Madrid.- El inminente estreno de la secuela de 'The Devil Wears Prada' nos devuelve un fenómeno tan reconocible como persistente: la elegancia de las antagonistas en la pantalla y cómo llegan a eclipsar a las protagonistas, fascinando al espectador.
¿Por qué las 'malas' son más elegantes?. Las antagonistas construyeron algunos de los imaginarios estéticos más reconocibles en una relación entre poder, elegancia y, a veces, belleza. Desde Cruella de Vil hasta Maléfica, la exageración o la estilización sirvieron para elevar a estos personajes por encima de lo cotidiano.
El poder se viste, se maquilla y se construye visualmente, y las antagonistas lo encarnan con precisión. "Las asociamos a rasgos más duros: tendemos a exagerarlas, elevarlas, y casi a divinizarlas", dice a EFE Ana López-Puigcerver, Goya 2026 por Mejor Maquillaje y Peluquería ('El Cautivo'), y nominada al Oscar en 2024 ('La Sociedad de la Nieve').
"Hay una especie de principio no escrito sobre la elegancia(...): una de las justificaciones para que una mujer sea elegante es que sea un poco fea, en el sentido de que tiene todo el motivo del mundo para compensar esa aparente fealdad con un exceso de elegancia", explica el sociólogo, periodista y crítico de moda Pedro Mansilla.
En esa construcción del personaje, el maquillaje desempeña un papel esencial. No se trata solo de embellecer, sino de codificar rasgos, jerarquías y personalidades. "Rasgos pronunciados, ángulos marcados, tonos oscuros o labios rojos, aunque no son rasgos imprescindibles, a veces la 'maldad' se esconde", detalla López-Puigcerver.
La sofisticación de estas figuras no es, por tanto, un accidente estético, sino una decisión narrativa. "Es muy común que la 'villana' tenga un estatus alto y eso lo asociamos a maquillajes más elaborados y, en general un aspecto más cuidado", apunta la experta.
"Si vemos, por ejemplo, el caso de Anna Wintour, que inspira a Miranda de 'The Devil Wears Prada', no se puede decir que sea una mujer guapa a nivel canónico, pero ha conseguido rectificar esa belleza limitada con estilo hasta convertirla no solamente en una referencia, sino en un canon, porque es muy imitable", explica Mansilla.
Pero, ¿qué ocurre cuando a esa elegancia se suma, además, una belleza que encaja con los cánones? Angelina Jolie en 'Maleficent' o Charlize Theron en 'Ravenna' serían ejemplos en pantalla. Para el sociólogo de moda, se trata de un tema de equilibrio.
"Cuando hablamos de una belleza y una elegancia apabullante, se suele generar la sensación de exceso, y es algo que sucede también en la vida real, existe un tipo de belleza que insiste en una especie de histerismo", indica el experto.
"Un caso real sería la Melania Trump, que se esfuerza en ser inhumanamente elegante, pero da la sensación de ser artificial. Precisamente por estar obsesionada con ser el colmo de la elegancia, deja de serlo", ejemplifica.
Frente a esa construcción, contrapone otros modelos: "Grace Kelly, que era el icono de belleza y elegancia del siglo XX, transmitía una especie de sencillez, de tranquilidad, de naturalidad y verdad, como lo hacía Audrey Hepburn; tenían una elegancia relajada, que parecía completamente natural en equilibrio con su gran belleza", apunta.
"En muchos casos, la maldad se esconde detrás de un aspecto ingenuo", argumenta la especialista. H.A.A.