Los intercambios se realizaron bajo la supervisión del líder histórico Raúl Castro y del propio Díaz-Canel. Uno de los objetivos más urgentes es levantar el cerco energético impuesto por Donald Trump, que ha paralizado gran parte de la actividad económica en la isla. Las negociaciones también buscan identificar áreas de cooperación que garanticen seguridad, paz y beneficios para la población.
Antes de hacer público este acercamiento, el gobierno cubano implementó reformas económicas y anunció la liberación de 51 presos políticos que habían cumplido buena parte de sus condenas, enviando señales de apertura hacia un posible diálogo. Sin embargo, centenares de disidentes continúan tras las rejas.
Según reportes de medios internacionales, Estados Unidos busca acuerdos sobre puertos, energía y turismo, con posibles flexibilizaciones de sanciones que podrían permitir la entrada de turistas estadounidenses y dinamizar la economía. Algunos informes mencionan incluso conversaciones sobre posibles cambios en el liderazgo cubano, aunque sin afectar a los miembros de la familia Castro.
En la isla, el malestar ciudadano sigue creciendo en barrios como Marianao, Nuevo Vedado, Matanzas y Santiago, así como en varias universidades, reflejando la presión sobre un gobierno que intenta mantener la estabilidad mientras busca negociar con Washington en un contexto de crisis energética y social sin precedentes.lc