El templo del siglo XVI se transformó en una pasarela de luto, rodeada por cientos de ciudadanos que acudieron a despedir al “padre de la moda italiana”. El féretro, acompañado por su socio histórico Giancarlo Giammetti, fue recibido en medio de un silencio solemne. Durante la ceremonia, el ataúd permaneció frente al altar junto a un retrato del modisto, mientras piezas como el Lacrimosa de Mozart y el In Paradisum de Fauré marcaron el tono del servicio religioso. Entre los presentes destacaron musas y colaboradoras cercanas como Naty Abascal y Rosario Nadal, además de diseñadores y directores creativos que reconocieron la influencia de Valentino en la industria. Muchos asistentes lucieron detalles en carmín, un homenaje al icónico “rojo Valentino”, sello distintivo del diseñador desde la década de 1960.
El diseñador Brunello Cucinelli lo definió como un “arquitecto del estilo” que, junto a Giorgio Armani y Gianni Versace, proyectó la estética italiana a escala global. Las ofrendas florales que rodearon la basílica reflejaron ese legado, incluida una enviada por Sophia Loren con la dedicatoria “Siempre en mi corazón”. Roma, ciudad que Valentino eligió como sede de su casa de moda en 1959, vivió días de homenajes públicos y una capilla ardiente que recibió a miles de admiradores. Tras la ceremonia, sus restos fueron trasladados al cementerio Flaminio, donde descansarán en la capilla familiar. La salida del féretro fue acompañada por una ovación que subrayó la dimensión popular del diseñador, más allá de las pasarelas.
Con su partida, la moda pierde al último gran representante de una generación que convirtió el diseño en un lenguaje cultural y diplomático. Su legado técnico, estético y emocional permanecerá como referencia en los archivos de la moda internacional.lc