Santo Domingo.- Hay ciudades dominicanas que se visitan. Hay otras que te enamoran, te conquistan y se habitan, aunque sea por unos dos días. Jarabacoa pertenece a esta segunda categoría.
A menos de dos horas de Santo Domingo, entre las estribaciones de la Cordillera Central, el aire cambia de textura: se enfría, huele a pino y a leña, y el reloj empieza a correr distinto.
Esta es la bitácora de una escapada de dos días —la que cualquier viajero podría replicar— y que Vive Dominicana recorrió junto a un grupo de amigos y colegas periodistas invitados a conocer el destino y ser testigo de la primera ronda de negocios turísticos impulsada por el Clúster Turístico de Jarabacoa con el apoyo del Ministerio de Turismo y la Universidad Agroforestar Fernando Arturo de Meriño (UAFAM) para vivir una experiencia que intentaremos al contarle, hacerle sentir.
La escapada arrancó dejando la gran ciudad, tomando toda la autopista Juan Pablo Duarte, pasar La Vega y tomar la carretera Federico Basilis para comenzar con unas costillitas legendarias y terminar, cuarenta y ocho horas después, con un almuerzo bufet en un legendario y renovado hotel de extraordinaria calidad y elegancia, unos helados Ivón para entonces, sin el más mínimo deseo, volver a la capital.
El mediodía huele a leña y sabe a cielo entre la mejor costilla de cerdo
La entrada a Jarabacoa por la carretera de La Vega ya viene con un aviso: el olor a carne asada en leña de montaña que se cuela por la ventanilla del carro antes incluso de ver algún letrero en la vía que nos oriente hacia un lugar referente de la gastronomía jarabacoense. Ese aroma pertenece al Restaurante Sagrado Corazón, un parador de montaña que, sin necesidad de valla publicitaria, se ha convertido en parada obligada de quien sube hacia el Cibao central en ruta a Jarabacoa.
El plato que le ha dado fama nacional son las costillitas de cerdo a la leña, cocinadas lentamente hasta que la carne se separa del hueso con apenas un roce de tenedor. No es el único protagonista: el chivo asado, la longaniza y el conejo a la leña completan una carta de cocina criolla de montaña que se sirve en un ambiente amplio, familiar y con vista al Valle del Cibao. Entre los elementos que explican su vigencia destacan:
No exagera quien afirma que ningún recorrido gastronómico por Jarabacoa —ni por la región del Cibao— está completo sin sentarse frente a un plato de costillitas humeantes en este rincón de montaña.
Café Monte Alto, el aroma que sostiene la economía de la montaña
Con el estómago satisfecho y el alma regocijada de tan buen trato de Gladys Ramírez, propietaria del Restaurant Corazón de Jesús, la ruta gira hacia otro gran símbolo sensorial de Jarabacoa: el café.
La visita a la industria Belarminio Ramírez e Hijos, productora de la marca Monte Alto, permite entender por qué esta zona es una de las cunas cafetaleras más importantes del país.
Fue fácil y grato conocer cada detalle de la experiencia cafetalera de la mano del joven Melvin Cruz, guía experto en cada rincón de la industrialización del café en Belarminio Ramírez desde la escogencia del grado, su siembra, recolección, tratamiento hasta llegar a la tasa de café.
Y es que la empresa ofrece un coffee tours que permiten al visitante tener contacto directo con cada uno de los procesos, desde la germinación del grano hasta llegar a una aromática taza de café, una experiencia tan educativa como sensorial.
Monte Alto tiene un impacto nacional que viene de una historia
La historia se remonta a 1943, cuando Belarminio Ramírez inició una pequeña empresa dedicada al cultivo y comercialización de café en la zona de Juncalito, que con el paso de los años se convirtió en una tradición familiar que hoy involucra a tres generaciones. Ese origen artesanal es justamente lo que hace atractivo el recorrido: no se trata de una fábrica anónima, sino de un negocio de linaje, construido grano a grano durante más de ocho décadas. Un guía especializado permitirá entender cada momento del proceso y una conversación amena saboreando una gran tasa de café con Eddy Ramírez, gerente general de Berlarminio Ramírez e Hijos y único catador internacional de café certificado en el momento en el Caribe, permite entender porque es el único catador certificado.
Marcas y presentaciones de Café Monte Alto:
Además de su línea propia, la industria trabaja marcas privadas y café verde para terceros, y exporta gran parte de su producción hacia Alemania, Italia, Taiwán, Corea, Estados Unidos, Canadá y otros mercados, sin descuidar el consumo local. Belarminio Ramírez e Hijos es el suplidor de todo el café que en el país sirve la firma Nescafé, marca líder de café instantáneo y soluble perteneciente a Nestlé Dominicana.
Ese doble circuito —exportación y mercado doméstico— es clave para entender el aporte de la empresa a Jarabacoa: genera empleos directos en el campo y en la planta, dinamiza a los pequeños productores de la zona cuya cosecha se procesa aquí, y proyecta el nombre del municipio en las tazas de medio mundo. Cada bolsa de Monte Alto que sale de Jarabacoa hacia el exterior es, en el fondo, una tarjeta de presentación turística: mucha gente conoce primero el café y después decide conocer la montaña de la que viene.