Asomado ante miles de fieles, el Papa invitó a vivir la Pascua como un tiempo de reconciliación, dejando atrás disputas, ambiciones personales y toda voluntad de dominio. Señaló que el mundo continúa marcado por guerras, odio e indiferencia, realidades que generan una sensación de impotencia ante el mal. Recordó que la paz cristiana no se limita a la ausencia de violencia armada ni a “silenciar las armas”, sino que implica una transformación profunda del corazón humano.
En este contexto, el Santo Padre lanzó un llamado firme a los responsables políticos y militares: “Que quienes tienen armas en sus manos las abandonen. Que quienes tienen el poder de desatar guerras, elijan la paz”. A su lado se encontraba el cardenal albanés Ernest Simoni, considerado un mártir vivo de la persecución comunista en Albania. Como es tradición, el Papa dirigió saludos de Pascua en varios idiomas, entre ellos chino, árabe, español y portugués.
Tras impartir la bendición Urbi et Orbi, que se ofrece dos veces al año —en Navidad y al final de la Semana Santa—, el Pontífice reafirmó su deseo de una paz que no sea “impuesta por la fuerza, sino mediante el diálogo”, y que busque el encuentro en lugar de la dominación. Más de 50,000 fieles se congregaron en la plaza de San Pedro para escuchar su mensaje y recibir la bendición pascual.lc