PARÍS, FRANCIA — En una jornada marcada por la solemnidad, la emoción y un profundo sentido de pertenencia cultural, la celebración de la misa en honor a la Virgen de la Altagracia, Protectora de la República Dominicana, trascendió lo religioso para convertirse en un acto de alto valor simbólico y cultural para la diáspora dominicana en Francia.
Corresponsal Internacional – Diario Hispaniola
Ni la persistente lluvia parisina logró menguar la asistencia ni el fervor del público. Por el contrario, el clima otorgó al encuentro una atmósfera íntima y recogida, coronando la Iglesia Saint-Philippe-du-Roule con una emoción palpable que envolvió a los presentes desde el primer momento.
Cultura, fe e identidad en el corazón de París
El altar, presidido por la imagen de la Virgen de la Altagracia, se erigió como un puente entre el Caribe y Europa, recordando que la identidad dominicana no conoce fronteras. En el silencio reverente del templo, la fe se expresó también como memoria cultural, herencia compartida y afirmación de valores transmitidos de generación en generación.
La ceremonia contó con la presencia del Embajador de la República Dominicana en Francia, David Puig, quien dirigió al público un discurso profundamente emotivo, cargado de sensibilidad y reconocimiento hacia la diáspora dominicana.
El mensaje del Embajador: orgullo, trayectoria y pertenencia
En sus palabras, el Embajador Puig destacó el impacto humano, profesional y cultural de los dominicanos en Francia, subrayando cómo la diáspora se ha convertido en una verdadera embajadora de la República Dominicana en los ámbitos académico, cultural, institucional y económico.
Con un tono cercano y sentido, evocó el valor de reencontrarse bajo el amparo de la Virgen de la Altagracia, no solo como símbolo de fe, sino como referente identitario que acompaña a los dominicanos allí donde la vida los lleve. Su mensaje generó una visible emoción entre los asistentes, muchos de los cuales respondieron con prolongados aplausos y gestos de profunda gratitud.
Presencia institucional y tejido asociativo
El acto reunió a representantes de la comunidad dominicana en Francia, miembros del cuerpo diplomático, líderes comunitarios y actores del ámbito cultural. Tuvo una participación destacada la Asociación Dominicana de Egresados de Francia (ADDEF), cuya presencia reafirma el papel de la diáspora formada y profesional como pilar del vínculo entre República Dominicana y Europa.
Asimismo, la celebración contó con el apoyo de la Representación Permanente de la República Dominicana ante la UNESCO, reforzando la dimensión cultural, patrimonial e identitaria del evento en un contexto internacional de alto prestigio.
Una emoción que venció a la lluvia
A la salida del templo, la lluvia continuaba cayendo sobre París, pero dentro quedaba la certeza de haber vivido un momento excepcional. La iglesia, colmada de fieles y emociones, se convirtió en un espacio de reencuentro, donde la espiritualidad dialogó con la cultura y la diplomacia con la memoria colectiva, seguido de un brindis típico dominicano.
La Virgen de la Altagracia volvió a demostrar que su luz no se apaga con la distancia ni con la lluvia: brilla con la misma intensidad bajo el sol del Caribe que bajo el cielo gris y elegante de París.lc