Entre los primeros asistentes estuvieron el presidente de Panamá, José Raúl Mulino; el presidente electo de Chile, José Antonio Kast; la primera ministra de Trinidad y Tobago, Kamla Persad-Bissessar; y el presidente de Honduras, Nasry Asfura. Más tarde se sumaron los mandatarios de Bolivia, Rodrigo Paz; Ecuador, Daniel Noboa; Costa Rica, Rodrigo Chaves; Argentina, Javier Milei; República Dominicana, Luis Abinader; Guyana, Irfaan Ali; Paraguay, Santiago Peña; y El Salvador, Nayib Bukele.
A diferencia de la Cumbre de las Américas tradicional, no fueron invitados los gobiernos de Brasil, México ni Colombia, tres de las principales economías de la región.
Durante su intervención, Trump generó polémica al afirmar ante los mandatarios presentes que no tiene intención de aprender español, señalando entre risas: “No voy a aprender su maldito idioma. No tengo tiempo”. El presidente relató además una anécdota sobre una traducción incorrecta en una reunión previa con un líder extranjero, destacando que prefiere trabajar con intérpretes.
La cumbre se desarrolla en un contexto de tensiones crecientes en Medio Oriente, tras los ataques de Estados Unidos e Israel contra objetivos en Irán y la muerte del ayatolá Ali Khamenei. Trump tiene previsto viajar a la Base Aérea de Dover para recibir los cuerpos de seis militares estadounidenses fallecidos en la guerra.
El encuentro también coincide con la reciente captura del expresidente venezolano Nicolás Maduro por fuerzas estadounidenses, así como con nuevas fricciones entre Washington y La Habana por el bloqueo energético a Cuba. Además, se enmarca en los esfuerzos de Estados Unidos por limitar la influencia china en la región, que incluyen presiones sobre el Canal de Panamá y sanciones a funcionarios chilenos vinculados a proyectos tecnológicos con empresas asiáticas.lc