Punto de mira

Un año después del Jet Set: duelo, memoria y la deuda de la justicia

Colapso de la discoteca Jet Set (Foto: Fuente Externa ).
Henry Arvelo | Martes 07 de abril de 2026

A un año del trágico suceso ocurrido en el Jet Set, donde 236 personas perdieron la vida, la República Dominicana sigue cargando un dolor que no termina de asentarse. No se trata únicamente de una cifra devastadora, sino de historias truncadas, familias incompletas y una herida colectiva que permanece abierta en la conciencia nacional.



El país entero quedó marcado por aquella noche. Lo que comenzó como un espacio de esparcimiento se transformó en escenario de una de las tragedias más impactantes de los últimos tiempos. Desde entonces, el duelo ha sido compartido: en los hogares, en las redes, en las conversaciones cotidianas. La tragedia trascendió lo individual para convertirse en un símbolo de vulnerabilidad, de fallas estructurales y de preguntas que aún no encuentran respuestas claras.

Sin embargo, lo que más inquieta hoy no es solo el recuerdo del dolor, sino la percepción creciente de impunidad. A doce meses del hecho, amplios sectores de la sociedad sienten que la justicia no ha avanzado con la firmeza ni la transparencia que la magnitud del caso exige. La ausencia de sanciones concretas, de responsables claramente establecidos, alimenta una narrativa peligrosa: la de que tragedias de esta dimensión pueden diluirse en el tiempo sin consecuencias proporcionales.

En un Estado de derecho, la justicia no solo debe hacerse, sino también parecer que se hace. Y en este caso, esa percepción está en entredicho. Para los familiares de las víctimas, cada día sin respuestas es una prolongación del duelo. Para la sociedad, es un recordatorio de las debilidades institucionales que aún persisten.

Este aniversario no puede limitarse a actos simbólicos o a minutos de silencio. Debe ser un punto de inflexión. La memoria de las 236 vidas perdidas exige más: exige investigación rigurosa, procesos judiciales ágiles y, sobre todo, voluntad política para evitar que hechos similares vuelvan a repetirse.

El país necesita cerrar este capítulo, pero no desde el olvido, sino desde la justicia. Porque cuando una tragedia de esta magnitud no encuentra respuestas, el mensaje que queda es tan grave como el propio hecho: que la vida puede perderse, y la responsabilidad, evaporarse.

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