El diseño, un little black dress atemporal, destaca por su escote corazón, mangas largas y una combinación de tejidos que incluye terciopelo. Los bolsillos con solapas bordadas y los botones dorados refuerzan el sello característico de la casa italiana, evocando la estética opulenta de los años dorados de la firma.
Hathaway complementó el look con medias translúcidas y las plataformas Medusa Aevitas de Versace, además de joyería de Bvlgari, marca de la que es embajadora. El resultado fue un estilismo que equilibra nostalgia, sofisticación y una lectura contemporánea del archivo.
La elección del vestido también dialoga con la tendencia creciente entre celebridades de rescatar piezas vintage, otorgándoles una segunda vida y subrayando su vigencia estética. En este caso, la prenda tiene un antecedente memorable: fue Naomi Campbell quien la lució por primera vez en la pasarela de 1991, consolidándola como uno de los diseños más emblemáticos de la época.
Con esta aparición, Hathaway reafirma su posición como una de las figuras mejor vestidas del momento, capaz de convertir cada promoción en un despliegue de moda cuidadosamente curado y alineado con su narrativa profesional.lc