Según el ministro, a lo largo de 200 a 300 metros de vía se han identificado varias roturas, incluida una “muy grande” en el carril derecho, justo en el punto donde se cree que comenzó el siniestro. Sin embargo, Puente subrayó que, por ahora, cualquier hipótesis es especulativa y que serán necesarios análisis de laboratorio para determinar el origen exacto del fallo.
El accidente, que involucró a un tren Iryo que posteriormente colisionó con un Alvia, ha dejado al menos 40 fallecidos y decenas de heridos. El ministro calificó el descarrilamiento como una circunstancia “totalmente infrecuente”, especialmente porque se produjo en un tramo recto y por el octavo vagón del convoy, un comportamiento poco habitual en la operativa ferroviaria.
En relación con testimonios sobre posibles vibraciones previas al accidente, Puente confirmó que existe al menos un relato difundido en redes sociales, pero aclaró que no hay evidencia de que esas vibraciones coincidieran con el momento del siniestro. Recordó además que, en muchos casos, estas percepciones no guardan relación directa con el incidente.
Mientras avanza la investigación, 41 personas permanecen hospitalizadas, 12 de ellas —incluido un menor— en la Unidad de Cuidados Intensivos. Paralelamente, familiares continúan buscando información sobre sus seres queridos tras horas de incertidumbre.
La Guardia Civil ha difundido imágenes del tramo bajo estudio, y aunque algunas informaciones apuntan a un posible fallo de soldadura, el Ministerio insiste en que no se puede establecer aún ningún vínculo concluyente. La prioridad, señaló Puente, es recopilar todos los datos técnicos necesarios para esclarecer qué ocurrió realmente en Adamuz.lc