Durante una comparecencia en el Pentágono, el secretario de Defensa, Pete Hegseth, afirmó que Estados Unidos e Israel mantienen el control del ritmo de las operaciones y que, en menos de una semana, ambas fuerzas aéreas podrían lograr la superioridad total del espacio aéreo iraní. Una vez alcanzada esa ventaja, Washington prevé intensificar el uso de bombas guiadas por GPS y láser, respaldado por amplias reservas de armamento para acciones ofensivas y defensivas.
La Casa Blanca reiteró que la ofensiva busca cumplir cuatro objetivos principales: debilitar el arsenal iraní y su capacidad de producir misiles balísticos, reducir su presencia naval, limitar la influencia de grupos aliados en la región y evitar que Teherán avance hacia la obtención de armas nucleares.
Aunque funcionarios estadounidenses evitaron hablar de “misión cumplida”, destacaron avances recientes, entre ellos la reducción significativa de la capacidad de lanzamiento de misiles y drones por parte de Irán, así como ataques selectivos que, según Washington, han afectado la infraestructura militar del país.lc