El Carnaval es una de las fiestas más extendidas del planeta y, aunque cada país lo vive a su manera, todos comparten el mismo espíritu festivo. En Brasil, por ejemplo, el Carnaval de Río de Janeiro es un espectáculo monumental con escolas de samba, carrozas gigantes y un ambiente que atrae a visitantes de todo el mundo. En Salvador de Bahía, la celebración se vuelve más callejera, marcada por ritmos afrobrasileños y los famosos tríos eléctricos.
En Europa, el Carnaval adopta un tono distinto. Venecia deslumbra con sus máscaras elegantes y bailes de época, mientras que en España, Cádiz y Santa Cruz de Tenerife destacan por sus comparsas, concursos y un humor satírico que forma parte esencial de la tradición. Cada región imprime su sello propio, mostrando la diversidad cultural del continente.
El Caribe también aporta celebraciones únicas. Trinidad y Tobago vibra con soca, steelpan y desfiles que celebran la herencia africana, mientras que Colombia brilla con el Carnaval de Barranquilla, declarado Patrimonio de la Humanidad por la Unesco. Allí, marimondas, cumbia y cultura picotera llenan las calles de energía.
Una de las grandes curiosidades del Carnaval es su capacidad de adaptación: no existe una sola forma de celebrarlo. Puede ser elegante, callejero, ancestral o moderno, pero siempre funciona como un puente cultural que conecta a las comunidades con sus raíces y con el mundo. En cada país, el Carnaval recuerda que la alegría, la creatividad y la identidad pueden ser lenguajes universales.lc