El análisis se basó en datos sanitarios de Dinamarca, Finlandia, Islandia, Noruega y Suecia recopilados durante 26 años, entre 1994 y 2020. En total, se evaluaron 17.232 casos de adenocarcinoma gástrico y 172.297 controles, registrando el uso prolongado —más de un año— tanto de inhibidores de la bomba de protones como de antagonistas de los receptores H2, otro tipo de fármacos utilizados para reducir la producción de ácido estomacal.
Los investigadores explican que, aunque desde la década de 1980 existe preocupación sobre un posible vínculo entre estos medicamentos y el cáncer de estómago, la evidencia previa presentaba limitaciones metodológicas. Tras ajustar factores como edad, sexo, presencia de Helicobacter pylori, enfermedades asociadas al tabaquismo o alcohol, obesidad, diabetes tipo 2 y uso de otros fármacos, no se encontró una asociación entre el uso prolongado de estos medicamentos y un aumento del riesgo de cáncer gástrico.
Los autores subrayan que, al tratarse de un estudio observacional, no es posible establecer relaciones de causa y efecto. Sin embargo, destacan que el acceso a registros sanitarios de alta calidad durante más de dos décadas permitió reducir muchos de los sesgos que afectaron investigaciones anteriores. Por ello, consideran que los resultados pueden aportar tranquilidad a los pacientes que requieren tratamientos prolongados y servir de apoyo en la toma de decisiones clínicas.lc