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Carnaval dominicano: herencia, identidad y fiesta nacional

Carnaval dominicano
Henry Arvelo | Miércoles 18 de febrero de 2026

El Carnaval Dominicano es una de las manifestaciones culturales más vibrantes y antiguas de la República Dominicana. Más que un desfile de disfraces y comparsas, es una expresión de identidad colectiva que mezcla historia, sátira social, religiosidad popular y creatividad artística.



Santo Domingo.- Cada febrero —y en muchas localidades también durante marzo— el país se transforma en un gran escenario donde tradición y modernidad dialogan al ritmo de la música, el color y la irreverencia.

Orígenes: entre lo europeo y lo africano

El carnaval en la República Dominicana tiene raíces coloniales. Se remonta al siglo XVI, cuando los colonizadores españoles trajeron las celebraciones previas a la Cuaresma, tradición cristiana que antecede al Miércoles de Ceniza. Estas festividades europeas se fusionaron con elementos culturales africanos y expresiones populares criollas, dando origen a una celebración con características propias.

Con el paso del tiempo, el carnaval dominicano incorporó la sátira política, la crítica social y representaciones simbólicas del bien y el mal. Surgieron personajes icónicos que hoy forman parte esencial del imaginario cultural del país.

Evolución: de fiesta popular a espectáculo nacional

Durante el siglo XIX y principios del XX, el carnaval se celebraba principalmente en barrios y comunidades, con disfraces elaborados artesanalmente y música tradicional.

En el siglo XX, especialmente a partir de la década de 1980, la festividad comenzó a organizarse de manera más estructurada. Se institucionalizaron desfiles provinciales y el Desfile Nacional de Carnaval, celebrado cada año en el Malecón de Santo Domingo, donde participan comparsas de todo el país.

Hoy el carnaval combina tradición y espectáculo: mantiene personajes históricos, pero incorpora coreografías, producción escénica, patrocinios comerciales y transmisión mediática. Sin embargo, la esencia popular sigue siendo su principal fortaleza.

Personajes emblemáticos

El personaje más representativo es el Diablo Cojuelo, símbolo de travesura y rebeldía. Según la tradición, representa un diablo castigado que baja a la Tierra a hacer travesuras.

Otros personajes tradicionales incluyen:

Roba la Gallina

Califé

Taimáscaro

Los Indios

Los Guloyas (especialmente en San Pedro de Macorís)

Cada región ha adaptado estas figuras, dotándolas de identidad propia.

El carnaval en las provincias

Aunque el país entero celebra el carnaval, cada provincia imprime su sello distintivo:

La Vega

Considerado uno de los carnavales más antiguos y organizados del país. Sus diablos cojuelos se caracterizan por trajes elaborados con espejos, cascabeles y máscaras de gran tamaño. Es una celebración multitudinaria y de fuerte arraigo popular.

Santiago

Aquí predominan los “Lechones”, divididos tradicionalmente en dos bandos: Pepineros y Joyeros. Sus máscaras agresivas y coloridas simbolizan la fuerza y el orgullo santiaguero.

Bonao

Destaca por la creatividad de sus comparsas y la innovación en vestuarios. Es uno de los carnavales más dinámicos y competitivos del país.

San Pedro de Macorís

Famoso por los Guloyas, grupo cultural de raíces afroantillanas con danzas y vestimentas distintivas, declarados Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad por la UNESCO.

Puerto Plata

Combina tradición con una fuerte presencia turística. Sus comparsas resaltan la identidad atlántica y cultural de la región norte.

Montecristi

Conserva uno de los carnavales más tradicionales, con personajes históricos y expresiones menos comercializadas.

Santo Domingo

Además del Desfile Nacional, distintos sectores de la capital celebran carnavales barriales que mantienen la esencia popular.

En prácticamente todas las provincias —desde Barahona hasta Higüey— el carnaval se vive con entusiasmo, adaptando símbolos y ritmos a su realidad cultural.

Importancia cultural y social

El carnaval dominicano cumple varias funciones fundamentales:

Preservación de la identidad nacional: Resume la mezcla cultural que define al pueblo dominicano.

Espacio de expresión popular: Permite la crítica social y política a través de la sátira.

Motor económico y turístico: Genera empleos temporales, promueve el turismo interno y fortalece industrias creativas.

Transmisión generacional: Padres, hijos y comunidades completas participan en la elaboración de disfraces y comparsas, fortaleciendo el tejido social.

Más allá del espectáculo, el carnaval es una afirmación de pertenencia. Es la memoria viva de un pueblo que transforma su historia —a veces dolorosa— en celebración.

Una fiesta que sigue reinventándose

En la actualidad, el carnaval enfrenta el reto de equilibrar tradición y comercialización. Sin embargo, su capacidad de adaptación ha sido precisamente la clave de su permanencia.

Cada febrero, cuando las calles se llenan de música, máscaras y color, el país no solo celebra una fiesta: celebra su identidad. El Carnaval Dominicano es, en esencia, un espejo cultural donde se reflejan siglos de historia, resistencia y creatividad. H.A.A.

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