de arriba a abajo... No le faltaba un detalle a aquella preciosidad de criatura. Las uñas de sus manos estaban pintadas de rosa nacarado y las de los pies de rojo brillante con puntitos de oro... Conforme le iba explicando sus padecimientos en la academia, adoptaba las posturas explicativas para la ocasión, es decir, se agachaba para coger el bolígrafo y -efectivamente- dejaba a la luz pública el precioso bultito de su vulva ligeramente tapada por unas bragas negras transparentes que no podían ocultar nada de la indiscutible belleza de su parte más íntima.

Al capitán John Pigmalión, de cincuenta años muy bien llevados, no le cabía la menor duda de que Dios le mandaba esa criatura del Señor como premio a su incansable e irreprochable trabajo al servicio de los ciudadanos de Miami y al amor a su patria americana. Solo un Dios patriota, un Dios genuinamente yankee, podía regalarle, en plena fiesta del 4 de julio, ese sueño de mujer que ningún hombre en su sano juicio puede rechazar.

Noche de amor junto a la computadora sexual del crimen...

Naturalmente, siempre en su afán de ayudar y en nombre de la pedagogía policial, el capitán John Pigmalión, arregló una cita con Pepi "la guapa" en el último piso del Sonesta Coconut Grove Hotel, un apartamento de lujo de 500 metros cuadrados habitables que, en realidad, era una tapadera que ocultaba la computadora central de la policía estatal, la más grande base de datos sobre el crimen sexual... Allí todos los delitos sexuales estaban registrados; desde una monja que asesinó a una madre soltera para poder quedarse con su hijo, un hermoso y precioso afroamericano de quince años, y hacerlo padre de sus cinco hijos, hasta un pervertido del Partido Demócrata que mantenía relaciones sexuales con animales de granja e incluso con un cocodrilo...

Estamos hablando de una vivienda de superlujo que solo era privilegio de uso del jefe del Miami Police Department... una forma de pagar y gratificar, en especie, al ángel guardián de la seguridad de todos los ciudadanos de la península de Florida. En su idílica terraza, tan grande como una cancha de basketball, el capitán invitó a esa preciosidad de candidata a policía, a un mojito con el triple de ron de lo habitual, zumo de lima y limón, hielo del polo Norte y una exótica ramita de hierbabuena... Entonces, Pepi "la guapa" se lo bebió de un trago y, con la copa aún en la mano, tiró de John hacia la cama art déco en la que podían tumbarse bajo la luna sexual de Miami que, por si la gente común no lo sabe, tiene forma de vulva femenina con su vello púbico y todo...

Fue así como el jefe máximo de la policía de Miami conoció el encanto angelical de Pepi y la tremenda candidez y habilidad de esa exquisitez de hembra para desnudarlo con la dulzura de una sola mano mientras sostenía la copa de mojito con la otra. Después, aquella joven tan linda, deshizo un lazo coqueto que tenía en el hombro y se quedó totalmente en pelotas ante su protector... cogió la ramita de hierbabuena y, a modo de hisopo, esparció el agua bendita del mojito por todo su depilado monte de Venus para suplicarle al capitán:
  • Calma el escozor de mi delicado clítoris, cariño mío, y no olvides nunca que si cuidas de mí, este papo será tuyo para siempre -dijo delicadamente Pepi- Es un poema que compuse ayer..

John Pigmalión no podía creer que aquello que estaba ocurriendo pudiera ser verdad. Abrió la boca y sacó su lengua como si fuese a "comulgar" y cuando terminó su labor de dulcificar la cavidad femenina de su amada dijo claramente "amén"… Lo dijo con fervor cristiano y la tumbó en la cama susurrando el "yo pecador me confieso a Dios"… Lo que indicaba, claramente, que era un buen hombre. Hizo el amor con la hermosa Pepi agradeciendo al Creador el contemplar tanta belleza en Pepi “la guapa” mientras los pezones de sus puntiagudos pechos bailaban sobre glándulas mamarias enloquecidas ante las acometidas del más grande héroe de la policía de Miami.

