Sánchez afirmó que España no será “cómplice de algo malo para el mundo” por temor a presiones externas, sin mencionar directamente a Trump. Recordó que en 2003 Estados Unidos “arrastró” a España a un conflicto que, según señaló, generó la mayor ola de inseguridad en Europa desde la caída del Muro de Berlín.
El presidente evocó la guerra de Irak como un ejemplo de intervención que, pese a justificarse en la eliminación de armas de destrucción masiva y la defensa de la seguridad global, produjo el efecto contrario: más inestabilidad, terrorismo y consecuencias económicas. “Ese fue el regalo del trío de las Azores a los europeos de entonces: un mundo más inseguro”, afirmó.
Sánchez advirtió que el conflicto actual podría prolongarse y defendió que su Gobierno mantendrá una posición “clara y contundente” basada en el respeto al derecho internacional, la misma que sostiene respecto a Ucrania y Gaza. También anunció que el Ejecutivo estudia medidas para mitigar los efectos económicos de la crisis en hogares, empresas y trabajadores. El presidente aseguró que España tiene la capacidad y la voluntad política para actuar junto a los agentes sociales, como ocurrió durante la pandemia, la crisis energética y la reciente crisis arancelaria.
En cuanto a los ciudadanos españoles en la región, Sánchez garantizó que el Gobierno trabaja para facilitar su salida y retorno al país. En la zona se encuentran alrededor de 30.000 españoles, entre residentes, turistas y trabajadores desplazados. Un primer grupo ya regresó a España y otros continúan abandonando el área por distintas vías.lc