El reporte señala que 54 países experimentaron caídas en su índice de libertad, mientras que solo 35 registraron mejoras durante el año pasado. Entre las naciones con retrocesos más notables se encuentran Guinea-Bisáu, Tanzania, Burkina Faso, Madagascar y El Salvador, que vieron deteriorarse sus puntajes en el informe anual.
En contraste, países como Bolivia, Fiyi y Malaui lograron pasar de ser catalogados como “parcialmente libres” a “libres” gracias al fortalecimiento de su Estado de derecho, reflejando que no todos los caminos son de retroceso.
El documento también destaca casos en los que la libertad ha sufrido fuertes retrocesos debido a la represión y restricción de derechos. Por ejemplo, Irán vio caer su puntuación tras detenciones masivas de manifestantes, mientras que Sudán se ubicó con uno de los puntajes más bajos tras episodios de violencia extrema y desplazamientos forzosos en el marco de conflictos armados.
El informe identifica además a países como Nicaragua y Venezuela como ejemplos de cómo una democracia débil puede transformarse en autocracia, subrayando el impacto de la represión y el debilitamiento de instituciones democráticas.
Aunque algunas democracias conservan espacios de resistencia, incluso Estados tradicionalmente considerados libres han visto descensos en sus evaluaciones. Esto refleja una tendencia global preocupante en la libertad de prensa, de expresión y en el respeto al debido proceso judicial, que son algunos de los aspectos más afectados en esta vigésima caída anual del índice.
En medio de este panorama, solo un número reducido de países alcanzó mejoras sustanciales, con Finlandia, Noruega, Suecia y Nueva Zelanda encabezando la lista de naciones con las puntuaciones más altas en libertad.lc