Fue en ese momento, cuando la dulce y a la vez agitada marea del orgasmo se acercaba poco a poco para romper en los acantilados del amor, cuando recordó que estaba casado y tenía cinco hijos... "Me cago en la leche... esto es un pecado" -pensó el capitán- también pensó que si un hombre era capaz de filosofar en el transcurso del más bello trance amoroso, podía explicar su comportamiento y rechazar de plano cualquier idea de remordimiento si era el Dios del cielo quien le enviaba esa "Eva" para que fuera feliz en el paraíso terrenal de Miami...

Reflexiones filosóficas en torno a un maravilloso himeneo...

Tenía claro, el capitán Pigmalión, que el hombre es muy distinto a la mujer. Las mujeres no suelen meterse en berenjenales filosóficos porque están más concentradas en su belleza personal y en sus trapitos a la última moda... y mucho menos se van a preguntar de dónde venimos o hacia dónde vamos mientras les llegan los delirios por el clítoris... Toda la complejidad del fetiche femenino se concentraba en un prodigio de la naturaleza para perpetuar la especie... Los malditos sociólogos, ateos libidinosos, argumentan que el irresistible atractivo sexual de la mujer es un mensaje genético para perpetuar la especie... sin embargo, un buen creyente como John Pigmalión estaba seguro de que Dios le estaba diciendo que hiciera el amor cuanto antes a esa muchacha para multiplicar la especie, antes de que se la folle otro listo…

Escuchaba, dentro de su cabeza, las palabras de Todopoderoso, las palabras más poéticas y sagradas al tratarse de un Dios sabio, omnipotente y misericordioso. Es decir, según el mensaje divino, estaba obligado a procrear media docena de bebés policías por el bien de la comunidad y en cumplimiento de una orden divina... Pepi era el más perfecto animalillo sexual femenino que había visto en su vida y estaba claro que no iba a dejar pasar la gran oportunidad de su existencia, el último tren hacia la felicidad que solo puede proporcionar a un hombre maduro de cincuenta años, una gacela salvaje de apenas veinte a la que se le había metido en la cabeza ser policía...

¿Estaba pecando realmente o simplemente estaba recogiendo la hermosa fruta que el Altísimo le ofrecía? Por otro lado, el de la disquisiciones filosóficas, el hombre culto se ha pasado toda la evolución humana preguntándose si existe realmente Dios o era un invento de los malditos predicadores televisivos que curan paralíticos tetrapléjicos en directo... O que le saquen el demonio que llevan en el útero a las mujeres malas que engañan a sus maridos...

Al capitán de la policía no le cabía la menor duda: Dios existe porque es el creador de todo, absolutamente de todo, incluyendo la vulva de las mujeres, por tanto, el promontorio púbico de la hembra también existe y no es, en modo alguno, producto de la mente calenturienta del ser humano masculino. Estaba claro de dónde venimos… porque venimos de un papo, vamos hacia un papo; los hombres nos pasamos la vida buscando papos y somos el producto natural del ayuntamiento entre un papo y la materia masculina fabricante de espermatozoides... "Papo necesita espermatozoides y espermatozoides necesitan papo"...

Y en ese momento en el que pensaba en los espermatozoides, explotó el orgasmo y el cielo de Miami se llenó de fuegos artificiales que competían con las estrellas y la luna, en fulgor y luminosidad, en un inolvidable 4 de julio que se le quedaría para siempre en su memoria sexual hiperbólica. “Dios Santo… qué día más patriótico”...

"Me has hecho tuya, cariño... ahora tienes que cuidarme y hacer de mí la mejor policía del mundo"...

En solo una semana, John Pigmalión, lo arregló todo para que Pepi "la guapa" no solo aprobara el examen sino que saliera de la academia con el grado de sargento de policía... Solo tendría que estar la chica unos tres meses de prácticas en la Florida Highway Patrol con jurisdicción para aplicar la ley sobre el Estado... Mientras tanto, el capitán Pigmalión, movió sus contactos y le proporcionó todo tipo de diplomas y acreditaciones que la presentaban como la mejor policía de un patrullero, una mujer que era, prácticamente, especialista en todo; cursos de criminología, manejo de todo tipo de armas, tanto convencionales como atómicas, experta en crimen organizado, diploma de la DEA sobre tráfico de estupefacientes y un cursillo de astronauta por si había que investigar algo en el espacio sideral...

