Santo Domingo.- Cada febrero —y en muchas localidades también durante marzo— el país se transforma en un gran escenario donde tradición y modernidad dialogan al ritmo de la música, el color y la irreverencia.
Orígenes: entre lo europeo y lo africano
El carnaval en la República Dominicana tiene raíces coloniales. Se remonta al siglo XVI, cuando los colonizadores españoles trajeron las celebraciones previas a la Cuaresma, tradición cristiana que antecede al Miércoles de Ceniza. Estas festividades europeas se fusionaron con elementos culturales africanos y expresiones populares criollas, dando origen a una celebración con características propias.
Con el paso del tiempo, el carnaval dominicano incorporó la sátira política, la crítica social y representaciones simbólicas del bien y el mal. Surgieron personajes icónicos que hoy forman parte esencial del imaginario cultural del país.
Evolución: de fiesta popular a espectáculo nacional
Durante el siglo XIX y principios del XX, el carnaval se celebraba principalmente en barrios y comunidades, con disfraces elaborados artesanalmente y música tradicional.
En el siglo XX, especialmente a partir de la década de 1980, la festividad comenzó a organizarse de manera más estructurada. Se institucionalizaron desfiles provinciales y el Desfile Nacional de Carnaval, celebrado cada año en el Malecón de Santo Domingo, donde participan comparsas de todo el país.
Hoy el carnaval combina tradición y espectáculo: mantiene personajes históricos, pero incorpora coreografías, producción escénica, patrocinios comerciales y transmisión mediática. Sin embargo, la esencia popular sigue siendo su principal fortaleza.
Personajes emblemáticos
El personaje más representativo es el Diablo Cojuelo, símbolo de travesura y rebeldía. Según la tradición, representa un diablo castigado que baja a la Tierra a hacer travesuras.
Otros personajes tradicionales incluyen:
Roba la Gallina
Califé
Taimáscaro
Los Indios
Los Guloyas (especialmente en San Pedro de Macorís)
Cada región ha adaptado estas figuras, dotándolas de identidad propia.
El carnaval en las provincias
Aunque el país entero celebra el carnaval, cada provincia imprime su sello distintivo:
La Vega
Considerado uno de los carnavales más antiguos y organizados del país. Sus diablos cojuelos se caracterizan por trajes elaborados con espejos, cascabeles y máscaras de gran tamaño. Es una celebración multitudinaria y de fuerte arraigo popular.
Santiago
Aquí predominan los “Lechones”, divididos tradicionalmente en dos bandos: Pepineros y Joyeros. Sus máscaras agresivas y coloridas simbolizan la fuerza y el orgullo santiaguero.
Bonao
Destaca por la creatividad de sus comparsas y la innovación en vestuarios. Es uno de los carnavales más dinámicos y competitivos del país.
San Pedro de Macorís
Famoso por los Guloyas, grupo cultural de raíces afroantillanas con danzas y vestimentas distintivas, declarados Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad por la UNESCO.
Puerto Plata
Combina tradición con una fuerte presencia turística. Sus comparsas resaltan la identidad atlántica y cultural de la región norte.
Montecristi
Conserva uno de los carnavales más tradicionales, con personajes históricos y expresiones menos comercializadas.
Santo Domingo
Además del Desfile Nacional, distintos sectores de la capital celebran carnavales barriales que mantienen la esencia popular.
En prácticamente todas las provincias —desde Barahona hasta Higüey— el carnaval se vive con entusiasmo, adaptando símbolos y ritmos a su realidad cultural.
Importancia cultural y social
El carnaval dominicano cumple varias funciones fundamentales:
Preservación de la identidad nacional: Resume la mezcla cultural que define al pueblo dominicano.
Espacio de expresión popular: Permite la crítica social y política a través de la sátira.
Motor económico y turístico: Genera empleos temporales, promueve el turismo interno y fortalece industrias creativas.
Transmisión generacional: Padres, hijos y comunidades completas participan en la elaboración de disfraces y comparsas, fortaleciendo el tejido social.
Más allá del espectáculo, el carnaval es una afirmación de pertenencia. Es la memoria viva de un pueblo que transforma su historia —a veces dolorosa— en celebración.
Una fiesta que sigue reinventándose
En la actualidad, el carnaval enfrenta el reto de equilibrar tradición y comercialización. Sin embargo, su capacidad de adaptación ha sido precisamente la clave de su permanencia.
Cada febrero, cuando las calles se llenan de música, máscaras y color, el país no solo celebra una fiesta: celebra su identidad. El Carnaval Dominicano es, en esencia, un espejo cultural donde se reflejan siglos de historia, resistencia y creatividad. H.A.A.