El estudio, titulado “Marcadores neurológicos y neuropsicológicos de feminicidas: una investigación con Resonancia Magnética Funcional”, contó con el apoyo del Centro Conductual para Hombres, la Dirección Nacional de Prisiones y la Fundación EgeDonBosco. Fue desarrollado por los especialistas Dr. Jorge Morillo, PhD; Dr. Peater Stoeter; Lic. Ruthbelkis Suazo; Lic. Jairo Oviedo; Lic. Tatiana González; Dr. Emilio Mota y la Dra. Rea Rodríguez-Raecke.
Los investigadores señalan que, aunque el feminicidio suele abordarse desde el ámbito legal, su prevención requiere integrar herramientas provenientes de la salud mental y la neurociencia. La urgencia es evidente: según la Oficina Nacional de Estadística (ONE), entre 2020 y 2024 se registraron 348 feminicidios en el país. En 2025 se sumaron 49 casos, y solo en enero de 2026 ya se habían documentado alrededor de seis.
Para comprender mejor este fenómeno, el equipo comparó tres grupos de hombres: condenados por feminicidio, participantes remitidos al Centro Conductual para Hombres por violencia contra sus parejas y un grupo control sin historial de violencia. A todos se les realizaron resonancias magnéticas estructurales y funcionales, además de evaluaciones neuropsicológicas y psicológicas.
Entre los hallazgos más relevantes, el grupo de feminicidas presentó menor densidad de materia gris en áreas cerebrales asociadas al control del comportamiento y la regulación emocional, así como alteraciones en la conectividad de la amígdala, estructura clave en el procesamiento del miedo y las emociones. También se observaron dificultades en el control de impulsos, problemas para regular la conducta en situaciones emocionalmente intensas y patrones de pensamiento rígidos, junto con tendencias a la autocrítica, inseguridad y dificultades para gestionar emociones.
En el ámbito sociofamiliar, se identificaron factores recurrentes como niveles educativos más bajos y ausencia o distancia de la figura paterna durante la infancia.
Los investigadores destacan que estos resultados buscan contribuir a la construcción de modelos científicos que permitan mejorar la evaluación de riesgo, la detección temprana y las intervenciones preventivas, integrando la neurociencia y la salud mental en las políticas y programas destinados a enfrentar la violencia de género.lc