Los investigadores eliminaron de sus modelos los efectos naturales que pueden alterar temporalmente la temperatura global —como El Niño, las erupciones volcánicas o los ciclos solares— y aun así detectaron un incremento sostenido del calentamiento desde 2013 y 2014. El análisis se basó en los cinco principales conjuntos de datos globales utilizados por la comunidad científica, incluidos los de NASA, NOAA, HadCRUT, Berkeley Earth y ERA5.
Según el climatólogo Grant Foster, la velocidad actual del calentamiento es la más alta registrada desde 1880, año en que comenzaron las mediciones instrumentales. Su equipo confirma que la aceleración observada desde 2015 tiene una certeza estadística superior al 98 %, lo que descarta que se trate de una fluctuación puntual o de un fenómeno pasajero.
Aunque el estudio no profundiza en las causas específicas de esta aceleración, los autores advierten que sus implicaciones son profundas: si la tendencia continúa, el planeta podría superar el límite de 1,5 °C de aumento respecto a la era preindustrial antes de 2030, un umbral clave fijado en el Acuerdo de París para evitar impactos climáticos irreversibles y de gran escala.
Los científicos subrayan que la trayectoria futura del calentamiento dependerá directamente de la rapidez con la que se reduzcan las emisiones globales de dióxido de carbono procedentes de combustibles fósiles. “La velocidad con la que la Tierra continúe calentándose depende, en última instancia, de la rapidez con la que llevemos las emisiones a cero”, señaló Stefan Rahmstorf, coautor del estudio.lc