El jefe de la policía de Miami sabía y sentía que estaba haciendo algo grande... Algo por la humanidad… Dios lo había puesto en el camino de una buena obra… No solo se había comido la almeja más bonita del planeta... sino que estaba en disposición de crear una mujer policía que sorprendiera a la sociedad. Una hermosa policía galáctica... una estrella de la ley y el orden. Almeja... qué palabra más vulgar... Quizás estaba perdiendo los papeles debido a la emoción sexual porque... ¿Qué hombre elegante y culto se acercaría a una mujer para decirle que le quiere comer la almeja?... ¡Hola! ¿Qué le parece si le como el molusco bivalvo?, ¿Puede alguien imaginarse a Barack Obama declarando en una rueda de prensa, en la Casa Blanca, que le gustaría comerle la almeja a Beyoncé?... Está claro que no...

John Pigmalión se quedó pensativo ante el espejo del baño mientras se afeitaba… No estaba delirando… No se estaba volviendo loco… Estaba disfrutando de un milagro. Recordó que, en su noche de amor con Pepi, su bella amante dejó claro que sería suya para siempre si él le concedía todos los caprichos que a ella le salieran del chocho... Pero... ¿Acaso no disponen los hispanos de una gran variedad de vocablos en el universo cervantino?... ¿Debía avergonzarse por haberle comido la almeja? ¿O quizás debería llamarlo centollo?... porque chocho es masculino... masculino pero en un cuerpo femenino. Evidentemente centollo era mucho más poético y sonaba mejor en inglés y en español porque definiría al chocho como un crustáceo marino cubierto de pelos cuya carne es muy apreciada...

Y contemplando su atormentada imagen en el espejo, repitió veinte veces "chocho" porque estaba loco de amor...

Tiroteo en Little Havana…

No es que fuera guapa, simplemente era la mujer perfecta. Naturalmente tenía en cuenta que si él se apellidaba Pigmalión... todo se explicaba claramente: estaba moldeando a la mujer soñada como el mejor escultor de Miami. No estaba pensando en la vulgaridad de crear la concubina perfecta, pues para eso se hubiera comprado una muñeca hinchable con la cara de Shakira y se acabaría el problema sobre el deseo... En aquel momento no solo era un jefe de policía sino un artista de la escultura enamorado de una estatua que él mismo estaba moldeando. Estaba obligado a hacer algo importante por su Pepi para demostrarle su amor. Hacer que ella se sintiera orgullosa de su Pigmalión y eternamente agradecida hasta el punto de convertirse en el único, legítimo y absoluto propietario de su monte de Venus...

Era una mañana realmente hermosa. Curiosamente, la luna y el sol se podían ver en el cielo. Cuando eso ocurre en Miami, la gente se pone a temblar porque es mal augurio. La gente vulgar no entiende que la luna sexual de Miami es un símbolo inequívoco que trastorna a las mujeres, sobre todo por la zona de Ocean Drive pero si además el sol se ve al mismo tiempo, la cosa se complica y todas las mujeres de Miami se ven afectadas en su ciclo menstrual, es decir, el satélite sexual las vuelve locas; porque estamos percibiendo un centollo femenino en su máxima expresión junto a un cuerpo celeste masculino que es el "astro" sol... que como todo el mundo sabe, es una estrella masculina. La gente común desconoce, incluso, que a los hombre que envían al espacio se les llama astronautas y a las mujeres centollonautas... y eso es por algo. No es baladí.

