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Semana Santa

Ya no vivo yo, más vive Cristo en mí

lunes 21 de marzo de 2016, 17:00h
Año tras año nos llega esta semana, para muchos una semana más para otro la semana mayor "Semana Santa". Semana para meditar, reflexionar, sacar tiempo para entender el propósito de nuestra vida y la vida de Jesús. Lo importante de este tiempo no es el recordar con tristeza lo que Cristo padeció, sino entender por qué murió y resucitó, que nos vino a enseñar. ¿Cuál es el propósito de la cruz? La Cruz de Cristo, más que un símbolo, es el objetivo a conquistar la corona del Reino de Dios, la victoria sobre la muerte, el perdón por el pecado y el cumplimiento de la Ley. Jesucristo además de morir para redimirnos de nuestros pecados, modelo un estilo de vida para que cada uno de nosotros la viviéramos, para que a pesar de cualquier adversidad nos mantuviéramos en paz...
La pregunta sería: ¿Si Jesús estuviera en mi lugar...cómo reaccionaría ante una insolencia, Ante una situación difícil? ¿Con peleas, agresividad o palabras destructivas? Las reacciones negativas son hijas del amor propio herido. Pero Jesús no sabe de amor propio porque el suyo es un corazón despojado y desprendido; y ante una grosería, Jesús reaccionaría con la misma estabilidad emocional que cuando le llamaron «ministro de Satanás». Debemos de proceder de la misma manera que Jesús reacciono.
Si estuviera en mi lugar el Jesús Sanador, que vino a sanar a los tristes de corazón, a anunciar la libertad a los esclavos, a los ciegos la vista y a los oprimidos la liberación... El Jesús compasivo, que se apiado del leproso, de los enfermos y de las turbas hambrientas, y que se entregó por ti y por mí. Si él estuviera en mi lugar, ¡cómo se dedicaría a dejar en cada puerta un vaso de alegría!, ¡Cómo tomaría el teléfono para llevar una palabra de aliento al desconsolado, un estímulo aquel fracasado, una palabra de ánimo aquel deprimido...!
Si estuviera en mi lugar aquel Jesús que ante los acusadores y jueces procedió en todo momento con humildad, silencio, paciencia y dignidad, sin justificarse ni defenderse. Aquel que, en la noche de la Pasión, sometido a toda clase de ofensas, por toda respuesta Jesús sufre y calla. Si él estuviese en mi lugar, ¡cómo sería infinita su paciencia y fortaleza ante las salidas irritantes de aquel familiar que me agrede, del compañero de trabajo o del hermano de la comunidad...!
Jesús nos vino a modelar el camino a seguir. Aquel que fue delicado y atento con los amigos y amable con las mujeres, aquel que fue sincero y veraz con amigos y enemigos. Aquel aun en su grandeza fue humilde, aún con su inteligencia podía llegar a los más incultos. El que, por encima de todo, sólo hizo una cosa en su fugaz carrera, ser compasivo y AMAR.
¿Qué nos vino a enseñar? Que sintiéramos como él sentía, que pensáramos como él pensaba, que habláramos como él hablaba, amar como Jesús amaba, pisando siempre sus pisadas. Y que podamos decir: “Con Cristo estoy juntamente crucificado, y ya no vivo yo, mas vive Cristo en mí; y lo que ahora vivo en la carne, lo vivo en la fe del Hijo de Dios, el cual me amó y se entregó a sí mismo por mí.”- Gálatas 2:20
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