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Carta pública a:
Roberto Ángel Salcedo, ministro de Cultura y amigo.
Carlos Veitía, director general del Teatro Nacional y amigo.
Fátima Guzmán, directora administrativa del Teatro Nacional y amiga.
Miembros de los patronatos del Teatro Nacional, amigos y amigas:

¿Es el Teatro Nacional el lugar adecuado para velar difuntos?
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¿Es el Teatro Nacional el lugar adecuado para velar difuntos?

¿Es el Teatro Nacional el lugar adecuado para velar difuntos?

Por Giovanny Cruz Durán
jueves 25 de junio de 2026, 06:51h
Actualizado el: 25/06/2026 06:58h

Carta pública a:
Roberto Ángel Salcedo, ministro de Cultura y amigo.
Carlos Veitía, director general del Teatro Nacional y amigo.
Fátima Guzmán, directora administrativa del Teatro Nacional y amiga.
Miembros de los patronatos del Teatro Nacional, amigos y amigas:

¿Es el Teatro Nacional el lugar adecuado para velar difuntos?
Definitivamente no. Las funerarias y capillas son los lugares designados para que familiares y allegados den la despedida final a sus siempre amados y sentidos fallecidos, más allá de la relevancia que algunos puedan tener.
El Teatro Nacional es, sin dudas, nuestro gran templo de las artes. Tiene, estatutaria y filosóficamente, una función muy específica: la celebración del arte. Algo que entra en contradicción con velatorios, bodas, graduaciones o ritos similares.
Los cuerpos de los inmensos artistas Carlos Piantini (exdirector del Teatro Nacional), Monina Solá, Iván García y Franklin Domínguez (para ilustrar con sus ejemplos) no fueron velados en ningún espacio del Teatro Nacional. A pesar de la relevancia de estos cuatro grandes creadores, hubiese resultado improcedente hacerlo, dada la naturaleza de la institución que hoy ocupa mi atención.
A este artista y escritor le preocupa mucho que el populismo y las influencias externas conviertan al Teatro Nacional en una sala sepulcral o en una ermita particular. Lo que el poeta Tony Raful llamó en uno de sus grandes poemas: “Toda esa burocracia de la muerte.”
Recomiendo tomar las medidas de rigor para que esto no derive en una odiosa e inadecuada práctica. En nuestro país tenemos miles de cantantes, músicos, actores y escritores cuyas respectivas carreras (ejemplares en su gran mayoría) han tenido relaciones directas con nuestro Teatro Nacional. No obstante, se convertiría en un hábito muy necio llevar sus cuerpos sin vida para rezarles y llorarlos en esa institución. ¡Noooo!
De igual forma, hay miles de artistas populares cuyos ciclos de vida en algún momento se interrumpirán. Tampoco a ellos podremos velarlos en el Teatro Nacional. Este nunca debe ser convertido en un camposanto. ¡Noooo!
Si familiares, productores, patrocinadores y seguidores de nuestros artistas ya difuntos deseasen ofrecerles homenajes en el Teatro Regional del Cibao, el Palacio de Bellas Artes, el Teatro Nacional u otras instituciones similares, deben realizar eventos artísticos que los enaltezcan; por supuesto, cumpliendo con todos los requerimientos de rigor.
Queridos apreciados destinatarios de esta misiva pública: sean ustedes los guardianes de los espacios estatales destinados exclusivamente al arte.
En mi caso particular, ya a mis setenta y dos años, he comenzado a pensar en la parca. Llegará, indefectiblemente, porque semidiós, en realidad, nunca he sido. Estoy, desde ya, dando instrucciones a mis familiares para que, junto a los amigos, colegas y mis cuatro exesposas, en su momento me den la despedida final en cualquier funeraria criolla. Nunca en nuestros teatros. En ellos me he pasado la vida entera solo abriendo o cerrando el siempre impostergable…
¡Telón!

Giovanny Cruz Durán
Hombre de la cultura.

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