Esa diabólica conjunción perturba casi siempre la paz social y explica perfectamente el tiroteo en el que se vio envuelta la sargento Pepi "la guapa"... Estaba más linda que nunca y su atractivo erótico era tan grande que su voluptuosa anatomía rellenaba, hasta el límite, los vulgares uniformes de la policía. Desde luego, con cualquier cosa que se ponía, llamaba la atención pero hay que decir que su culo y sus tetas impresionaban letalmente a los delincuentes, mucho más si en vez de los zapatos reglamentarios, llevaba sus sandalias de tacón de aguja... Todo iba perfecto en su trabajo de patrulla de carreteras pero ocurrió lo que nunca podía haber esperado el jefe de policía de Miami... A la sargento Pepi no se le ocurrió otra cosa que seguir sola e investigar a un coche sospechoso que se dirigía a Little Havana y cuando el coche paró junto a una gasolinera, procedió a identificarlo. Notificó por radio a la central y bajó del patrullero con la mano puesta en la cartuchera del revólver...

El jefe de policía, John Pigmalión, estaba a punto de salir de su nido de amor donde estaba la computadora central del crimen y también controlaba la frecuencia de radio metropolitana. Notablemente preocupado por su amada, intervino las comunicaciones de forma oficial indicando que se trataba de operaciones encubiertas y tomaba el mando... La cámara de vídeo del patrullero y el registro de sonido le permitían una visión global de toda la operación. De esa forma, fue privilegiado espectador y el único testigo de los hechos. El capitán estaba orgulloso de su amada cuando aquella preciosidad de mujer policía ordenó a los ocupantes del coche que salieran con las manos en alto, apuntando con el revólver...

A pesar del caos, el amor prevalece... o quizás habría que llamarlo sexo...

Primero salió del coche sospechoso, por su matrícula de la Venezuela bolivariana, un chofer paquistaní con su turbante blanco, chilaba marrón y una barba que daba miedo... después salió por el portón trasero del vehículo una mujer completamente embozada en su burka y a la que no se le veían ni los ojos tras la rejilla de su velo. La supuesta mujer (nadie podía saber lo que ocultaba el burka) empujaba una silla de ruedas que transportaba a un individuo de unos treinta años con pinta evidente de talibán. El muchacho que despachaba la gasolina era un afroamericano con una camiseta con la cara de Bin Laden estampada y en la que se podía leer, claramente, en español "Que te den por el culo, Obama"... Además, el muchacho negro se estaba fumando un porro, cosa que estaba doblemente prohibida, primero por ser consumo de estupefacientes y segundo por hacerlo en una gasolinera...

El barrendero de la estación de servicio era un esquimal con cara de mala leche que le estaba pegando escobazos a un perro que se había cagado junto al surtidor... Eran cinco... y la sargento Pepi "la guapa" les gritó a todos que levantaran las manos. Ante la insistencia de que todos pusieran las manos en sus cabezas, incluyendo al de la silla de ruedas, la mujer del burka aclaró que se trataba de su hijo que era tetrapléjico y tenía las manos sujetas con correas a los bolsillos... pero Pepi "la guapa" notó perfectamente un frenético temblique en las manos del tetrapléjico y le preguntó a la madre:
  • ¿Y cómo es que mueve las manos si es tetrapléjico?

Entonces el muchacho negro que se estaba fumando el canuto de marijuana se adelantó y dijo con sorna:
  • Es un maldito guarro mahometano que se está masturbando desde que usted se bajó del coche, mi sargenta... porque está usted buenísima, todo hay que decirlo... ¿No ve usted que se está haciendo una paja?

Para colmo de desgracias, salió de la oficina un sexto individuo. Era el propietario del negocio, un negro jamaicano que enarbolaba un bate de béisbol con el que pensaba darle en la cabeza al esquimal, hasta matarlo, por golpear a su perro... pero en vez de dirigirse al esquimal, se fue hacia la sargento Pepi para tratar de justificar que debía vengar a su pobre perro... Entonces el chofer paquistaní quiso interponerse entre el dueño de la gasolinera y Pepi "la guapa" para protegerla, y el dueño del negocio gritó:
  • ¡Maldito moro de mierda! ¡Terrorista del demonio! ¡Invasor de América!

