Punto de mira

Santo Domingo: tránsito fuera de control y la urgencia de asumir responsabilidades

Tránsito fuera de control
Henry Arvelo | Jueves 05 de marzo de 2026

Por décadas, el caos del tránsito en Santo Domingo ha sido parte del paisaje urbano. Bocinas incesantes, tapones interminables, motocicletas zigzagueando entre vehículos y peatones expuestos forman parte de la rutina diaria. Sin embargo, lo que antes se asumía como una molestia cotidiana se ha convertido en un problema estructural con consecuencias fatales.



La República Dominicana figura de manera recurrente entre los países con mayores tasas de muertes por accidentes de tránsito en la región. Cada año, miles de familias quedan marcadas por tragedias que, en muchos casos, pudieron evitarse. No se trata únicamente de imprudencia individual; hablamos de un sistema que no está funcionando.

Una ciudad que colapsa

Santo Domingo ha crecido sin que su infraestructura vial evolucione al mismo ritmo. El parque vehicular aumenta de forma acelerada, mientras las vías siguen siendo prácticamente las mismas. La falta de planificación urbana, la escasa educación vial y la débil fiscalización crean una combinación peligrosa.

Motoconchistas sin casco, conductores que irrespetan semáforos, vehículos pesados circulando en horas pico y una cultura generalizada de incumplimiento de normas convierten cada desplazamiento en una apuesta de riesgo.

Pero el desorden no puede explicarse solo desde la conducta ciudadana. La regulación, supervisión y ejecución de políticas públicas recaen en las autoridades.

El papel del INTRANT

El Instituto Nacional de Tránsito y Transporte Terrestre (INTRANT) fue creado con la misión de organizar, regular y modernizar el sistema de movilidad en el país. Su función no es decorativa; es estratégica. Debe diseñar políticas, coordinar con otras instituciones y garantizar que la Ley de Movilidad, Transporte Terrestre, Tránsito y Seguridad Vial se cumpla.

Sin embargo, la percepción ciudadana apunta a una brecha entre lo que establece la normativa y lo que ocurre en las calles. La señalización deficiente, la falta de campañas permanentes de educación vial y la limitada capacidad de fiscalización evidencian debilidades institucionales.

La pregunta obligada es: ¿está el INTRANT ejerciendo plenamente su rol rector o se ha quedado corto frente a la magnitud del problema?

Muertes que no pueden normalizarse

Las cifras de fallecidos por accidentes de tránsito no deberían convertirse en estadísticas frías. Cada número representa una vida truncada, una familia devastada y un costo social y económico enorme para el país.

El tránsito no es solo un tema de movilidad; es un asunto de salud pública y seguridad ciudadana. Mientras no exista una política integral sostenida —que combine educación, fiscalización rigurosa, infraestructura adecuada y sanciones efectivas— el problema seguirá escalando.

El caos en la renovación de licencias

A este panorama se suma el reciente desorden en torno a la renovación de licencias de conducir y la emisión del nuevo documento. Largas filas, retrasos, sistemas congestionados y quejas constantes han generado malestar entre los ciudadanos.

La modernización de la licencia de conducir es, en principio, una medida positiva. Un documento más seguro y actualizado fortalece el control y la trazabilidad. Pero cuando el proceso carece de planificación eficiente, termina afectando a miles de conductores que dependen del documento para trabajar y movilizarse.

La transición debió anticipar la demanda real y garantizar una logística que evitara el colapso operativo. En lugar de transmitir confianza institucional, el proceso ha dejado interrogantes sobre la capacidad de gestión.

Más que tapones, un desafío estructural

El tránsito en Santo Domingo no se resolverá únicamente con nuevos elevados o ampliaciones viales. Se requiere voluntad política sostenida, coordinación interinstitucional y una transformación cultural profunda.

La autoridad debe ejercer control con firmeza, pero también educar. La ciudadanía, por su parte, debe asumir que el respeto a la ley no es opcional. La movilidad eficiente no es un lujo; es un derecho vinculado a la calidad de vida.

Santo Domingo no puede resignarse a vivir entre el caos y la tragedia. El momento exige liderazgo, planificación y resultados medibles. Porque cada día que pasa sin soluciones efectivas, la ciudad pierde tiempo, productividad y, lo más grave, vidas humanas.

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