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 La vida incoherente
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La vida incoherente (Foto: Alfonso M. Becker)

La vida incoherente…

“L'œil ne voit Dieu que par les larmes” Victor Hugo
Nunca encontré un sistema lógico en el abstracto universo de la mujer amada. Ya no me acuerdo de cuando era joven pero todavía tengo grabado en mi cabezota de infeliz amante, las reglas de inferencia que me permitieron conocer a muchas chicas, enarbolando con humildad el lenguaje formal de las reglas sociales y símbolos primitivos; para acercarme sutilmente al objeto amado y deseado.

Fiel a la vida, descubrí el mundo de las pasiones y el drama del desamor en una peligrosa selva de traiciones y frivolidades. Ese paisaje de tan extraño dolor no estaba hecho para mí, un pobre iluso y desgraciado romántico aferrado a la lealtad; a la fidelidad y a toda esa decadente observancia de la fe que debemos a la persona amada.

Leer, estudiar, meditar y asimilar, eran placeres que pasaron a un segundo plano mientras la “experiencia” entre comillas, tomaba el protagonismo diario del encuentro amoroso. Mantenerse alejado poéticamente era un ejercicio necesario para contemplar, frente al océano infinito, la profundidad de la belleza femenina y el inquietante y tentador horizonte del amor eterno…

Todavía recuerdo de aquellos días, las palabras de Victor Hugo: “el ojo ve bien a Dios únicamente a través de las lágrimas” … Era cierto, no se equivocaba el señor Hugo, lo pude comprobar en mis días de juventud…

Solo mirando una puesta de sol en los acantilados del Cabo de Gata se puede cerrar el círculo de la insensatez y dar gracias a Dios, con el alma abotargada de emociones, ante tan portentosa expresión de la naturaleza; el mar embravecido por el invierno y las olas golpeando sin piedad las rocas…

No podía dejar de creer en el melodioso sonido de la que, sin duda, era la llamada más perturbadora; la atracción fatal por el deseo de lo que es verdad para todos los animales… Pero en el grado superior de la razón natural del hombre y de la mujer. La fuerza del alma y del espíritu.

Pensar en las sirenas para encontrar una buena esposa… Los veinte -y pocos años más- no son suficientes para rechazar con lógica el susurro erótico del viento y la dulzura inconfundible de su canto.

El espíritu de la contradicción innato de un joven Becker distraído por la mitología griega y desprotegido ante la sofisticada perfidia de la hembra posmoderna. El miedo insuperable al desengaño en manos de la mujer serpiente...

Elegir o ser elegido… He ahí la cuestión.

Finalmente, una entre todas… Extraño trabajo entre el relámpago de la tristeza y los matices más finos del erotismo y de la poca vergüenza. Atravesar el umbral de las emociones procurando que los miedos a las palabras exactas sobre el respeto a la estabilidad sexual no enturbien para siempre el verdadero fundamento de la amistad.

Nadie que sea infiel es honorable porque es incapaz de proporcionar estabilidad. El precio que se paga es muy alto. La ignorancia suele confundir la libertad del estado naciente con las obligaciones de la institución… Enamorarse de la mujer mística es el gran error de los artistas.

La gran tragedia de los creadores de narrativa es la absurda lejanía que establecen entre el instinto sexual y la realización de ese instinto, ocupados fríamente en dar forma literaria al gran encuentro poético. Nadie puede escapar del campo de fuerza de la mujer pulpo...

El corazón y todas las leyes y costumbres de este mundo no pueden perdonar jamás el incondicional derecho de un marido o de una esposa a ser honrado y acatado. La traición lo corrompe todo… En el amor es solo un pequeño ejemplo de putrefacción.

Maldita sea… no debería olvidar en aquel momento las sabias palabras de Aleksandr Kuprín sobre el contubernio de un hombre culto con una mujer de escasa inteligencia… ¿Qué podía hacer?

“Jamás se elevará a la altura del esposo la animalidad de una hembra primitiva que solo alcanzará, como mal menor, la condición de una gata en celo” … “Con el agravante de que el esposo será reducido intelectualmente al exiguo campo mental de su compañera” ...

¡Dios mío! ¿Por qué diablos me haces esto? ¿Será una pesadilla?

