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Crónica de una ausencia prolongada: Roldany y Brianna, el rastro que no aparece

Xiomara Martínez | Lunes 26 de enero de 2026

Roldany Calderón y Brianna Genao tenían apenas tres años cuando sus nombres comenzaron a repetirse en las listas de desaparecidos. Dos niños, dos comunidades rurales distintas y una misma constante: la desaparición sin explicación en territorios agrestes, cubiertos de vegetación espesa.



Santo Domingo.- Para la familia de Roldany, el tiempo se detuvo la tarde del domingo 30 de marzo de 2025. Aquella visita familiar en la comunidad Los Tablones, del distrito municipal de Manabao, en Jarabacoa, terminó convertida en una pesadilla que aún no despierta. Pasadas las 3:30 de la tarde, mientras jugaba con otros niños, Roldany se esfumó. Diez meses después, nadie ha podido responder qué ocurrió realmente.

Un destino parecido persigue a la familia de Brianna Genao. El miércoles 31 de diciembre, en plena víspera de fin de año, la niña se encontraba junto a su abuela visitando parientes en la comunidad de Barrero, en Puerto Plata. Al caer la tarde, alrededor de las 5:00, fue vista por última vez. Desde entonces, no hay rastro.

Coincidencias que inquietan

Las similitudes entre ambos casos no pasan desapercibidas. Roldany y Brianna tenían la misma edad. Ninguno residía en el lugar donde desapareció: él vivía en Jarabacoa; ella en Navarrete. Ambos fueron llevados a zonas rurales apartadas, espacios donde el terreno castiga al forastero y donde la confianza de estar “entre familiares” relajó la vigilancia.

Las desapariciones ocurrieron en tardes de descanso, momentos en que el ambiente festivo y la cercanía afectiva diluyeron la percepción del riesgo. Bastaron minutos para que el entorno se los tragara.

El tiempo y la última pista

En ambos casos, el reloj marca horas clave. El padre de Roldany, Efraín Calderón, ubica la desaparición exactamente a las 3:30 p. m. En el caso de Brianna, los relatos familiares sitúan el último avistamiento a las 5:00 de la tarde.

Luego, un hallazgo inquietante: los zapatos.

Al segundo día de búsqueda de Roldany, apareció un tenis negro con blanco en las cercanías de la vivienda donde fue visto por última vez. En el caso de Brianna, sus sandalias rosadas tipo crocs fueron encontradas atrapadas entre ramas dentro del río. Su familia confirmó que eran las que llevaba puestas.

No hubo señales de forcejeo. Solo calzado abandonado. Una ausencia muda que se convirtió en el principal punto de partida para los equipos de rescate y las autoridades.

La búsqueda comienza con los vecinos

Antes de que llegaran las instituciones, fueron los propios comunitarios quienes reaccionaron. En Manabao y en Barrero, vecinos dejaron celebraciones y rutinas para internarse en montes y barrancos con linternas improvisadas cuando cayó la noche.

La Defensa Civil y la Policía Nacional llegaron horas después, ya entrada la noche. El Ministerio Público se integró formalmente al día siguiente. Para entonces, el terreno había sido recorrido por decenas de personas, una intervención solidaria que, sin saberlo, también pudo diluir pistas cruciales.

Tecnología en terrenos imposibles

La desaparición de Roldany marcó un punto de inflexión en el uso de tecnología aérea en búsquedas rurales. En Los Tablones, la División de Drones del Sistema 911 desplegó aeronaves no tripuladas sobre áreas próximas al Parque Nacional José Armando Bermúdez. Meses después, el mismo protocolo fue replicado en Barrero, Puerto Plata, durante la búsqueda de Brianna.

Ocho drones, incluyendo modelos DJI Matriz 400, cubrieron radios de hasta cuatro kilómetros con sistemas de georreferenciación de alta precisión. Equipados con cámaras térmicas y sensores láser, volaron entre 300 y 400 pies de altura, rastreando variaciones mínimas del terreno que el ojo humano no alcanza.

Las imágenes eran procesadas en tiempo real desde un centro de operaciones móvil, permitiendo jornadas acumuladas de más de ocho horas de vuelo en los momentos más críticos.

A este despliegue se sumó un software de inteligencia artificial desarrollado por técnicos del 911, con apoyo financiero de la Embajada de Estados Unidos. La herramienta integró datos térmicos, visuales y geoespaciales para detectar patrones de tránsito o alteraciones del entorno. Fue utilizada tanto en Manabao como en Barrero, en un intento por descifrar lo que la geografía parecía esconder.

El olfato como esperanza

El rastreo terrestre estuvo a cargo de unidades caninas especializadas de la Defensa Civil, el Ejército y la Fuerza Aérea. Los equipos se dividieron estratégicamente: algunos perros fueron entrenados para la localización de personas con vida, siguiendo aromas obtenidos de ropa y calzado; otros, para la detección de restos humanos.

Pozos sépticos, construcciones abandonadas, márgenes de ríos y zonas de cultivo fueron inspeccionados minuciosamente. Ninguno de los escenarios confirmó un desenlace.

El FBI entra en escena

El caso de Brianna incorporó un elemento adicional: la participación del Buró Federal de Investigaciones (FBI), a solicitud formal del Ministerio Público dominicano. Especialistas y unidades caninas ampliaron el radio de búsqueda a más de cinco kilómetros.

La procuradora general de la República, Yenny Berenice Reynoso, informó que, aunque los agentes concluyeron su trabajo de campo, el acompañamiento continúa a través del análisis técnico. El informe final del FBI, considerado clave, se espera entre esta y la próxima semana.

El silencio que descarta el rescate

En ninguno de los dos casos hubo llamadas, notas ni exigencias económicas. No existió intento alguno de negociación. Este silencio absoluto desde el primer momento reforzó una línea de investigación: la desaparición no tuvo fines de lucro.

Para los investigadores, la ausencia de contacto apunta a un desenlace trágico vinculado al entorno o a un hecho criminal que alguien intentó ocultar, confiando en la complicidad del terreno y el paso del tiempo.

Día 15: el repliegue

En ambos expedientes, el día 15 marcó el final de los operativos masivos de búsqueda. Las autoridades concluyeron que el rastreo superficial ya había agotado las posibilidades inmediatas.

En Manabao, recuerda Efraín Calderón, el retiro fue casi total. El caso de Roldany entró en una fase estrictamente judicial, mientras el rastro se enfriaba en la montaña.

En Barrero, el cierre fue distinto. Aunque el operativo general concluyó, se mantuvo presencia estatal para misiones específicas: custodia de la zona, seguimiento a puntos señalados por el FBI y control de accesos.

Vigilancia permanente

Actualmente, el área vinculada a la desaparición de Brianna permanece bajo resguardo. Miembros del Ejército, la Policía Nacional y la Dirección Central de Investigaciones controlan el ingreso, limitado únicamente a residentes. Paralelamente, otro grupo mantiene vigilancia sobre los tíos de la menor, quienes habrían confesado su participación en el crimen, según las autoridades.

La palabra oficial

Este sábado, la procuradora general reiteró que ambos casos siguen activos en fase de investigación. Aseguró que los equipos continúan trabajando y que se están agotando todos los recursos técnicos disponibles para evitar que estas desapariciones se pierdan en la impunidad.

Mientras tanto, Roldany y Brianna siguen siendo dos nombres suspendidos en el aire. Dos infancias interrumpidas. Dos familias que aún esperan respuestas donde solo ha habido silencio. H.A.A.

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