Sin embargo, la pregunta que hoy domina el debate nacional es inevitable: ¿qué ha cambiado realmente en Venezuela?
La llegada de Rodríguez al poder no significó una ruptura con el sistema, sino más bien una reconfiguración interna del chavismo. Aunque se esperaba una transición política o la convocatoria de elecciones, esto no ha ocurrido. De hecho, el país sigue sin un cronograma electoral claro, mientras crecen las dudas sobre la legalidad de la continuidad del gobierno interino tras el vencimiento del plazo constitucional inicial.
Lejos de una apertura democrática, el escenario actual apunta a una continuidad del modelo con nuevos actores, donde el poder se mantiene concentrado.
Uno de los cambios más relevantes ha ocurrido fuera de Venezuela. La administración de Donald Trump ha logrado avanzar en objetivos estratégicos, especialmente en el sector energético. Tras la salida de Maduro, Washington ha impulsado negociaciones directas con el nuevo gobierno, mostrando interés en el petróleo venezolano y en la reactivación de la industria extractiva.
Aunque esto ha generado expectativas de recuperación económica, los beneficios aún no llegan a la población.
La crisis económica sigue siendo el principal problema del país. A pesar de anuncios oficiales sobre aumentos salariales, la realidad es que los ingresos siguen siendo insuficientes frente al costo de vida.
Según estimaciones recientes, una familia necesita más de 500 dólares mensuales para cubrir gastos básicos, mientras un poco porcentaje de laa población de trabajadores apenas superan los 150 dólares. Esto ha provocado protestas en distintas regiones del país, donde trabajadores y jubilados exigen mejoras urgentes.
Si hay un elemento que refleja la desconexión entre discurso oficial y realidad, es la crisis eléctrica.
En estados como Carabobo, Zulia y Lara, los ciudadanos reportan:
Aunque el gobierno ha anunciado planes de recuperación, la percepción general es que el sistema eléctrico sigue colapsado, repitiendo patrones de años anteriores.
Otro rasgo del gobierno de Delcy Rodríguez ha sido la constante rotación de funcionarios. Nuevos nombramientos en áreas clave como justicia y defensoría del pueblo buscan proyectar renovación. Sin embargo, analistas coinciden en que estos movimientos responden más a reacomodos internos del poder que a reformas estructurales. La población, por su parte, no percibe mejoras concretas en su vida diaria.
Uno de los temas más sensibles sigue siendo el de los presos políticos. Aunque se anunciaron liberaciones parciales, organizaciones y sectores de la oposición denuncian que aún hay detenidos y que la persecución política no ha desaparecido.
Las protestas recientes también han dejado nuevos arrestos, lo que refuerza la idea de que el aparato represivo sigue activo.
Tres meses después, Venezuela parece vivir en una especie de “normalidad incierta”:
El país no está en transición, sino en una fase de reacomodo político, donde el poder se mantiene, las estructuras persisten y la crisis continúa afectando a millones.
La salida de Maduro marcó un hito histórico, pero no significó el fin de la crisis venezolana. Hoy, bajo el liderazgo de Delcy Rodríguez, Venezuela enfrenta una paradoja: todo parece distinto en el poder… pero igual en la realidad.
El verdadero cambio, si llega, aún está pendiente.lc