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Brigitte Bardot
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Brigitte Bardot

Brigitte Bardot: el rostro que cambió el cine, la moda y la idea de libertad

Por Henry Arvelo
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henryarvelo29gmailcom/13/13/19
martes 30 de diciembre de 2025, 01:31h
La noticia del fallecimiento de la legendaria actriz Brigitte Bardot, ocurrida el 28 de diciembre de 2025, a los 91 años de edad, ha conmocionado al mundo del cine y la cultura global. Bardot, figura emblemática del cine francés del siglo XX, dejó una huella imborrable en la historia del espectáculo y se consolidó como un ícono de la moda, símbolo sexual y, en sus últimos años, una voz apasionada por la defensa de los animales.

Brigitte Bardot no fue solo una actriz célebre: fue un fenómeno cultural que desbordó la pantalla para convertirse en símbolo de una época. Dueña de una belleza disruptiva y de una personalidad indómita, la francesa redefinió la sensualidad femenina en el siglo XX, marcó el pulso de la moda y, tras retirarse del cine en la cima de su fama, transformó su notoriedad en una causa: la defensa de los animales. Pocas figuras concentran una trayectoria tan intensa, polémica e influyente.

De París a Saint-Tropez: el nacimiento de un mito

Nacida en París el 28 de septiembre de 1934, Bardot creció entre la disciplina del ballet clásico y el rigor de una educación burguesa. Su fotogenia la llevó pronto al modelaje y, casi de inmediato, al cine. Debutó a comienzos de los años cincuenta, pero el punto de inflexión llegó en 1956 con Y Dios creó a la mujer, dirigida por Roger Vadim. La película —ambientada en Saint-Tropez— la catapultó al estrellato internacional y la convirtió en emblema de una nueva feminidad: libre, vital, ajena a los moldes morales tradicionales.

La actriz que incomodó y sedujo

Durante poco más de dos décadas, Bardot construyó una filmografía intensa y diversa. Trabajó con directores clave del cine europeo como Jean-Luc Godard (El desprecio), Louis Malle (Viva María!), Henri-Georges Clouzot (La verdad) y Jean-Jacques Annaud. En la pantalla alternó comedia, drama y cine de autor, siempre con una presencia magnética que eclipsaba cualquier encasillamiento.
Su actuación en La verdad (1960) le valió el reconocimiento de la crítica por un registro dramático que desmentía la etiqueta de “belleza sin profundidad”. Bardot podía ser luminosa y trágica a la vez; su fragilidad emocional se filtraba en personajes que hablaban, sin proponérselo, de la condición femenina en una sociedad en transición.

Premios y reconocimientos

Aunque nunca persiguió galardones con afán, su carrera fue distinguida en múltiples ocasiones. Recibió el Premio David di Donatello a la Mejor Actriz Extranjera y fue nominada a importantes reconocimientos europeos. Más allá de los premios formales, su verdadero laurel fue la influencia: Bardot fue portada de revistas en todo el mundo y una de las mujeres más fotografiadas del siglo XX.

Ícono de la moda y símbolo sexual

Si Marilyn Monroe representó el glamour hollywoodense, Bardot encarnó la sensualidad natural, casi salvaje, de la Riviera francesa. Popularizó el bikini —escandaloso para su tiempo—, el peinado “a lo Bardot”, el delineado de ojos felino y una estética desenfadada que aún hoy inspira pasarelas.
Pero su condición de símbolo sexual no fue pasiva: Bardot desafió la mirada masculina tradicional al mostrarse autónoma, contradictoria, dueña de su deseo. Esa ambigüedad la volvió fascinante y, a la vez, incómoda para una sociedad poco preparada para mujeres que no pedían permiso.

Retiro temprano y otra vida posible

En 1973, con apenas 39 años y en pleno éxito, Bardot se retiró definitivamente del cine. La fama, confesó, le resultaba asfixiante. Lejos de los focos, volcó su energía a una causa que marcaría su segunda vida pública: la defensa de los derechos de los animales. Fundó la Fundación Brigitte Bardot, desde la cual impulsó campañas internacionales contra el maltrato animal, la caza de focas y diversas prácticas que consideraba crueles.

Luces y sombras de una figura irrepetible

Como todo mito, Bardot no estuvo exenta de controversias. Sus declaraciones políticas y posturas personales generaron críticas y debates encendidos. Sin embargo, incluso sus detractores reconocen la dimensión histórica de su figura: Bardot no buscó agradar, sino ser fiel a sí misma, con todas las consecuencias.

El legado

Hoy, Brigitte Bardot es más que un recuerdo cinematográfico. Es un símbolo de ruptura, de libertad y de una modernidad que aún interpela. Actriz, musa, activista y leyenda viva, su imagen sigue dialogando con el presente. En un mundo que discute la fama, el cuerpo y la autonomía, Bardot permanece como un espejo incómodo y fascinante de lo que significa ser verdaderamente libre. H.A.A.

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