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Reflexiones sobre el caudillismo actual

Primera parte

sábado 17 de abril de 2021, 17:09h
“Sigo suponiendo que este mundo no tiene un sentido superior. Pero sé que hay algo en él que si tiene sentido, y es el hombre ante su prójimo. Porque ese encuentro le da sentido a todo”. Albert Camus.
Ahora, en pleno siglo XXI, que es cuando la anarquía y el autoritarismo es nada y también lo es todo, entendimos que nosotros los dominicanos, siempre hemos querido a nuestros caciques, que somos sus creadores, aunque en medio de la pobreza general y mental, el país se corrompe con el que manda, o al menos eso dicen los que mandan. Pregúntele ahora Ud. al ex Presidente Danilo Medina Sánchez, nuestro último condotieri, si el ciudadano es capaz de corromperse.

La respuesta mayoritaria de las encuestas, dicen que sería afirmativa. Todos han tenido un comienzo, con ligeras excepciones. Se me ocurre pensar que lo que los dominicanos hemos buscado y necesitado, hasta ahora, es a una persona, a un caudillo, a la que podamos admirar y despreciar al mismo tiempo, que satisfaga el orgullo personal y la necesidad de la maledicencia; alguien que reúna en su persona cualidades
visiblemente contradictorias, de suerte que los ciudadanos, pasivos como siempre, absurdos como nos dice Albert Camus, vean que sus obras positivas nos justifican, y sus defectos, enormes en la figura de un cacique reelecto, sean para los que comentan, un preciado manjar.
  • -Abuelo, sin embargo, volver a elegir caudillos es lo mismo que sacar de la nada, algo que sigue siendo nada, al mismo tiempo que lo es todo, y eso es un absurdo total en el siglo XX1, donde la tecnología es el factor de producción esencial y la globalización mundial su hermoso contexto.
  • Efectivamente. Peor aún: ya también de forma reiterada, estuvimos también bien hartos del P.L.D. según las encuestas Gallup: un 68% no deseaba reelección del P.L.D. y un 54% de los ciudadanos deseaban y desean ahora un cambio radical. Sin olvidar que las tradiciones caciquistas desde 1844 han sido “nuestra gran fuerza de freno, la gran fuerza de inercia de nuestra historia”.
  • Ahora, en libertad formal, esta última generación de dominicanos, de estreno, vive sumida en la sordera y el descreimiento. Culpan a la clase política de ser “una construcción inacabada y con su escepticismo les recuerdan la ruina en que se convertirán un día, pues en esencia todo constructor, a la larga, si no tiene continuadores, sólo edifica para el derrumbamiento”. Y ya el P.L.D. no tiene continuadores. Lo mismo le pasó al PRSC y luego al PRD Y ese rechazo al PLD ya está sucediendo en todas las comunidades del país, en todas las provincias del país. Como dice Martin Heidegger: “Somos lo que hacemos con lo que han hecho de nosotros. Yo soy yo y mis circunstancias”.
  • ¿Abuelo, de veras cree usted que estamos construyendo ahora, entre gobernantes y gobernados, una generación de políticos millonarios, sordos, en medio de una comunidad de ciudadanos incrédulos, sorprendidos en su propia poesía ciudadana?
  • Mi querido nieto, no solo en R.D., en todas partes del planeta tierra, el mundo político liberal de izquierda, es también ahora la herencia de la llamada centro izquierda, que después de la caída del muro de Berlín, y del socialismo real, es sorda y muda, Y también millonaria, y de ahora en adelante, como se demuestra en toda América Latina, sólo conquista el Poder con el esfuerzo oneroso, o con el sacrificio corrupto, sin Patria, o con el rito del absurdo. Vivimos ahora una crisis de cansancio de los partidos grandes. Parece ser que esta última generación, a la que pertenecemos, cree que hay en la vida de cada generación y de cada hombre, períodos en los cuales se existe realmente y otros en que sólo se ve como un aglomerado de responsabilidades, de fatigas y de vanidades. Donde la mayoría de los hombres mueren a los veinte y treinta años, porque pasada esa edad no es más que su propio reflejo, repitiendo de una manera cada vez más mecánica y gesticulante, lo que han dicho, hecho, pensado o querido, en la época en que realmente eran: la última generación de dominicanos, ahora de centro izquierda, está dividida en dos mitades.

Una mitad actual nació y vive hastiada de su pasado, frustrada, cansada de sus ideales, harta de todo, luego envejecida y para rematar, me temo que incrédula de manera peligrosa, generacionalmente corrupta. Pero ya es rica, enormemente rica.

La otra mitad espera cambios sustanciales, su chance histórico, su oportunidad, y parte de ella está ya en el Poder, aprendiendo a gobernar y a honrar su presente y se mantiene firme en su larga honestidad y data. ¡Que Dios la cuide para siempre! No sospechamos todavía su relación con la honestidad de la vida dominicana que por momentos se ha perdido y que se precisa recuperar en el mundo de la política.

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