Según el Servicio de Cambio Climático Copernicus, el año 2025 cerró como el más cálido jamás registrado, con una temperatura media global 1,48 °C por encima de los niveles preindustriales. En los primeros meses de 2026, la tendencia continúa:
Los océanos registran temperaturas récord por 13 meses consecutivos.
La concentración de CO₂ superó las 423 ppm, el nivel más alto en 4 millones de años.
La pérdida de hielo en la Antártida se mantiene en mínimos históricos, con una reducción estimada de 1,5 millones de km² respecto al promedio de décadas anteriores.
Estos indicadores refuerzan la advertencia científica: el planeta se acerca peligrosamente al umbral de 1,5 °C, límite crítico para evitar daños irreversibles.
El informe 2026 del IPBES señala que 1 millón de especies están en riesgo de extinción debido a la degradación de hábitats, la contaminación y el cambio climático. Entre los datos más relevantes:
El 75 % de los ecosistemas terrestres está severamente alterado por actividades humanas.
El 50 % de los arrecifes de coral del mundo ha sufrido blanqueamiento severo en la última década.
La deforestación global aumentó un 4 % en 2025, impulsada principalmente por la expansión agrícola y la minería.
La ONU advierte que para 2030, 700 millones de personas podrían verse desplazadas por la escasez de agua. En América Latina, el estrés hídrico afecta ya a 1 de cada 3 habitantes, mientras que las ciudades enfrentan desafíos crecientes en gestión de residuos, calidad del aire y planificación urbana sostenible.
En paralelo, el sector energético avanza, pero no al ritmo necesario: las energías renovables crecieron un 13 % en 2025, aunque la demanda global de electricidad aumentó un 20 %, impulsada por la digitalización y la industria.
El Día de la Madre Tierra no es solo una efeméride: es un recordatorio de que el planeta atraviesa un punto de inflexión. Los datos muestran que la crisis climática ya no es un escenario futuro, sino una realidad que afecta la salud, la economía, la seguridad alimentaria y la estabilidad social.
La transición hacia modelos bajos en carbono, la protección de la biodiversidad, la inversión en infraestructura resiliente y la educación ambiental son hoy pilares indispensables. Sin embargo, los expertos coinciden en que la acción debe ser multinivel: gobiernos, empresas, comunidades y ciudadanos.
La ONU insiste en que aún es posible revertir parte del daño si se acelera la implementación de políticas climáticas, se reducen las emisiones en un 45 % para 2030 y se fortalecen los mecanismos de financiamiento para países vulnerables. En este 22 de abril, el mensaje es claro: la Madre Tierra necesita decisiones valientes, cooperación internacional y un compromiso sostenido para garantizar un futuro habitable.lc