Y trató de matarlo con el bate, pero con tan mala suerte que el paquistaní se agachó y le dio en plena cabeza a la mujer del burka cayendo muerta en el acto. Efectivamente era una mujer fea y con bigote… momento que aprovechó el chofer paquistaní para ir al coche y coger un arma; metió la cabeza por la ventanilla estiró la mano y sacó un fusil de asalto kalashnikov con el que apuntó al propietario y le dijo sumamente cabreado:
  • ¡Mestizo bastardo del capitalismo! ¡Sabandija del imperio! ¡Mariconazo de la gusanera! ¡Voy a matarte!

Entonces llegó un coche a toda velocidad y lo atropelló con tal violencia, antes de dar un frenazo, que el cuerpo del paquistaní salió despedido hacia el cielo, dio tres vueltas mortales con tirabuzón y fue a caer encima del tetrapléjico al que desnucó y ambos quedaron muertos. Sin embargo, el kalashnikov cayó en las manos del esquimal que era el verdadero causante de todo lo que había pasado... Evidentemente se trataba de un hijoputa comunista que no soportaba ser barrendero de un negro... Pero gracias a Dios, se bajó del agresivo vehículo, el capitán John Pigmalión que irrumpió en la escena del crimen y le pegó seis tiros al esquimal, un loco esquimal que solo pudo decir antes de su muerte: "me cago en la puta... me ha dejado como un colador...¡Viva Rusia!"

La tensión era evidente porque el capitán Pigmalión cargó enseguida el revólver colocándole un tambor completo de balas para apuntar al sexto sospechoso, al único que quedaba con vida: el negro que se estaba fumando un porro de marijuana junto al surtidor de gasolina... Quizás por esa situación tan dramática, se bajó del coche del capitán, su acompañante el reverendo Amador Lovely, de la Santa Iglesia Reverencial del Amor Divino, que rápidamente y con delicadeza se abrazó a Pepi "la guapa", la empujó cariñosamente y se metieron en el patrullero de la guapa e inocente policía femenina; y se alejaron unos cien metros para evitar la balacera...

El jefe de policía de Miami le ordenó al muchacho negro que pusiera sus manos sobre la cabeza si no quería morir acribillado... No se fiaba de un negro con tan cara dura como para fumarse un porro delante de la autoridad competente… Si es capaz de hacer eso… es capaz de tener una ametralladora en la bragueta…
  • ¡Suelta el porro y levanta las manos, hijo de perra africana, bastarda y pelanduzca!

Entonces el chico negro dejó escapar una sonrisa, soltó el porro de marihuana y fue a caer en un charco de combustible… Un segundo después, toda la gasolinera saltó por los aires en una gran explosión que afectó a toda la manzana. El capitán Pigmalión salió volando en dirección hacia el cielo, aún con el revólver en la mano y pegando tiros...

El reverendo Amador Lovely se abrazó a Pepi que estaba notablemente conmocionada, aturdida, vencida y aterrorizada de ser agente de policía femenina... y claro, se dejó querer... El pastor de la Santa Iglesia Reverencial del Amor Divino le acarició las tetas para darle calor humano porque era su deber, en aquel momento, para con su oveja del rebaño y le prometió que cuidaría de ella siempre, que la haría infinitamente feliz y que nunca le faltaría de nada porque era millonario.

Reclinó el asiento de su acompañante hasta su posición horizontal y le bajó suavemente los pantalones reglamentarios y sus delicadas bragas de lencería bostoniana y pudo comprobar que era cierto lo que el difunto Pigmalión le dijo en confesión... ...

Pepi "la guapa" estaba extasiada tendida bocarriba, a la vez que aturdida, por la inmensa columna de fuego y humo que salía de la gasolinera. El capitán Pigmalión todavía estaba volando por el aire...

Había pasado mucho miedo, pero ya se estaba tranquilizando con las piernas abiertas en el asiento del coche de policía. No le cabía la menor duda de que el reverendo estaba capacitado para hacer feliz a su nueva feligresa, y con el gusto tan grande que sentía en sus partes ya no quería ser policía sino la reverenda esposa de un hombre de Dios.

Naturalmente, el reverendo Amador, no perdió un segundo en consumar, dentro del patrullero, un santo matrimonio por los poderes divinos que su ministerio le otorgaba.

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