La depresión es un trastorno del estado de ánimo caracterizado por tristeza profunda, vacío o desesperanza. Aunque comúnmente se asocia a factores emocionales o circunstancias difíciles, estudios recientes destacan que la alimentación es un factor determinante pero poco abordado. Lo que comemos influye en la producción de hormonas y neurotransmisores, afectando directamente nuestro cerebro y regulando el estado emocional.
Mónica Mejía, psicóloga clínica dominicana y fundadora del centro de salud PSICOMED, explica en el pódcast “La Puerta Abierta de Puerta del Cielo” que “el intestino funciona como un segundo cerebro, ya que el 90 % de la serotonina, neurotransmisor clave para regular el ánimo, el sueño y el apetito, se produce en esta zona del cuerpo”.
Mejía agrega que un desequilibrio de la microbiota intestinal puede provocar inflamación, que a través del eje intestino-cerebro impacta directamente el sistema nervioso, desencadenando estados de ánimo depresivos. Los ultraprocesados, comida chatarra y dulces favorecen este desbalance, convirtiéndose en un factor importante a tratar para prevenir la depresión asociada a la alimentación.
Una persona cuya depresión esté relacionada con la mala alimentación no solo necesita apoyo psicológico o psiquiátrico, sino también consulta con un nutriólogo. La intervención nutricional complementa el tratamiento emocional, potenciando la efectividad del proceso terapéutico.
El desequilibrio alimenticio no solo afecta el cuerpo, sino que también puede desencadenar depresión, creando un círculo vicioso donde la persona sigue consumiendo alimentos poco saludables para aliviar momentáneamente su estado de ánimo.
Expertos como Uma Naidoo, psiquiatra nutricional de Harvard, y el neurólogo David Perlmutter, señalan que este patrón puede provocar inflamación intestinal, aumento de la ansiedad, irritabilidad, cansancio, dificultad para concentrarse y tristeza profunda. Además, puede alterar el apetito, generando deseo constante de dulces o, en algunos casos, inapetencia.
Adoptar una dieta basada en frutas, verduras, cereales integrales, legumbres, aceite de oliva y pescado contribuye a la estabilidad del estado de ánimo y fortalece tanto la mente como el cuerpo. Con cambios graduales, apoyo profesional adecuado y una actitud positiva, es posible recuperar el equilibrio emocional y avanzar hacia una vida más saludable y estable.lc