Cincuenta años después, las mujeres gritan y vociferan sobre igualdad polemizando de forma infructuosa en grandes espectáculos orquestados por los magos que controlan los hilos de la gobernanza. Cada día más enloquecidas y violentas.

Se quitan las bragas en manifestaciones públicas y se las refriegan a la policía en plena cara… Que si el hombre es un asqueroso machista… Que si es un hijoputa de nacimiento…

No digo yo que sea mentira… ¿Pero qué tiene eso que ver conmigo?

La guerra de los sexos también ha entrado en la zona oscura como el rebaño que entra y sale del redil, rebuznando puntos de vista inéditos. Nada ha progresado al respecto desde entonces… La guerra sigue y las mujeres manipuladas por el espectáculo, cada día son más peligrosas...

Pero advierto al lector que el dios nadapoderoso de la promiscuidad y de la orgía, jamás podrá desbancar a los amantes agradecidos que levitan en el paraíso de la lealtad, del inquebrantable amor por su pareja, y del extraordinario sentimiento de respeto merecido por su objeto amado.

Otra vez Aleksandr Kuprín martilleando mi cerebro… No sé por qué leo a este maldito ruso...

“Cuidado con las mujeres ardientes y con los perritos calientes” … “La perra callejera te traerá todas las enfermedades venéreas” … “Y el pene se te caerá a pedazos” …

¡Dios Santo, qué angustia, qué opresión en el corazón, qué dificultad para respirar! ¿Merece la pena enamorarse para sufrir esta tortura?

Pero la vi salir del agua, totalmente desnuda, y un maremoto removió mi alma…

Fue como un ataque masivo de todos los demonios sexuales, desplegando extraordinarias capacidades seductoras y habilidades desconocidas para el engaño...

Nadie escapa a su destino… Se siente un escalofrío al reconocerlo. No es fácil que, partiendo de tu propia insuficiencia, comprendas que pasar por esta vida tan breve, es simplemente simular que improvisas sobre la marcha un papel que en realidad has aprendido de memoria.

La filosofía me enseñó que la ilusión es la pobre realidad para los literatos. Conservar enhiestos los castillos en el aire resulta demasiado costoso porque el capítulo siguiente es siempre el desengaño…

Es verdad que ilusionarse es barato y agradable; y soy de los que piensan que si pierdes las ilusiones, lo has perdido absolutamente todo. Incluso el alma se te escapa volando...

La vida es como un buen libro… Vivir es algo grandioso, espectacular y -quizás- con poca coherencia; pues no todo el mundo puede decir lo mismo sobre la existencia, o sobre su particular experiencia; ni encuentra sentido al pasar por este mundo, ni pudo vivir la misma vida, ni tener la misma suerte para saborearla.

La existencia para los artistas consiste, generalmente, en convertir la vida cotidiana en ideas apasionantes. No se puede tener un corazón de piedra ante la injusticia o ante el sufrimiento humano. Pero buscar la belleza fue siempre una gran idea. Cosa de artistas.

Para mí, esas imágenes o representaciones explican el sentido de todo lo que se fragua en tu mente y descubre tu cerebro. Quizás por eso hay pocas cosas más seductoras que la literatura.

Y ninguna profesión puede ser más bella, sorprendente y atípica que la de escritor.

Mi más sutil locura es –sin duda alguna- escribir, porque todo buen escritor conoce desde el principio de su actividad artística que ese despropósito tan espectacular y creativo está determinado por la más aguda, ingeniosa, perspicaz y sutil de las corduras.

Confieso que dos cosas he adorado profundamente en esta vida: a una mujer y a la literatura.

Creo que eso ha forjado mi carácter ante el tremendo reto de comprender y aceptar la brevedad de la existencia y la fugacidad de las cosas terrenas.

He perdido a mi mujer, he perdido a mi perro, he perdido mi casa; y aun teniendo nada, sigo adorando a la que fue mi esposa y a mi oficio de escribir...

Tan vehemente pecado de idolatría solo debe ser contemplado como un regalo del Creador y perdonado como un don fundamental que Dios me ha dado.

Aunque la vida siempre me pareció incoherente y absurda, es lo único que tengo.

No me puedo quejar.

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